Capítulo 36: Gangneung.

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El silencio entre Jihyo y yo seguía pesando cuando un sonido lejano comenzó a invadir el aire. Primero fue un zumbido sordo, apenas perceptible, pero en cuestión de segundos se transformó en el estruendo de motores cortando el cielo.

Ambos levantamos la vista al mismo tiempo. A lo lejos, varias sombras atravesaban las nubes, surcando el amanecer con su vuelo firme. Aviones. No cualquier tipo de aviones, sino de índole militar.

—Jae... —susurró Jihyo, con los ojos muy abiertos.

El sonido era tan fuerte que hizo vibrar el suelo bajo nuestros pies. La puerta de la casa se abrió de golpe, y uno a uno, los demás comenzaron a salir, alertados por el ruido. Taeyong fue el primero en ubicarse a nuestro lado, su expresión endurecida mientras miraba al cielo.

—¿Qué demonios...? —murmuró.

Seungkwan salió tras él, entrecerrando los ojos por la luz del amanecer.

—¿Son... militares? —preguntó.

—No puede ser... —Nayeon se llevó una mano a la frente, observando la escena con el ceño fruncido—. No hemos visto algo así en meses.

Sana también había salido, su rostro pálido por el insomnio. Apenas reaccionó al ver los aviones surcando el cielo.

—¿A dónde demonios van? —preguntó, con la voz seca.

Los aviones pasaron sobre nosotros en formación, volando bajo, lo suficiente como para distinguir su estructura. Eran modelos de transporte militar, de los que solían utilizarse para evacuar tropas o llevar suministros a zonas de guerra. Pero en este mundo, su presencia solo significaba dos cosas: o aún quedaba algún tipo de gobierno operativo, o alguien más tenía el control de lo que quedaba del ejército.

Nos quedamos en silencio, observando cómo los aviones continuaban su rumbo hasta perderse en el horizonte. Una sensación extraña se instaló en mi pecho. No podía decir si era esperanza o una advertencia silenciosa de que algo más grande estaba por venir.

—Esto cambia las cosas —dije en voz baja.

Todos permanecimos ahí, en la entrada de la casa, sin saber qué hacer a continuación. Lo único claro era que, después de tanto tiempo sintiéndonos solos en el mundo, alguien más estaba moviéndose allá afuera. La pregunta era... ¿Sería para bien o para mal?

El estruendo de los motores seguía resonando en el aire cuando, de repente, algo comenzó a caer desde uno de los aviones. Al principio parecían solo pequeñas sombras flotando en el viento, pero cuando los primeros trozos de papel empezaron a aterrizar a nuestro alrededor, todos nos tensamos.

—¿Qué es eso? —preguntó Nayeon, extendiendo la mano para atrapar uno de los papeles al vuelo.

Los demás hicimos lo mismo, recogiendo los panfletos que ahora cubrían la calle como una nevada de tinta y papel. Mi corazón comenzó a latir con fuerza cuando mis ojos recorrieron el mensaje impreso en ellos.

"A TODOS LOS SOBREVIVIENTES:

Por razones de emergencia y seguridad, esta ciudad junto con Seúl será bombardeada en los próximos días.

Si aún hay alguien con vida, se les insta a evacuar inmediatamente.

Diríjanse al punto de extracción más cercano. No habrá segundas oportunidades."

Las letras eran grandes y claras, sin rodeos, sin más detalles. Un aviso, una sentencia.

—No puede ser... —murmuró Seungkwan, su rostro empalideciendo al leer.

I Will Never Leave You AloneHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora