La luz del sol comenzó a desvanecerse lentamente entre las montañas, tiñendo el cielo de un tono anaranjado que se colaba por las grandes ventanas de la mansión. El interior, antes bañado por la calidez natural del día, ahora comenzaba a vestirse con sombras. Nayeon se acercó a una repisa antigua, donde descansaba un quinqué cubierto de polvo. Lo tomó con cuidado, como si fuese un objeto frágil y valioso.
—Esto debería servir por ahora —dijo en voz baja, y con movimientos precisos, giró la perilla para permitir el paso del combustible, y luego encendió la mecha con un fósforo que guardaba en una pequeña caja metálica. La llama cobró vida con suavidad, iluminando su rostro y el entorno con un resplandor cálido.
El ambiente se volvió más acogedor de inmediato, como si ese pequeño fuego ahuyentara no solo la oscuridad, sino también los recuerdos lúgubres que cargábamos encima. Nayeon no se detuvo ahí. Caminó con paso tranquilo hasta otra repisa y repitió el proceso con un segundo quinqué. Cuando ambos estuvieron encendidos, la penumbra en el vestíbulo se deshizo un poco, revelando los detalles del piso pulido, los marcos dorados de los cuadros, y el tapiz bordado con diseños florales.
—No nos gustaba usar luces eléctricas aquí —comentó Nayeon, sin mirar a nadie en particular—. Siempre sentí que estas lámparas daban una sensación más... cálida.
Me quedé observando cómo la llama oscilaba con el aire que se colaba por alguna rendija.
—Por cierto —dijo Nayeon desde la entrada del pasillo principal, alzando la voz lo suficiente para que todos escucháramos—. Hay agua. El sistema de los tanques de reserva todavía funciona. Pueden bañarse si quieren. Hay duchas en ambos extremos del pasillo, y el cuarto de huéspedes del ala este tiene su propio baño.
Por un instante, todos nos quedamos en silencio. No fue hasta que Seungkwan soltó un exagerado suspiro de alivio que reaccionamos.
—¡Pensé que iba a oler a perro mojado hasta el final de mí vida! —exclamó con dramatismo, haciendo reír a Sana.
—Habla por ti —dijo Eunji, cruzándose de brazos con una media sonrisa—. Pero sí... suena bien. Un baño caliente no suena nada mal.
La mansión, como ya he dicho con anterioridad, era enorme. Cada uno de nosotros tenía asignada una habitación distinta, con camas grandes, armarios vacíos y cortinas gruesas que bloqueaban el frío. Me instalé en una que daba al jardín trasero. La ventana estaba cubierta de escarcha, pero aún dejaba ver los árboles desnudos por el invierno y un manto blanco que lo cubría todo.
Caminé por el pasillo hasta una de las duchas. El agua tardó un poco en salir, pero cuando lo hizo, tibia y constante, sentí que me arrancaba el peso del viaje, de la nieve, del combate, del miedo.
Al salir, con el cabello aún húmedo y una muda de ropa limpia (gracias a las pertenencias que el padre de Nayeon había dejado allí) pasé junto a la habitación donde Seungkwan cantaba a puerta cerrada. Sana, quien estaba en la habitación de al lado, salió a hablarle.
—¡Cállate ya! Vas a hacer que la mansión se derrumbe —expresó ella con burla, pero sin mala intención.
—¡Estoy en mi momento! —respondió él desde dentro, sin dejar de cantar.
No pude evitar reírme mientras seguía mi camino.
Cuando ya todos nos habíamos bañado, las duchas dejaron tras de sí un tenue vapor que aún flotaba por algunos pasillos, y el aroma a jabón y shampoo (esos que nunca pensé volver a sentir) se mezclaba con el calor que desprendían los quinqués que Nayeon había encendido.
Nos reunimos nuevamente en la enorme sala de estar. Los sillones eran suaves, no como aquel que teníamos Jihyo y yo en nuestro departamento. Sobre la mesa de centro, se encontraba una bandeja de porcelana con dulces que milagrosamente aún estaban en buen estado; esta fue puesta por Nayeon, ya que nos lo comentó. Jihyo los inspeccionó antes de tomar uno y asentir satisfecha.
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I Will Never Leave You Alone
FanfictionEstaba a punto de graduarme de la universidad junto con mis amigos, éramos inseparables. Todo estaba bien, hasta que aquellos monstruos aparecieron. No sabía que hacer, estaba realmente asustado, la ansiedad invadía mi mente. Pero... Todo va a estar...
