Primer semestre de la universidad. Recuerdo ese día como si pudiera extender la mano y tocarlo. El campus estaba lleno de vida. Era primavera, y los cerezos se teñían de un rosa brillante que caía como lluvia sobre los pasillos. Los estudiantes caminaban con sus mochilas, riendo, charlando, algunos corriendo porque ya llegaban tarde a clases.
Yo estaba sentado en las escaleras frente al edificio de Ciencias Sociales, con los apuntes en la mano y una bebida fría en la otra. No prestaba atención a nada, solo fingía repasar, cuando escuché la voz inconfundible de Jihyo detrás de mí.
—¡Jae! —me gritó, exagerando como siempre—. ¡Te estás escondiendo de mí otra vez!
No tuve tiempo de responder porque, en cuestión de segundos, ya estaba sentada a mi lado, con esa sonrisa brillante y con sus hojas de apuntes desordenadas.
—Dime que sí estudiaste, porque si no, me copio de ti igual —dijo entre risas.
—¿Y si no sé nada? —repliqué.
—Entonces los dos reprobamos —rio.
Fue entonces cuando apareció Nayeon. Siempre organizada, siempre puntual, con su cuaderno perfectamente cuidado en los brazos. Nos miró de reojo, pero sin demasiada intención de sumarse a la conversación.
—Deberían estar dentro del salón, no aquí afuera —dijo, con un tono más serio que molesto.
—Ya vamos... —contesté yo, antes de que Jihyo pudiera soltar alguna réplica que empeorara la tensión.
Unos minutos después llegó Seungkwan, corriendo y sudando.
—¡Espérenme! ¡No me dejen entrar solo, que siempre me miran raro cuando llego tarde!
—Eso es porque siempre haces ruido —le contestó Jihyo, pero aun así le sostuvo la puerta.
La clase fue un caos, como siempre. El profesor hablaba sobre teorías de comunicación, y mientras tanto, Jihyo me pasaba papelitos con dibujos ridículos, Seungkwan luchaba contra el sueño, y Nayeon intentaba ignorarnos a todos.
Al salir, nos encontramos con Sana en el pasillo, con su carpeta de Derecho bajo el brazo.
—¿Ya terminaron? —preguntó, arqueando una ceja.
—Sí, pero estoy segura de que reprobaremos juntos —respondió Jihyo antes que nadie.
—Habla por ti —replicó Nayeon.
Sana rodó los ojos y nos acompañó mientras bajábamos las escaleras. Un poco más allá, Mina se nos unió, cargando un estuche de pintura y con manchas de acuarela en las manos. Siempre parecía vivir en su propio mundo, y, sin embargo, bastaba su sonrisa tímida para llenarlo todo de calma.
Finalmente apareció Taeyong, con su laptop colgando del hombro, auriculares enredados en el cuello y cara de haber dormido dos horas como máximo.
—¿Van a la cafetería? Tengo hambre.
Y ahí estábamos todos juntos. Un grupo improbable, estudiantes de carreras distintas, pero unidos por algo que no sabíamos explicar. Ese día no hubo nada extraordinario: solo risas, bromas tontas, Nayeon intentando robarme mi comida, Seungkwan contando historias exageradas, Mina observando el mundo en silencio, Jihyo tomando notas hasta en la cafetería, Sana discutiendo de leyes que nadie entendía y Taeyong perdido en sus códigos.
No era nada especial. Pero era todo.
Si hubiera sabido lo que vendría después...
Si hubiera sabido que esos momentos eran únicos, los habría guardado con más fuerza.
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I Will Never Leave You Alone
FanfictionEstaba a punto de graduarme de la universidad junto con mis amigos, éramos inseparables. Todo estaba bien, hasta que aquellos monstruos aparecieron. No sabía que hacer, estaba realmente asustado, la ansiedad invadía mi mente. Pero... Todo va a estar...
