Después del enfrentamiento con los infectados cubiertos de plantas, nadie dijo una palabra durante horas. Caminamos. Solo eso. Nuestros pasos eran pesados, nuestras mentes aun procesando todo lo que habíamos vivido allá dentro. El olor a humo seguía impregnado en nuestra ropa, y la savia quemada de esos seres extraños todavía nos manchaba las botas.
Ya estaba empezando a anochecer cuando llegamos a un claro. Desde ahí, se podía ver a lo lejos el camino que nos llevaría a Hongcheon. No había edificios altos, solo una carretera larga que se perdía entre colinas verdes. Era la primera vez en días que veíamos un cielo tan abierto.
Taeyong revisaba el mapa que había tomado del puesto militar, diciendo lo siguiente:
—Si seguimos por esta vía, deberíamos llegar a las afueras de Hongcheon antes de que oscurezca más... si no encontramos más problemas.
Eunji, que había estado en silencio la mayor parte del camino, se detuvo y se giró hacia todos, diciendo:
—Deberíamos aprovechar esta calma para descansar un poco. Comer algo. Curarnos las heridas. No sabemos qué nos espera más adelante.
Nos acomodamos junto a unos árboles bajos, con buena visibilidad en todas direcciones. Mientras algunos comían en silencio, otros trataban de reforzar las botellas de alcohol que quedaban, y Nayeon me ayudaba a vendar una herida superficial en el brazo.
—¿Crees que en Hongcheon haya alguien con vida? —preguntó Seungkwan, rompiendo el silencio.
—No lo sé —respondió Taeyong—. Pero no vamos a rendirnos hasta saberlo.
El viento sopló suavemente, moviendo la hierba, y por un momento, todo pareció... tranquilo.
Avanzamos por la carretera que se adentraba entre las colinas. A cada paso, las señales de civilización comenzaban a desvanecerse. Las casas estaban destruidas, algunas medio comidas por la vegetación que parecía crecer con una rapidez antinatural. A lo lejos, los montes rodeaban la zona como murallas naturales, y el aire estaba cada vez más cargado de humedad.
—El camino está despejado... demasiado despejado —murmuró Eunji, escaneando con la mirada los flancos del camino.
—Eso no me gusta —añadió Sana, con una mano firme en su arma. Su expresión era dura, pero en sus ojos todavía brillaba una chispa de lo que alguna vez fue alegría.
A cada paso, el silencio del ambiente nos tensaba más. Solo se oían nuestros pasos y, ocasionalmente, el murmullo del viento entre los árboles. Nada de aves, ni insectos, ni el más mínimo signo de vida.
Fue entonces cuando Taeyong alzó una mano para que nos detuviéramos. Señaló adelante. A unos cien metros, el camino estaba parcialmente bloqueado por un camión volcado, cubierto de ramas y hojas. En la parte trasera aún colgaban cajas abiertas, con suministros esparcidos en el suelo.
—¿Crees que haya algo útil? —preguntó Jihyo.
—Podría ser una trampa —murmuró Nayeon, acercándose a mí—. O simplemente, mala suerte de otro grupo.
Nos acercamos con cuidado, con Eunji tomando la delantera. Rodeamos el camión por el costado, revisando el entorno. No había cuerpos, pero sí marcas de arrastre. Rastros secos de sangre que se alejaban del vehículo, desapareciendo entre la maleza.
—Aquí hay botellas de agua —anunció Eunji con sorpresa—. Y algunas latas. No están en mal estado.
—Esto... esto no lleva tanto tiempo aquí —añadió Taeyong, agachándose para revisar las marcas—. Estas huellas... son recientes. Muy recientes.
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I Will Never Leave You Alone
FanfictionEstaba a punto de graduarme de la universidad junto con mis amigos, éramos inseparables. Todo estaba bien, hasta que aquellos monstruos aparecieron. No sabía que hacer, estaba realmente asustado, la ansiedad invadía mi mente. Pero... Todo va a estar...
