Capítulo 47: Dulce recuerdo.

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El sol comenzaba a ocultarse tras las montañas cuando finalmente cruzamos el portón de hierro de la mansión. La caja con armas pesaba más en los brazos de Seungkwan que en los míos. Sana, quien llevaba la mochila llena de vendas, botiquines y otros suministros médicos, abrió la boca durante el camino de regreso. Y Taeyong... solo miraba al frente, pensativo.

La mansión se alzaba silenciosa, envuelta por el último resplandor anaranjado del día. A lo lejos, se alcanzaba a ver la silueta de Eunji apostada en el techo, como siempre, con su mirada vigilante. Pero cuando cruzamos la entrada principal, fue Jihyo la primera en vernos desde el umbral.

—¡Están de regreso! —exclamó mí mejor amiga, saliendo, corriendo a recibirnos.

Nayeon apareció detrás de ella, al igual que Eunji, que descendió con rapidez por la escalera lateral desde el techo.

—¿Cómo les fue? —preguntó Jihyo, escaneando con la mirada nuestras ropas manchadas—. ¿Encontraron algo útil?

Dejé caer la caja con cuidado sobre el suelo y la abrí para que vieran su contenido. Los ojos de Eunji se abrieron de par en par al ver el lanzacohetes apoyado entre los rifles.

—Eso... ¿Cómo lo consiguieron? —murmuró ella, llevándose una mano al rostro.

—Lo encontramos en un camión del ejército —añadió Seungkwan con cansancio, limpiándose el sudor de la frente.

—Pero eso no es lo importante —interrumpió Taeyong, alzando la voz levemente—. Vimos algo en el cielo, justo cuando veníamos para acá —continuó.

—¿Qué cosa? —preguntó Nayeon, dando un paso al frente.

Fue Sana quien respondió.

—Un helicóptero. Militar. Venía desde el horizonte... desde el mar —dijo en voz baja—. Y se dirigía directamente hacia el centro de Gangneung.

Un silencio se apoderó del entorno que nos rodeaba.

Jihyo fue la primera en reaccionar, preguntándole:

—¿Un helicóptero? ¿Estás segura?

—Todos lo vimos —dije, apoyando las manos en mis caderas, aun sintiendo el eco del zumbido en mis oídos—. Volaba bajo. Era grande, pesado. Pero no era como los helicópteros militares que hemos visto antes. El fuselaje era más alargado de lo normal, y tenía una insignia brillante a sus costados.

—¿De dónde demonios saldría algo así? —preguntó Eunji en voz baja, como si temiera que algo la escuchara.

—¿Y si se trata de una unidad de rescate? —aventuró Nayeon, aunque la duda se asomaba tras sus palabras—. ¿Y si...?

—¿Y si no lo es? —respondió Taeyong enseguida.

Nayeon bajó la mirada. Jihyo apretó los labios. Yo observé el cielo, ahora teñido de rojo por el atardecer.

—Vaya día... —dijo Taeyong al fin—. Debemos descansar.

Después de dejar la caja con armas en la sala de estar y guardar los rifles y municiones con extremo cuidado, nos reunimos alrededor de la chimenea de la misma sala, encendida apenas con leña húmeda recogida durante la tarde. El fuego chisporroteaba de forma irregular, lanzando sombras sobre nuestros rostros cansados.

Nayeon preparaba té para todos con las últimas hojas secas que quedaban, mientras Jihyo hojeaba su libreta de inventario, tachando y agregando insumos. Nadie hablaba. Hasta que Eunji, sentada junto a la ventana, rompió el silencio.

—Lo que dijeron del helicóptero... —empezó, mirando a través del cristal empañado—. No me cuadra.

Todos volvimos la mirada hacia ella. Incluso Taeyong, que hasta entonces había estado limpiando su cuchillo en silencio.

I Will Never Leave You AloneHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora