Capítulo 40: Mamá.

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Avanzábamos con paso firme por la carretera, envueltos en un silencio que no nacía del miedo, sino del desgaste. La entrada a Hongcheon no tenía un letrero de bienvenida. Solo un par de autos volcados, una parada de autobús destruida, y un camino cada vez más cubierto por plantas de tonos extrañamente intensos.

Nadie más dijo nada. Nos adentramos poco a poco en lo que parecía ser el límite de la ciudad. Las construcciones eran modestas, muchas de dos pisos, la mayoría dañadas, otras completamente tragadas por la vegetación. El aire olía a humedad, a madera podrida... y a algo más que no supimos nombrar.

Seungkwan pateó una lata oxidada sin querer y esta rodó un par de metros antes de detenerse.

—Esto me da mala espina... —dijo él.

—Todo da mala espina desde hace semanas —respondió Eunji sin voltear a verlo.

Exploramos con precaución, moviéndonos entre callejones y casas abandonadas. No conocíamos el diseño de la ciudad, no teníamos un mapa. Cada cruce era un riesgo. Cada esquina, una moneda lanzada al aire. En una zona más abierta, donde los edificios eran un poco más altos y había restos de lo que alguna vez fue una plaza, decidimos detenernos.

—¿Y ahora? —pregunté, bajando la escopeta un momento—. ¿Dónde pasamos la noche?

Jihyo señaló hacia un viejo edificio de cuatro pisos, algo más intacto que los demás.

—Ese parece sólido —comentó—. Y si hay alguna planta eléctrica o generador adentro, podríamos usarlo.

Nos acercamos con cautela. Las ventanas estaban rotas, pero el interior parecía despejado. Revisamos habitación por habitación, limpiando cada rincón como ya era costumbre. El grupo ya se movía como una unidad entrenada, sin necesidad de tantas palabras.

Subimos hasta el tercer piso. Desde una de las habitaciones, la vista nos ofrecía un panorama del centro de Hongcheon: calles vacías, tiendas derrumbadas, y un mar de hojas que parecía tragarse todo.

Taeyong se cruzó de brazos.

—Acamparemos aquí. Mañana buscaremos una salida más clara de la ciudad.

—¿Crees que haya otra base militar como en Chuncheon? —le preguntó Jihyo.

—No lo sé. Pero si la hay, podría darnos pistas... o problemas.

Solté un suspiro largo. Me senté cerca de la ventana mientras los demás comenzaban a organizar las mochilas.

El lugar estaba maltrecho, con ventanas rotas y puertas desvencijadas, pero al menos era amplio y no había señales recientes de infectados. Tras revisar piso por piso, nos dividimos en pequeños grupos y despejamos varias habitaciones. Las plantas habían comenzado a colarse por las grietas del concreto, pero aún era habitable.

La tarde comenzaba a caer cuando Taeyong, con su habitual tono firme, reunió a todos en una de las salas que habíamos despejado.

—Necesitamos más suministros —dijo, observándonos uno a uno—. Agua, comida, medicinas, herramientas. Lo que sea.

Miró en dirección a Seungkwan, que ya se veía nervioso sin que le dijeran nada.

—Tú y Jae salgan a buscar. Quiero que revisen los alrededores, principalmente las plantas bajas de los edificios cercanos. No se alejen demasiado —le dijo Taeyong.

Seungkwan tragó saliva y asintió. Después, le preguntó:

—Está bien... pero... ¿Podemos llevar un arma más?

—Llevas el subfusil —le recordó Eunji desde una esquina—. ¿No te basta?

Seungkwan soltó una risa incómoda.

I Will Never Leave You AloneHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora