Capítulo 30: Siguiendo órdenes.

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Un día nuevo comenzó. El sonido metálico de la puerta de la celda al abrirse resonó en la habitación. Todos estábamos en silencio, con la tensión palpable en el aire. El líder, con su sonrisa inquietante, entró acompañado de los dos guardias con los que habíamos tenido una confrontación el día anterior. Sus ojos recorrieron lentamente nuestras caras, como si disfrutara del miedo y la incertidumbre que emanábamos.

—Buenos días, turistas. Es hora de ganarse su estadía —dijo el líder de manera burlona, mientras se paseaba frente a nosotros—. Tienen suerte de estar vivos. Ahora, es momento de demostrar que son útiles.

Nadie dijo nada, pero podía sentir la rabia acumulándose en el grupo. Jackson apretaba los puños con fuerza, y Seungkwan lo miraba con la intención de calmarlo. Jihyo, cuya celda en la que se encontraba estaba al lado de la mía, me lanzó una mirada rápida, como si estuviera evaluando qué haría yo.

El líder continuó, ignorando nuestra resistencia silenciosa.

—Tenemos un pequeño problema en nuestro refugio. Algunos suministros esenciales se encuentran en un almacén a una media hora de la base. Lo que significa que ustedes irán a traerlos.

—¿Y si nos negamos? —preguntó Jackson, tratando de desafiarlo.

El líder lo miró directamente, deteniéndose frente a su celda. La sonrisa en su rostro se amplió, pero sus ojos permanecieron fríos.

—Eso no sería recomendable. Aquí, todos colaboran... o dejan de ser un problema —A continuación, dio un paso hacia adelante—. Así que te lo advierto, amigo mío: intenta algo estúpido y no volverás a ver la luz del día.

El silencio volvió a caer sobre nosotros. Nadie más se atrevió a hablar.

—Muy bien —continuó el líder—. Les daremos lo que necesitan para manejar cualquier inconveniente que encuentren por ahí. Pero no se confundan... mis hombres estarán observándolos todo el tiempo. No intenten huir. Ahora, turistas, ¡Muévanse!

Uno por uno, los guardias comenzaron a sacarnos de nuestras celdas. Cuando pasé junto al líder, me detuvo con una mano firme en mi hombro.

—Tú —dijo, susurrando cerca de mi oído—. Eres más listo que los demás. Lo puedo ver. Mejor asegúrate de que este grupito no haga nada imprudente, ¿Entendido?

Sentí una mezcla de rabia y frustración, pero asentí sin decir una palabra. Ahora no era el momento de discutir. Tenía que mantener la calma.

Nos llevaron al patio, donde nos entregaron algunas mochilas y herramientas básicas: linternas, cuerdas y algunos tubos de metal para defendernos. Nada más. No había armas de fuego y, además, todos sabíamos que nos estaban mandando como carne de cañón.

Mientras nos preparábamos para nuestra misión, Nayeon se acercó a mí y me dijo:

—Jae, ¿Qué vamos a hacer? Esto me da mala espina.

—Lo sé —musité, mirando de reojo a los guardias que nos vigilaban—. Pero no tenemos opción por ahora. Hay que salir, hacer lo que piden y esperar el momento adecuado.

Ella asintió, pero su rostro estaba tenso. Sabía que estaba preocupada, y yo también lo estaba. Todos lo estábamos. No solamente por lo que encontraríamos en el almacén, sino por lo que ocurriría después.

El camino hacia el almacén estaba desierto, pero la sensación de ser observados nunca nos abandonó. Jihyo miraba constantemente por encima de su hombro, mientras Mina y Sana caminaban juntas, intentando mantenerse serenas. Jackson, Taeyong, Eunji y Seungkwan se mantenían al frente, con los tubos listos. Jisoo, Nayeon y yo caminábamos sin prisa, pero, a su vez, sin pausa.

I Will Never Leave You AloneHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora