Capítulo 48: El encargo.

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Desperté tirado en el suelo con un dolor sordo en la cabeza y una sensación incómoda en las muñecas. El aire olía a metal, a plástico caliente y... a encierro. La primera imagen que vi fue una luz roja que bañaba el interior de lo que parecía ser el interior del helicóptero. No había ruido de hélices, ni de motores, ni de gente hablando. Solo ese zumbido bajo de la energía del vehículo y la respiración de alguien más, que no era la mía.

Giré la cabeza como pude. Nayeon estaba al lado mío, también atada de pies y manos. Sus ojos estaban abiertos, confusos, pero alerta. Me miró sin decir nada al principio, solo con esa expresión que decía más que cualquier palabra: "¿Qué mierda está pasando?".

—¿Estás bien? —susurré.

—Más o menos —respondió, susurrando—. ¿Dónde estamos?

—Dentro del helicóptero... no sé cuánto tiempo ha pasado —le comenté.

No hubo tiempo para más preguntas. Una de las puertas laterales se abrió con un quejido metálico que me hizo contener el aliento. La figura que entró se recortó contra la oscuridad del exterior. Era un hombre vestido con un uniforme completamente negro, con detalles rojos en los hombros y verdes en el pecho. No era el típico uniforme del ejército surcoreano. Era algo más... especializado. Más limpio, más intimidante. Y lo peor era que caminaba con una calma absoluta, como si ya supiera que tenía el control de todo.

Se detuvo frente a nosotros. No llevaba casco, pero sí una máscara negra que le cubría medio rostro. Sus ojos eran fríos, inalterables.

—No voy a hacerles daño —dijo con voz firme, modulada, como si estuviera leyendo un guion que se sabía de memoria—. Pero necesito que cooperen. Solo quiero respuestas.

Nayeon y yo nos miramos en silencio. No teníamos muchas opciones.

—¿Quiénes son? —preguntó, sin perder tiempo.

—Yoo Jae-hoon —dije algo asustado—. Ella es Im Nayeon.

Asintió apenas. Sacó una pequeña libreta de un bolsillo de su chaqueta y anotó algo. A continuación, nos siguió preguntando.

—¿Edad?

—Veinticuatro. Ambos —respondí sin hesitar.

—¿De dónde vienen?

—De Seúl —intervino Nayeon—. Bueno... éramos estudiantes allá antes de que todo se fuera al carajo.

El soldado no reaccionó al comentario. Solo pasó la página.

—¿Universidad?

—Eh... sí —respondí—. Universidad de Yonsei. Estudiábamos Ciencias de la Comunicación... Periodismo.

Ahí se detuvo un segundo. Como si el dato le interesara más de lo esperado.

—¿Y ahora? ¿A dónde se dirigen?

—Tenemos un refugio —dijo Nayeon. Me sorprendió la seguridad con la que lo dijo—. Afuera de la ciudad. Un lugar seguro. Con otras personas.

—¿Cuántas? —cuestionó apenas Nayeon terminó de hablar.

—Un grupo pequeño —respondí antes de que ella diera más detalles—. No somos muchos. Nos ayudamos entre todos para sobrevivir.

El soldado cerró su libreta. Se quedó en silencio. Luego se agachó un poco, mirándonos. Sus ojos me taladraron.

—Mira, Yoo Jae-hoon... Im Nayeon —dijo con un tono más personal, más directo—. Ustedes no están en peligro. No somos parte del ejército que ustedes conocen, o bueno... conocieron. Pero tampoco somos enemigos... si saben seguir instrucciones.

I Will Never Leave You AloneHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora