El sol aún no terminaba de elevarse del todo cuando la voz firme de Taeyong resonó en toda la mansión:
—¡Vamos, arriba! Hoy empezamos a organizarnos para el viaje. No hay tiempo que perder.
Fue como una chispa en un montón de pólvora dormida. De pronto, cada uno se activó. El aire matutino, normalmente apacible, se llenó de pasos, murmullos, maldiciones apenas audibles y el sonido de mochilas siendo arrastradas por el suelo de madera.
Desde el marco de la puerta del comedor, observé cómo todos se movían con determinación. Eunji estaba revisando su escopeta, sentada en una de las sillas, con expresión concentrada. Frente a ella, Jihyo anotaba cosas en su libreta de inventario, murmurando en voz baja mientras tachaba y sumaba. Seungkwan había convertido la sala principal en un campo de batalla personal contra mochilas rebosantes, enseres mal empacados y su propia torpeza.
—¿Esto cuenta como "equipo médico esencial"? —le preguntó a nadie en particular, levantando un paquete de gasas con el envoltorio ya medio roto.
—Cuenta como "no hagas eso otra vez" —le respondió Sana desde el sofá, sin mirarlo, mientras afilaba uno de sus cuchillos con movimientos lentos y metódicos. Su tono era burlón, pero tenía esa chispa de cariño rudo.
Yo tenía mi mochila a medio llenar. Revisé el estado de mi machete, lo limpié, y luego me aseguré de que las latas de comida estuvieran bien cerradas dentro del compartimiento inferior de la bolsa.
Nayeon apareció detrás de mí, con su cabello atado en una coleta alta y una expresión determinada que contrastaba con la suavidad de su voz.
—Guardé algunas botellas de agua en tu mochila. No protestes —dijo, alzando las cejas cuando intenté abrir la boca.
—Ni siquiera he dicho nada... —le dije.
—Pero ibas a hacerlo —me interrumpió con una sonrisa ladina.
—Gracias, supongo —no supe qué más decirle.
Ella se encogió de hombros como si no fuera gran cosa, pero noté cómo se quedaba unos segundos más a mi lado antes de alejarse con calma hacia la cocina.
Mientras tanto, Taeyong y Eunji se acercaron al mapa que habían colocado sobre la mesa de la sala. Se veían tan distintos, pero se entendían con solo un par de palabras. Él marcaba rutas, ella apuntaba tiempos estimados de marcha. Nadie les preguntó cómo lo sabían. Simplemente confiábamos.
—Tendremos que pasar por Samcheok antes de llegar a Busán. Y eso si el camino está despejado —murmuró Taeyong mientras trazaba la línea con un bolígrafo.
—Samcheok tiene túneles. Si hay bloqueos o infectados, ahí podría complicarse todo —comentó Eunji sin levantar la vista.
Yo escuchaba mientras guardaba mi linterna en el bolsillo lateral de mi mochila. Todo sonaba frío y calculador.
—¡Hey! ¿Alguien ha visto mi cantimplora? —gritó Seungkwan desde la escalera—. Juro que la dejé aquí anoche.
—La usaste para regar las plantas —le respondió Sana, divertida—. Te dije que era una mala idea.
El grupo, por un momento, soltó una risa ligera.
Me acerqué a la ventana, desde donde se podía ver el bosque que rodeaba la mansión.
—¿Y si no responden? —pregunté en voz baja, casi para mí mismo.
Pero antes de que pudiera profundizar en ese pensamiento, Taeyong alzó la voz una vez más:
—¡Quiero que para el mediodía todos estén listos! Ropa, víveres, armas, medicamentos —exclamó el susodicho.
Después de organizar la mayoría de mis cosas, me dirigí a un pequeño cuarto que habíamos convertido en una enfermería desde hacía semanas. La puerta estaba entreabierta, y vi a Jihyo de espaldas, revisando frascos de pastillas con esa concentración suya que parecía impermeable a todo lo que la rodeara. El cabello le caía sobre un costado del rostro y mordía ligeramente su labio inferior mientras leía una etiqueta con atención.
ESTÁS LEYENDO
I Will Never Leave You Alone
FanfictionEstaba a punto de graduarme de la universidad junto con mis amigos, éramos inseparables. Todo estaba bien, hasta que aquellos monstruos aparecieron. No sabía que hacer, estaba realmente asustado, la ansiedad invadía mi mente. Pero... Todo va a estar...
