Desde lo alto del callejón, la ciudad se extendía como una herida abierta: edificios colapsados, autobuses atravesados en intersecciones, columnas de humo elevándose a lo lejos, y una bruma gris suspendida en el aire, como si el polvo de todo lo que alguna vez fue, se negara a asentarse.
Nadie dijo nada por un momento. Solo escuchábamos nuestros pasos sobre el pavimento agrietado y el crujido de cristales bajo nuestras botas.
—¿Dónde estamos exactamente? —preguntó Eunji, ajustando su mochila mientras vigilaba los techos con la mirada.
Taeyong consultó el mapa que nos había entregado Yerin antes de bajar del helicóptero.
—Zona comercial central. Deberíamos estar a unas 19 cuadras —dijo—. Esta parte fue bombardeada hace meses.
—¿Buscamos refugio antes de continuar? —preguntó Seungkwan, mirando hacia un edificio de oficinas derrumbado con el letrero colgando por un solo lado.
—Sí —intervine—. Esta ciudad se ve mucho peor que cualquier otra en la que hayamos estado.
Busán parecía una zona de guerra. No un brote. Una guerra. Explosiones, colapsos estructurales, cenizas cubriendo vehículos militares como mantas de polvo.
Nos movimos en formación. Taeyong al frente, Eunji cubriendo la retaguardia, y los demás en medio. Cruzamos una avenida en silencio, con los ojos bien abiertos.
En una esquina encontramos una estación de autobuses hecha escombros. Algunos cadáveres estaban sentados todavía en los bancos, inmóviles, atados por los cinturones de seguridad, con vendas ya negras por la sangre seca. No eran infectados. Habían muerto esperando que alguien los salvara.
—No se ve actividad —murmuró Taeyong, mirando su alrededor—. Pero eso no significa que no haya infectados más adelante.
Sana se detuvo junto a un cartel caído que anunciaba descuentos del 70% en una tienda de ropa.
—¿Sabes qué es lo más jodido? —dijo, rompiendo el silencio—. Apuesto que el día en que todo colapsó, aquí todavía había gente pensando en comprar zapatos.
—¿Qué creen que pasó aquí exactamente? —pregunté, mirando hacia un edificio de apartamentos reducido a la mitad, como si lo hubieran partido con una cuchilla de gigante.
—El ejército, probablemente —respondió Taeyong—. O intentaron contener algo que se salió de control.
Avanzamos hasta una tienda de artículos deportivos. Las persianas metálicas estaban rotas, pero el interior ofrecía sombra y un lugar desde donde observar la calle. Entramos con cuidado. No había infectados. Solo polvo, ratas y estanterías derribadas.
Me quité la mochila y me senté en un rincón, junto a un maniquí sin cabeza vestido con uniforme de escalada. El sudor me caía por la frente. Sentía las piernas pesadas.
Nayeon se acercó, dejándome una botella de agua entre las manos.
—¿Cómo estás? —preguntó, su voz apenas un susurro.
—Aturdido —respondí con honestidad—. Como si todo esto fuera un mal sueño. Una ciudad que se tragó a sus habitantes.
En ese momento, Taeyong se levantó y habló con voz firme:
—Tenemos que dividirnos en dos grupos. Uno saldrá a explorar la zona, buscando señales de actividad militar o posibles supervivientes. El otro se quedará aquí asegurando este lugar como base temporal. No nos vamos a mover a ciegas por esta ciudad.
Eunji ya se estaba amarrando sus botas.
—Voy al grupo de exploración —dijo—. No quiero quedarme aquí sin saber qué hay allá afuera.
ESTÁS LEYENDO
I Will Never Leave You Alone
FanfictionEstaba a punto de graduarme de la universidad junto con mis amigos, éramos inseparables. Todo estaba bien, hasta que aquellos monstruos aparecieron. No sabía que hacer, estaba realmente asustado, la ansiedad invadía mi mente. Pero... Todo va a estar...
