Capítulo 17: Reencuentros y confesiones.

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Ni lentos ni perezosos, las dejamos pasar.

Cuando ellas ingresaron, cerré la puerta cautelosamente. No quería alertar a alguien de nuestra presencia.

—¡Me alegra de verte! —Sana se abalanzó hacia mí al verme.

—Digo lo mismo —mencioné, sintiendo rareza debido a que Sana me estaba abrazando, algo que nunca había hecho anteriormente.

—Vaya, Seungkwan, parece que sigues con vida —comentó Mina detrás de Sana.

—Eso creo. Hola, Mina —rio el susodicho para después saludarla.

—Hey... —Taeyong se acercó a nosotros mostrando una leve sonrisa—. ¿Dónde rayos estaban? —las quedó viendo, aliviado.

—Nos quedamos en la universidad —respondió Mina—. Estuvimos ahí por un buen rato hasta que el caos en las calles bajó —agregó.

—¿Quién está ahí? —quiso saber una Nayeon somnolienta saliendo de mi habitación.

—¿Nayeon? —Sana me soltó al instante tras escuchar su voz.

—¿Sana, Mina? —Nayeon quedó estática al verlas.

Sana se lanzó hacia la ya nombrada, ambas cayéndose en el acto.

—¡Sana! ¡¿Dónde demonios estabas?! —le cuestionó Nayeon aun tiradas en el suelo.

—Intentando escapar de los muertos, como en las películas que veíamos cuando estábamos en la secundaria —contestó Sana.

—¿Cómo es posible que la hayas soportado tantos años? Solamente habla de las series y películas de zombies que ha visto —Mina le preguntó a Nayeon, la cual solo rio.

—Cuando estábamos cursando la secundaria, vimos la película "El amanecer de los muertos", y desde ese momento ella quedó fascinada por tal género cinematográfico —explicó Nayeon a detalle.

—Ya veo... —asintió Taeyong—. Entonces, Sana —dirigió su mirada a la ya mencionada—. ¿Sabes cómo sobrevivir en este apocalipsis? —demandó una respuesta.

—Creo que si —contestó tras haberse levantado.

—Perfecto, ya tenemos una líder —anunció, aliviado.

—¿Líder? ¿De qué hablas? —Sana estaba bastante confundida.

—Olvídalo... —bufó Taeyong, dándose un leve golpe en su frente.

—¿Quieren comer algo? —les pregunté a Sana y Mina, las cuales aceptaron sin siquiera pensárselo dos veces.

Entré en la cocina, dirigiendo mi mirada al microondas, ya que dentro de ese electrodoméstico se encontraban unas sopas instantáneas, las cuales preparé sin mucho esfuerzo.

—Aquí están —expresé, dándoles aquellas sopas a las recién llegadas.

—Muchas gracias —agradecieron al unísono, segundos después, se sentaron en el comedor para degustar de la comida.

Tras haber cumplido mi labor, me dirigí al cuarto de Jihyo para ver si ella se encontraba bien.

Al estar enfrente de la puerta de su habitación, recordé lo sucedido días atrás, lo que ocurrió entre Jihyo y yo.

Solamente abrí la puerta discretamente para no asustarla, seguido de eso, me acerqué a ella, notando que estaba en un profundo sueño.

Me senté en la orilla de su cama, no sin antes haberla arropado con otra sabana, ya que hacía algo de frío en su habitación debido a que había dejado la ventana abierta, la cual cerré.

—¿Q-quién está ahí? —Jihyo habló con una voz ronca, asustándome cuando la escuché.

—Soy yo, tranquila —avisé, calmándola.

—Emm, ¿Pasa algo? —preguntó mientras se tallaba los ojos.

—Quería ver si estabas bien —contesté.

—Estoy bien, gracias por preocuparte —agradeció con una cálida sonrisa, la cual vi entre la oscuridad de la habitación.

—Bueno, será mejor que me vaya, tienes que descansar —argumenté, levantándome de su cama.

—¡Espera! —alzó un poco la voz.

—¿Eh? —volteé a verla.

—Puedes... —se quedó callada—. Q-quedarte conmigo... —pidió con un sollozo que para mí fue tierno.

—No lo sé... —bufé, a la par que decidía si quedarme o no—. Vale, me quedare un rato —acepté, Jihyo sonrió.

—Acuéstate —pidió, haciendo un pequeño espacio para que yo pudiese acostarme a su lado, cosa que hice.

—Bueno, ya duérmete —aconsejé.

—No —rio—. Quiero estar despierta la mayor parte de la noche —me quedó viendo fijamente.

—¿Por qué? —interrogué.

—Quiero estar contigo... —murmuró en mi oído—. Déjame abrazarte —cuando dijo eso, solamente me dejé abrazar—. Te amo, te amo demasiado —expresó mientras me abrazaba.

—Te está afectando el insomnio —informé, tratando de que Jihyo hablara de otra cosa, y no de sus sentimientos.

Las horas pasaron, y Jihyo no se dormía. En ese punto ya quería salir de su habitación, pero ella me seguía abrazando.

I Will Never Leave You AloneHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora