CAPITULO 25 LA CITA:

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Al llegar a casa, recibí una videollamada de mi hermana. Bajé del aveo, contestándole, confusa. Porque en España debería ser de madrugada.

— ¿Qué haces despierta a esta hora?—sonrió, metida entre las sabanas.

—Quiero ser la primera en saber todos los detalles de tu encuentro fogoso con Aless—reí.

—Pues te quedarás con las ganas, hermana. Porque no pasó absolutamente nada—dejó caer los hombros.

—No lo dirás en serio. ¿Nada de nada?—entré a casa, dejando el bolso en uno de los muebles, con mi teléfono frente a la cara. Encendí las luces.

—Estábamos trabajando, Ally. No de paseo por la suite, o en un encuentro fogoso como tú dices—

Después de nuestro casi beso en el baño, el trabajo continuó como si nada. Los modelos actuaron como si pasaran tiempo de vacaciones en el hotel. Aless y yo no mencionamos más el tema. Ahora, de vuelta en casa, debía arreglarme para salir a cenar los dos.

—Yo solo decía, boba. Es obvio que tú te mueres de ganas de tener a ese hombre encima—

— ¡Ally!—se mordió el labio.

—Quiero verte feliz, Dam. Y por las sonrisas que pones cuando te vas a encontrar con él, o hablas de él, me doy cuenta que te hace feliz. Jamás te vi así con Pablo—

—Puede que tengas, razón, pero nada sucedió entre nosotros. Y ahora, si me disculpas, tengo que organizarme para una cita, y tú tienes que irte a dormir—

—No tengo clases, ahora. Así que déjame desvelarme por esta vez, y te ayudo a escoger el atuendo para tu cita—

— ¿De verdad me ayudarás con eso?—sonrió.

—Claro que sí. Vamos a ponerte bien sexy—se frotó las manos.

Con su ayuda, busqué el vestido para ponerme. Uno negro, ceñido en todo el cuerpo, unas sandalias de tacón, negras, y mi maquillaje sobrio. Me recogí el cabello de forma elegante y casi una hora más tarde, cerca de la siete, estuve lista. Mi corazón acelerado por la expectación.

Respiré hondo, organizándome un crespo adelante, por fuera del recogido

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Respiré hondo, organizándome un crespo adelante, por fuera del recogido. Lo que diferenciaba esta salida de la de esta mañana, era el hecho de que estaríamos a solas. Eso me tenía de los nervios. Porque hablaríamos de porque no quise firmar el divorcio. ¿Cómo le iba a decir que no quise, porque no deseaba perder contacto con él, porque sentía cosas y porque con solo tenerlo frente a mí, mi cuerpo se volvía de gelatina?

—Ahora si me retiro, me agobia el sueño. Y tu cita debe estar por llegar—bostezó.

—Gracias por ayudarme, All. Te quiero mucho—sonrió.

—Yo te quiero más. Y espero que más tarde cuando hablemos, ya hayas tenido un buen revolcón, con ese galán italiano—

—Créeme. Yo tambien ruego que sea así. Aunque... tan pronto no. Démosle un tiempo a esto—me arrojó un beso y se desconectó.

MARIDO POR ENCARGOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora