DAMARIS EN MULTIMEDIA.
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— ¡Eres una...!—me arrojé sobre ella, tirando de su elegante peinado— ¡cómo te atreves!—
Entre Eugenia y mi padre me detuvieron.
—Damaris, cálmate—protestó el, mientras la bruja loca, gritaba.
— ¡Suéltame!—me sacudí, queriendo golpear tambien a mi otra supuesta hermana—suéltenme los dos—no me hicieron caso—Eugenia, suéltame o no respondo—conseguí zafarme.
Me aparté.
— ¡Cómo se atrevieron, brujas!—grité.
Ofelia me observaba, consternada y muy despeinada.
—Eres una maldita desvergonzada—le devolví la bofetada.
—Dam—papá me apartó de ellas.
—Contrólate, hermanita. O llamaremos a la policía por esto—
— ¿Sí? Pues de paso se las llevan a las dos conmigo por lo que le hicieron a papá—lo revisé a él— ¿estás bien?—tenía la nariz un poco inflamada.
—No pasa nada, mariposita. Estoy bien—
—Déjalo. Él se lo buscó—mi hermana se cruzó de brazos.
—Es tu padre. ¡Le debes respeto!—cuando quise lanzarme a ellas, papá volvió a retenerme del estómago.
— ¡¡Dam, ya basta!!—
—Tu tambien le debes respeto a nuestra madre. Y mira como la dejaste—trataba inútilmente de organizarse el cabello.
—No voy a darle mis respetos a una zorra como ella—se puso pálida—ella dejó de ser mi madre, desde el mismo momento en que se acostó con ese imbécil—
Cuando dejé de revolverme, papá me soltó.
—Largo de mi casa las dos. No tienen derecho a venir aquí, y mucho menos agrediendo a mi padre y a mí, nada más abro la puerta—
—Por mí no hubiéramos venido. Fue interés de mamá. Y sí. Nos vamos—Ofelia se enderezó, conservando su garbo a pesar de lo fea que se veía despeinada.
—No vamos a ir a ninguna parte—masculló—tu nos debes una explicación, señorita. Y de aquí no me voy, hasta que sueltes toda la sopa. ¡¿Queda claro?!—me pasó de largo con dirección a la sala.
Eugenia la siguió, dándome un empujón con el hombro, al pasar por mi lado. Miré a mi padre.
— ¿Les dijiste algo?—lo miré cruzada de brazos.
—Lo siento, mariposita—me miró avergonzado.
— ¿Qué les dijiste?—
—Hasta ahora, solo que estuviste en la casa y que tu viste sus cartas. No me dejó explicar más—suspirando, me encaminé donde mi halagadora visita me esperaba.
—Quiero toda la verdad—anunció entre dientes, cuando yo entré a la sala— ¿Cómo supiste lo de las cartas y que hiciste con ellas?—me senté lejos de ambas.
—Angélica me las entregó, después de leídas... las deseché a la basura—
—Eso no te pertenecía. No tenías derecho a verlas. Y mucho menos ir a Villa Atenea—la miré muy serena.
—Tengo tanto derecho como lo tenía Eugenia y como tambien lo tiene Ally. Las cosas se comparten. ¿No crees?—le puse una sonrisita sardónica.
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MARIDO POR ENCARGO
RomansaDamaris y su novio Pablo acaban de romper su noviazgo de tres años, y ella no puede estar más feliz al sentirse libre del baboso de su ex. Está dispuesta a tirarlo todo por la borda y comenzar de cero. Así que toma sus maletas y se va a vivir un tie...
