Lo primero que hice, cuando me dejó en el suelo, fue empezar a soltarle la camisa, botón por botón. Muy despacio, y sin dejar de mirarlo a los ojos. A esos ojos donde justo ahora refulgían el amor y el deseo al mismo tiempo. Me apartó los cabellos del rostro, acariciándome la mejilla. La saqué por sus hombros, tirándola al suelo, acariciándole los brazos y el pecho con las palmas de las manos. Exploré cada parte de su cuerpo, dándole un beso en los labios, que él respondió con suma ternura, sujetándome un segundo de las mejillas.
Al final descendí con mis labios por su mandíbula, rozando el principio de barba, pasando por el cuello hasta llegar al pecho, dándole un beso tras otro, sintiendo la piel caliente y el corazón latir desbocado. Mis manos rozaron su vientre, hasta llegar a la pretina del pantalón, y cuando pasaron por uno de los bolsillos, me detuve sintiendo ruido de papeles en él. Curiosa, metí la mano, sacando el paquetito plateado que escondía allí.
Negué con la cabeza, sonriendo, y enseñándoselo. Alzó los hombros.
—Sabías todo este tiempo que iba a pasar—
—Un hombre nunca pierde las esperanzas. Y yo las tenía todas puestas en ti—me dio un beso.
—Pues ahora llegó el momento—
Sin nada de pudor, le solté el pantalón de sastre negro, dejándolo caer al piso. Se removió las zapatillas y las medias, quedando casi desnudo, delante de mí. Ahora fue su turno. Me sacó la bata de baño, arrojándola tambien al suelo, tomándome las manos y besando mis nudillos, ascendiendo con sus labios por todo mis brazos, hasta besarme en los hombros y el cuello, dejándome apresada en él, y yo sin deseos de que me soltara. Lo rodeé con los brazos por el cuello, abriendo mis labios para él y dejando que me besara en la boca.
Me senté en la cama, retrocediendo en ella de espaldas y el siguiéndome, gateando, hasta que yo quedé bajo su cuerpo.
—Nos hemos contenido durante mucho tiempo—suspiré, sintiendo el envite de sus caderas en las mías.
Y la condenada ropa interior estorbaba en medio.
—Y ya no más—
—Esta noche no te voy a dejar dormir—reí en sus labios.
—Por mí, bien—
Antes de seguirme tocando, echó los cortinajes en la cama, dejándonos en una pequeña burbuja muy romántica, removiendo después su ropa interior. Y cuando volvió a mí, sus labios ascendieron por mis piernas, dejando un sendero de besos y caricias a su paso. Cruzando por las pantorrillas, siguiendo a los muslos, hasta llegar a... su nariz me hizo cosquillas encima de los pantis. Suspiré.
Lo quería allí, Dios mío.
Con suma lentitud, me quitó la ropa interior con los dientes, dejándome completamente desnuda y a su merced.
—Hazlo. Por favor hazlo—le susurré viéndolo volver a mí.
—Te voy a comer enterita—me miró con una sonrisa perversa en los labios.
Y antes de siquiera procesarlo todo, me arqueé en la cama, aferrando las sabanas y soltando un gritito, sintiéndolo besarme entre las piernas.
—Si... Cielo santo... si—sentí que moría y volvía a la vida.
Me retorcí en la cama.
—Aless...—lo invoqué como en una plegaria.
—Dime, amor mío—grité, no pudiendo contener más el deseo y esa sensación increíblemente deliciosa.
—No... no te detengas. Por favor—tiré de sus cabellos—ay, mi amor—
Sentí que ascendía y ascendía cada vez más, con la mente en blanco y solo pidiéndole más y más. Hasta que el orgasmo llegó. Fuerte como una explosión, que me hizo ver las estrellas, mientras yo me deshacía en sus brazos, dichosa. Y cuando pude recuperarme, el me contemplaba extasiado, acariciándome la mejilla con el pulgar, con una sonrisa en sus labios.
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MARIDO POR ENCARGO
Roman d'amourDamaris y su novio Pablo acaban de romper su noviazgo de tres años, y ella no puede estar más feliz al sentirse libre del baboso de su ex. Está dispuesta a tirarlo todo por la borda y comenzar de cero. Así que toma sus maletas y se va a vivir un tie...
