SE VINO EL GRAN DÍA.
QUE LO DISFRUTEN
Y NO SE ME DESMAYEN AL FINAL DEL CAP. LO QUE PASE EN EL, NO TERMINA HASTA EL SEGUNDO CAP
***
La fiesta terminó casi a las once, que el alcalde se retiró y que ya todos habían celebrado con bastante licor. Jorge y Mellys se separaron de Aless y de mí, primero, y después de que el dio las gracias por asistir a la inauguración, nos retiramos tambien, subiendo juntos en el ascensor. No decíamos nada del percance con Paula. Ni de su conversación con ella, ni el cómo después ella me manchó de vino mi vestido negro. Tendría que llevarlo temprano a la lavandería del hotel, antes de que quedara la mancha. Presionó nuestro piso y el aparato subió en silencio.
—Gracias—lo miré.
— ¿Por qué?—entrelacé las manos al frente, sujetando mi cartera.
—Primero por el trabajo de publicidad. Quedó maravilloso. Aunque ya te lo había dicho antes. Y segundo, por acompañarme en la ceremonia—le sonreí.
—Tú me invitaste. No me lo hubiera perdido por nada en el mundo—me devolvió la sonrisa.
Volvimos al silencio. Y al llegar al piso cuarenta, me dejó descender primero. Busqué las llaves en mi cartera, abriendo la puerta. Se apoyó en el marco.
— ¿Entonces?—volteé a verlo.
— ¿Qué?—
—Rehusaras ir conmigo a las Islas del Rosario—reí.
—Si hay mar de por medio, si—hizo una mueca.
— ¿Y salir a conocer por ahí, sin mar de por medio?—afirmé.
—A esa si me encantaría—sonrió radiante.
Y esa sola sonrisa hizo que me temblaran las piernas.
—Bien. Paso por ti a las diez. Vamos a visitar el Castillo San Felipe de Barajas—
—De acuerdo—se acercó, dándome un beso en la mejilla.
—Descansa, Alejandra—cerré los ojos conteniendo la respiración, con mi corazón comenzando su loca carrera.
"Pídeselo. Pídele que te haga suya". Me dijo una vocecita en la cabeza.
Y cuando pensaba hacerlo, ya se había ido. Cerré la puerta, recostándome en ella y respirando con dificultad.
Dios mío. Como deseaba a este hombre.
Al final me desembaracé del vestido, poniéndome la bata de baño, para arreglarme e irme a dormir. Puse mi vestido en un balde para llevarlo temprano en la mañana a lavar. Y cuando sacaba mi cepillo de dientes del neceser, la puerta sonó con dos golpes impacientes.
— ¿Sí?—dije sin abrir.
—Soy yo. Abre. Es urgente—
Aless.
Abrí la puerta y antes de que pudiera preguntarle qué pasaba, entró al cuarto, y cerró la puerta rápidamente, como si se escondiera de alguien, con la chaqueta del traje en el brazo.
— ¿Qué pasó?—puso un dedo en mis labios para que no dijera nada.
Pegó la oreja a la puerta, y aun así, yo sin hacerlo, escuché los gritos afuera.
— ¡Aless! Ábreme la puertaaaaaaaa—fruncí el ceño.
Paula.
— ¿Está borracha?—susurré.
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MARIDO POR ENCARGO
RomanceDamaris y su novio Pablo acaban de romper su noviazgo de tres años, y ella no puede estar más feliz al sentirse libre del baboso de su ex. Está dispuesta a tirarlo todo por la borda y comenzar de cero. Así que toma sus maletas y se va a vivir un tie...
