Atento como siempre, me ayudó a ponerle algo a las sabanas para no mancharlas y le importó poco, verme sangrar, solo queriendo que yo me sintiera cómoda. Y si de verdad tener relaciones me menguaban los cólicos, se lo agradecería mucho. Con total lentitud, me desnudó, deshaciéndose primero del suéter y la blusa, besándome los labios, las mejillas, hasta descender a mi cuello. Suspiré aferrándome de sus brazos, ya no sintiendo tanto frío, por sus caricias y porque le había aumentado los grados a la calefacción de la casa.
—Te voy a hacer mía, de pies a cabeza—me mordí el labio, sintiendo sus manos recorrer con dulzura cada parte de mi cuerpo, explorando, reconociendo y amando.
—Hazlo—me deshice yo de su camiseta, acariciándole el pecho desnudo donde empezaba a crecer el vello, dejando que me volviera a besar la boca.
Lo siguiente fue mi pantalón de pijama y mis calcetines, y acuclillado frente a mí, me llenó de besos el estómago, descendiendo hasta mi vientre, haciéndome cosquillas con la nariz, encima de la ropa interior. Jadeé, aferrándome de sus hombros, temiendo caerme cuando me temblaron las piernas. Me besó la cara interna de los muslos, y terminó deshaciéndose de mi ropa interior, dejándome desnuda pero sin quitarme el tampón. Volvió a levantarse, metiendo su mano entre mis piernas, masajeándome en círculos con tanta dulzura, que pensé que iba a desplomarme en el suelo por tantas sensaciones juntas. Gemí en sus labios, echándole los brazos al cuello, mientras él seguía sus caricias, llevándome casi al límite.
—Aless—susurré, arañándole la espalda, sintiendo que no iba a poder aguantar mucho, eché la cabeza hacia atrás en un grito mudo, por esa increíble sensación, yendo en aumento.
Terminó deteniéndose.
—Saquemos esto primero—volvió a inclinarse—quédate muy quieta—
Con mucho cuidado sacó el tampón y se lo llevó a botarlo, y cuando volvió, ya estaba completamente desnudo. Se me fue toda la vergüenza y lo miré con una sonrisa de lado. Si a él no le importaba en lo absoluto que yo manchara, a mí tampoco me iba a importar. Eso se podía limpiar después.
Recordé lo que una vez me dijo mi abuela, antes de morir. "La persona que te quiere, el verdadero amor de tu vida, te va a dar cosas que ni siquiera sabías que querías o necesitabas, y lo va a hacer sin que se lo pidas, solo por verte feliz" Y tenía razón. Hubo un malentendido entre los dos, y no hizo bien al esconderme el contacto de Nena, y que era su hija adoptiva. Pero me estaba dando más de lo que yo le estaba pidiendo. Me estaba dando lo que el otro nunca fue capaz. Y eso valía oro.
— ¿Te gusta lo que ves?—se cruzó de brazos.
—Tal vez. Lo cierto, Alessandro Castelli, es que de día espantas y de noche encantas—comenzó a reír, y se acercó a donde yo estaba.
—Esa era mi frase, ladrona—me dio un beso en los labios.
—Lo sé. Pero tú ya la habías usado mucho—subió a la cama.
—Bien. Esta vez tienes tú el mando—se recostó en la pared.
Gateé hasta el, y cuando extendió los brazos, me refugié en ellos. Recosté mi cabeza cerca de su cuello.
— ¿Sabes lo mucho que te quiero?—lo miré, aun recostada.
—No. Pero me imagino que es de la misma forma que yo te quiero a ti—me peinó los cabellos.
—Por ahí la van—me dio un besito, teniéndome de la barbilla—te quería pedir algo—ladeé la cabeza.
— ¿Qué es? Antes de que me termine enfriando—comenzó a reír.
—Alejandra, no seas tan inoportuna—reí con el—es en serio—sus dedos acariciaron mi espalda desnuda en patrones indefinibles.
Dudó.
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MARIDO POR ENCARGO
RomanceDamaris y su novio Pablo acaban de romper su noviazgo de tres años, y ella no puede estar más feliz al sentirse libre del baboso de su ex. Está dispuesta a tirarlo todo por la borda y comenzar de cero. Así que toma sus maletas y se va a vivir un tie...
