CAPITULO 20: QUE EMPIECE EL JUEGO

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Era el mediodía del domingo, cuando me levanté, con el silencio de la finca. No se escuchaba ni música de ninguna clase, o ruidos de los invitados. Parecía ser la única despierta. Aless incluso a mi lado, acostado boca abajo, roncaba con suavidad, luego de cuidarme cada segundo, pensando que algo me pasaría.

Y decía que no roncaba.

Me puse la bata de baño, bajando al primer piso, viendo desde las escaleras, los destrozos de la noche anterior. Platos y copas por todos lados, aleluyas, cornetas y sombreritos de la hora loca, en las mesas y los suelos. Incluso algunos de los invitados, tirados en un rincón, durmiendo la mona. Me serví un vaso de agua, saliendo al patio, queriendo un poco de luz solar y calorcito. El golpe ya no dolía tanto, y maravillosamente no tenía resaca.

Esta era la realidad. No había sido un sueño. De verdad estaba casada con Alessandro Castelli. Aunque fuera por engaño, aunque los invitados se creyeran toda la mentira, de verdad estaba casada. Era ahora Damaris Alejandra Vega, de Castelli. Suspiré.

—Mierda, Damaris. Esta vez si te superaste, sinceramente—me dije a mi misma.

Alguien me puso una mano en el hombro.

— ¿Todavía con la costumbre de hablar sola?—

Pablo.

—Hola—le sonreí—sí. Nunca cambiaré por nada ni nadie—afirmó—y tú con la costumbre de tolerar mejor el alcohol que todos—

—Siempre es lo mismo. Bebo, y por más que trato de dormir lo suficiente luego de acostarme de madrugada, no lo consigo. Alexia y yo nos fuimos a dormir a las seis de la mañana y heme aquí, despierto ya—

—Siempre tuviste esa habilidad, de tolerar el alcohol mejor que el resto—miramos juntos la mañana.

—Quería felicitarte—lo miré—por tu boda. La verdad, Damaris, que cuando apareciste en la fiesta, con tu novio, no creí mucho que lo fuera—

— ¿Ah no?—di un sorbo grande de agua, como si sintiera que lo iba a necesitar.

Aunque no era licor.

—Una vez estuve en una fiesta y me tocó ver, como una amiga de la cumpleañera, llegaba acompañada, diciendo que era su marido, y se habían conocido hace apenas veinte minutos. Pero lo tuyo no es así—miré para otro lado.

—No—carraspeé—lo mío con Aless es sincero, lo juro. El...—recordé todos estos días.

Cuando me salvó del lago, cuando me curó la rodilla, el incidente antes de meterme a bañar, mi caída en la madrugada, y después comer pastel. Los besos falsos, pero a la vez tan reales, que solo recordarlos, me subían la temperatura.

— ¿Aless es?—sacudí la cabeza volviendo en mí.

—Aless es especial. Un sol, atento, educado—

—Bastante trabajador—apuntó el, sin mala intención.

—Si—afirmó.

Y queriendo ser yo una perra por una vez...

—Tambien es fabuloso en la cama—

—Interesante... saberlo—afirmé—aunque no pedí saberlo—

—Un comentario solamente—sonreí con excesiva dulzura.

—Bien. Por eso te felicito. Me alegra que seas feliz. Sin rabias ni envidias. Porque yo tambien soy feliz con Alexia—

—Bien por ti—miramos para otro lado, incómodos los dos.

—Eso es todo. Veré si ella ya despertó—

MARIDO POR ENCARGODonde viven las historias. Descúbrelo ahora