El recorrido con dirección a la finca, que quedaba por el sector "Limonar" en Copacabana, fue en silencio a excepción de la radio, donde sonaba música clásica. Alessandro me miraba de vez en cuando a mis brazos cruzados y mi cara enfurruscada como niña de tres años que no le dieron lo que quería, y hasta noté que se sonreía divertido, como si el verme molesta por esto, le hiciera mucha gracia. Miré de forma estoica la carretera, sentada muy derecha y ya con dolor de espalda por la tensión que manejaba.
No quería hacer esto. Pero tampoco quería ir a esa fiesta sola y ser humillada. El solo hecho de pensar en que él se diera cuenta que estaba sin un novio, ocupada en el señor trabajo, la literatura y las novelas, hacía que me hirviera la sangre de rabia. Sobre todo por el hecho de verlo. Se suponía que cuando uno terminaba con un hombre, "si te he visto ni me acuerdo" y más si era un insoportable como Pablo. No encontrarme con él al año siguiente, en una fiesta organizada por tus amigas. Me chocaba. Pero me chocaba más, el planear un engaño con el hombre que tenía a mi lado.
¡Vamos! Si ni sabía cuál era su color favorito.
"Pues pregúntale, tonta" Me recriminó mi conciencia. Lo miré de soslayo, y cuando él me miró, yo desvié la mía otra vez.
No iba a preguntarle ni la hora.
—Bueno. Nos faltan casi veinte minutos para llegar a nuestro destino, y a este paso van a pensar más que eres mi enemiga que mi querida novia. ¿Algo que tenga que saber de ti?—respondí con un gruñido— ¿aparte de que pareces hermana de Chuky?—
—No soy hermana de ese muñeco y mucho menos soy una malhumorada si es lo que piensa. Simplemente no me cae usted bien. Y no me tutee—
—Le haría caso de mil amores, pero querida mía, según el engaño, somos novios y estamos muy enamorados. Sería raro no tutearla—crucé más los brazos.
—Debería tener de novia un feo cactus—comenzó a reír.
Apreté los labios cuando estuve a punto de reírme tambien. No solo del chiste sino de su risa.
—Creo que ya la tengo, aunque sea ficticia—lo miré boquiabierta y lo terminé golpeando en el brazo.
—Cínico—mascullé.
—En el fondo sabe que tengo razón—suspiró—simplemente dígame cosas de usted, que deba saber y no meter las patas—miré por la ventana— ¿Cuál es su nombre completo?—
—Damaris—no lo miré.
— ¿Damaris qué?—
Que preguntadera. Pero igual si quería que me ayudara en esto y quedar mejor parada que en mi sueño, tenía que hablarle.
—Damaris Alejandra Vega Guzmán—sonrió.
—Bonito nombre. ¿Algo que odie?—me acomodé mejor, pero ya no tan tensa.
—A usted—
—Eso ya lo sabía. Creo que no formulé bien la pregunta. Me refiero a la comida y otras cosas—suspiré.
—El sushi. Me da asco el pescado crudo y las algas—hice una mueca de repulsión.
— ¿A qué se dedica?—rodé los ojos.
—Soy diseñadora gráfica en una empresa publicitaria, tengo veinticinco años, me gusta la fotografía, el color vino, sé hablar inglés, me gusta viajar y la paella. ¿Algo más?—lo miré sarcástica.
—No. Solo que si sigue así, le cobraré más a su amiga y por ende a usted—dejé de mirarlo.
Cada vez estaba odiando más esto.
ESTÁS LEYENDO
MARIDO POR ENCARGO
RomanceDamaris y su novio Pablo acaban de romper su noviazgo de tres años, y ella no puede estar más feliz al sentirse libre del baboso de su ex. Está dispuesta a tirarlo todo por la borda y comenzar de cero. Así que toma sus maletas y se va a vivir un tie...
