CAPITULO 27 EFECTO:

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Su risa resonó de forma estridente en la sala de juntas, atrayendo todas las miradas. La de Aless incluida, que seguía al teléfono. Tuvo que sujetarse de la mesa para no caer.

—No... no lo... dirás en serio—rió mas, casi hasta ponerse roja—sinceramente, ¿es que ya no sabes que inventar?—alcé las cejas.

—Ah. ¿Crees que es una broma?—rió de forma más decente.

—Es lo lógico. Por favor, ¿tu? ¿Una demente pelirroja, ser su esposa? Aless odia a las pelirrojas. Y sé que me sigue prefiriendo a mí—se jactó.

— ¿Quién ha dicho que odio a las pelirrojas?—ella soltó un gritito, dando un brinco—te pido por favor, que no inventes cosas sobre mí. Prefiero mil veces a las pelirrojas que a las rubias. Sobre todo, si estas últimas van a ser idénticas a ti—

—Yo... yo solo estaba diciendo... y aclarando las mentiras de tu tonta publicista. Ha dicho que es tu esposa, y eso es mentira, además de absurdo—

El miró de ella a mí, y al final sonrió casi de forma imperceptible, cruzándose de brazos.

—No veo porque es absurdo. Mi esposa está diciendo la verdad. Estamos casados desde hace un tiempo—le mostró tambien su argolla.

— ¿Qué? No... no... o sea que... que no es una broma—el negó, y luego de ella darme una escaneada, hizo una mueca—pues que mal gusto—suspiré poniéndome de pie.

Ya como que empezaba a hartarme su presencia aquí.

—Es agradable por fin aclarar las cosas entre nosotros, pero hay trabajo que hacer. Esta tonta publicista—me señalé con sarcasmo—no va a perder más el tiempo con una ex, ardida—tomé la computadora, viendo que tenía toda la carga y desconectándolo, caminando a la salida—empezamos, equipo—tomaron sus cosas para seguirme.

Nos faltaba grabar la recepción y otras zonas del hotel, antes de empezar a anexar los vídeos y fotos, que la otra parte del equipo, hacía de la ciudad de Cartagena.

—Ya viste como va todo, Paula—le dijo el—ahora puedes informarle al señor Oswaldo—me siguió, mientras ella se quedaba patidifusa.

No lo miré, pero si lo sentí caminando a mi lado con dirección a los ascensores, para bajar a la recepción.

— ¿Cuándo se lo diremos?—me dejó entrar primero.

— ¿El qué?—solté una risita.

—Del todo, del todo, no nos estamos comportando como un matrimonio. Es más falso que verdadero. Y a ella casi le da un ataque al corazón—

—No fui yo el que le dio la noticia—las puertas se cerraron.

— ¿Qué esperabas? Me tenía cansada de señalar mis fallas y de que no podía mirarte a ti. Situaciones desesperadas, requieren medidas desesperadas—ahora el que rió fue el.

—Y dijiste lo primero que se te ocurrió para que te dejara en paz. ¿Por qué no me sorprende de ti?—sonreí sin mirarlo—por mí, no le digamos nunca—mis ojos se encontraron con los suyos, mientras bajábamos los cinco pisos—déjame ser sincero, porque esto me salva a mí, de que ella me persiga—estallé en carcajadas.

—Cobarde—

—Para que luego no digas, que has sido la única que salió con alguien toxico—

—Está bien—salí primero—no le digamos. Pero si dejas que siga viniendo a fastidiar mi trabajo y a decirme como debo hacerlo, renuncio a ayudarte en el proyecto—

—Lo prometo. No dejaré que venga. Excepto a la última reunión, antes de la inauguración del nuevo hotel. Ella y su padre... siguen siendo socios—

MARIDO POR ENCARGOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora