CAPITULO 45 ME QUIERO DIVORCIAR:

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Ally soltó un gritito, cubriéndose la boca, papá nos miró boquiabierto, y Mellysa tenía una mano en su mejilla, con los ojos muy abiertos.

—No... vuelvas... a llamarte mi mejor amiga—

Mis ojos se recargaron de lágrimas y volvieron a salir todas en tropel.

—Dam...—susurró.

—Cómo pudiste, Mellysa—me miró angustiada—éramos amigas. ¿Cómo pudiste hacerme esto?—

—Dam...—repitió.

—Sí. Ya me enteré. Y no gracias a ti. Sé quién es. Y Paula me ayudó a descubrirlo. Que cierto es cuando dicen que los enemigos van de frente, mientras los propios amigos te dan la puñalada por atrás—sus ojos se llenaron de lágrimas—sí. Ya sé que Aless tiene esposa y una hija. ¡Lo sé todo, maldita sea!—negó—y no trates de explicarme nada. Eres igualita a el—

—Dam... si no te lo dije fue porque...—afirmé.

—Porque era promesa de hermana, ¿no? Tranquila. Sigue siendo su hermana y olvídate de mí como amiga. No quiero ser tu amiga. Porque las amigas no te hacen eso. Las amigas no se quedan calladas cuando vas a meter las patas, ni te esconden secretos. Las amigas siempre están ahí cuando las necesitas. Y si hubieras sido tan buena amiga como yo pensaba, me habrías dicho porque no debía meterme con Alessandro. Pero siempre me diste solo migajas. Siempre preferiste salir corriendo que contarme lo que pasaba. Porque igual a él, sabías lo que pasaría si yo me enteraba—la señalé.

—Damaris, cálmate. Podemos hablar esto como dos personas civilizadas—me alejé de ella.

—No quiero hablar ni con él, ni contigo. Tú eres la menos indicada para aconsejarme y darme explicaciones, cuando lo único que hiciste todo este tiempo, fue taparle el engaño—me miró con tristeza—y ya no más. Así que has el favor de largarte, antes de que me enfurezca más de lo que ya estoy—

—No todo es como piensas. Sí. Esa nena es la hija de Aless, pero...—negué teniéndome la cabeza.

— ¡No quiero saberlo! No quiero saber nada de esa niña. No quiero saber nada de él. Estoy harta—

—Si tan solo supieras...—

Solté un grito, y tanto ella como mi hermana dieron un brinco del susto. Mi padre se hizo cargo de la situación, acercándose a Mellysa.

—Lo mejor es que te vayas—le puso la mano en el hombro—ella necesita tranquilizarse. Y cuando las cosas estén mejor, podrán hablar con calma—

Me miró con lágrimas en los ojos, mientras Ally me atraía a sus brazos, con mi cabeza en su pecho, acariciándome los cabellos, mientras yo lloraba a moco tendido. Al final solo afirmó una vez y se encaminó a la salida.

—Avísame cuando quieras hablarlo. Estaré dispuesta a contártelo todo, si no quieres ver a Aless. Pero solo para que lo sepas. Él no te engañó—cerró la puerta tras ella.

Sorbí por la nariz, enderezándome y arreglándome el cabello.

—Lo siento porque me vieran en esta situación—papá me pasó su pañuelo—no era así como quería que fuese nuestro reencuentro—miré a mi hermana.

—No pasa nada, boba. Es más importante lo que te pasa a ti—mi padre y ella intercambiaron una mirada—por... porque no nos vamos tú y yo al segundo piso, mientras papá nos prepara un té caliente—afirmé a regañadientes.

Y mientras él se encaminaba a la cocina, Ally me rodeó con un brazo, para ir al segundo piso. Y contarle toda la verdad.

Buscó en el baño, unos pañuelos desechables, y después de que cerró tambien las cortinas del cuarto, me los entregó, sentándose a mi lado y dejando que me recostara en ella. Me acarició los cabellos.

MARIDO POR ENCARGOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora