No supe cuánto tiempo transcurrió desde que me encerré en el cuarto, no queriendo hablar con nadie. Ni siquiera con mis amigas. Miré el mar, recostada en el muro de la terraza, intentando descifrar, porque, de todas las personas a las que esa mujer podía hacerle daño, lo hizo con su propia familia, engañándonos así. Y peor todavía. Poniendo a Eugenia a que fuera parte del complot. Papá era un buen hombre. Algo ocupado con su trabajo, pero era honesto, dulce, correcto. ¿Por qué le hacía esto a él? Me sequé una lágrima con rabia, odiándola más de lo que lo hacía antes. Sintiendo repulsión, incluso de verla a la cara.
Evalué además la conversación con mi padre, el día que me citó para comentarme de esta casa. Él ya sabía sobre todo lo ocurrido. Y aun así, mintió anunciando desconocer todo, quizás no sabiendo cómo decírmelo.
—Ay papá—susurré—sinceramente te entiendo, viejo—
Me imaginé cuál sería su desilusión, creyendo que después de esa pelea el año anterior, Ofelia se había olvidado del absurdo de tener un amante. Y después Angélica llamar, el recibir la llamada y saber de la correspondencia que continuaban manteniendo los dos.
Sinceramente y aunque me diera rabia admitirlo, la muy maldita tenía ovarios para seguir con esta farsa.
Escuché la puerta del cuarto abrirse, alguien entrar, y volverse a cerrar. No volteé a ver.
—Nat y yo nos preocupamos porque llevas más de una hora aquí encerrada, sin decir nada. ¿Cómo te sientes?—Mellys se acercó hasta mí, recostándose tambien en el muro.
—No sé qué sentir más, Mell. Si rabia con esa mujer, o tristeza por mi padre. Todos estos años y no nos dimos cuenta. Y peor todavía. Papá se enteró el año pasado y calló, aguantando toda esa humillación y dolor en silencio—
—Es un milagro que no se haya suicidado—medité lo que acababa de decir, y al final no pude estar más de acuerdo con ella.
—Sí. Sí. No entiendo cómo ni tuvo los deseos de hacerlo. Creo que hasta yo lo hubiese hecho—me pasé las manos por el cabello, apartándome unos rizos de la frente.
—Vinimos hasta aquí para esto—negó—lo siento, flaca—la miré.
—No lo sientas. Antes, a pesar de la rabia y el dolor, me alegra haber venido. Porque no pienso dejar las cosas así. Por mi padre... voy a buscar una solución a esto y una venganza. Papá merece que vengue lo que ellos le hicieron—
— ¿Qué harás?—alcé mis hombros.
—No lo sé. Por ahora... guardar el secreto. Que las dos no sospechen que yo lo sé todo—la miré—aunque ganas de ir a buscar ese granuja no me faltan. Me muero por darle su merecido—
—Te delatarás—me crucé de brazos.
—Dije que ganas no me faltan, pero no que lo vaya a hacer. Primero tengo que darle el merecido a Ofelia—estuvo de acuerdo conmigo— ¿Dónde anda Nat?—
—Curiosa e investigadora como toda abogada. Está viendo las cartas y analizándolas al pie de la letra—
— ¿Y eso servirá de algo?—
—Lo sabremos dentro de...—la puerta se abrió de golpe, y Natalie entró, como si hubiese encontrado la octava maravilla del mundo—poco. Lo sabremos creo que ya—
—Chicas, no van a creerme lo que acabo de encontrar en las cartas—suspiré.
—No quiero saber las cochinadas que él le haya escrito... o ella a el—negó.
—Las dos primeras son un asco. Muy cursis. Pero esta última...—la levantó en mano, con unos guantes puestos por precaución—el tipo está muerto—fruncí el ceño, acercándome a ella, y leyéndola en su mano, sin tocar el papel. Mellys se apoyó en mi hombro para verla.
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MARIDO POR ENCARGO
RomansaDamaris y su novio Pablo acaban de romper su noviazgo de tres años, y ella no puede estar más feliz al sentirse libre del baboso de su ex. Está dispuesta a tirarlo todo por la borda y comenzar de cero. Así que toma sus maletas y se va a vivir un tie...
