¡Mierda!
¿Qué hacía debajo de la mesa?
— ¿Qué estás haciendo?—le susurré.
—Cobrando mi venganza—entonces lo entendí todo.
—Ni se te ocurra—sonrió perverso.
— ¿Disculpe?—preguntó el señor Juan.
Me enderecé no sin antes dirigirle una última mirada, y le mostré el lapicero a mi cliente.
—Se me había caído. ¿Proseguimos?—afirmaron aunque no muy convencidos.
—Añadiendo lo que antes no estaba—empezó la mujer—lo que acabamos de decir, ¿Cuánto más tardaría la publicidad?—
—Pueden estar seguros de que...—la mano de Aless volvió a ascender por mi rodilla—que...—carraspeé—estará lista para la temporada alta que se acerca ya. Creo que en dos...—me acarició encima de mi ropa interior.
Hijo de su madre.
—Dos semanas. En dos semanas el trabajo estará listo—
—Perfecto—apreté el lapicero en mano, conteniendo un gemido, cuando el metió la mano entre mis piernas.
No iba a buscar ponerme a cien en plena reunión. ¿O sí?
—Entonces terminamos por hoy—anunció el señor Juan Carlos.
Moví la cabeza en un asentimiento.
—Me parece bien. Ya nos volveremos a reunir dentro de dos semanas que esté listo todo. ¿Verdad?—
—Así es—apreté los dientes en mi sonrisa tensa, mientras los despedía, aun sentada, luchando porque ellos no vieran quien había debajo de la mesa—un placer hacer negocios con usted, señorita Vega—
—El placer es mío—
Y que placer estaba sintiendo debajo de la mesa.
Rogué a los cielos porque se retiraran, y cuando salieron de la sala de juntas sin mirar atrás, cerrando la puerta, no pude contener un fuerte gemido, por lo que Aless me hacía. Apoyé el codo en la mesa y la cara en la mano.
— ¿Se puede saber que estabas haciendo?—me asomé a verlo.
—Cobrando mi venganza, ya te lo dije—negué.
—Por poco y se dan cuenta—mascullé.
— ¿Por poco?—rió.
— ¡¿Se dieron cuenta?!—
—Me vieron entrar cuando dabas la espalda y escondieron el secreto—me cubrí el rostro.
—Eres un hijo de...—corrí la silla hacia atrás—casi me dañas el trabajo, joder—aun de rodillas frente a mí, me observó como un niño bueno.
— ¿Puedo seguir con mi festín de bienvenida?—subió un poco el vestido, besándome los muslos.
— ¿Tú que?—lo miré descolocada.
—Mi festín de bienvenida—negué muy seria, pero al final no pude contener una sonrisa.
Que hombre tan oportuno. Casi me daña el trabajo, pero sí que me moría de ganas por hacerlo en la sala de juntas, con la adrenalina de ser pillados, en medio.
—Idiota—me reí.
—Eso es un sí—me incliné en la silla, sujetándolo de las mejillas.
— ¿Y si nos pillan?—acepté su beso.
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MARIDO POR ENCARGO
RomanceDamaris y su novio Pablo acaban de romper su noviazgo de tres años, y ella no puede estar más feliz al sentirse libre del baboso de su ex. Está dispuesta a tirarlo todo por la borda y comenzar de cero. Así que toma sus maletas y se va a vivir un tie...
