Damaris y su novio Pablo acaban de romper su noviazgo de tres años, y ella no puede estar más feliz al sentirse libre del baboso de su ex. Está dispuesta a tirarlo todo por la borda y comenzar de cero. Así que toma sus maletas y se va a vivir un tie...
Aparqué el aveo frente a la gran casa, en el barrio las brujas, por el municipio de Envigado. Mis padres vivían en la unidad cerrada o condominio "El Yerbal", en una de las mejores zonas de Medellín. Una casa grande y elegante como un palacio o mansión, de dos pisos, llena de habitaciones. Anteriormente, yo ocupaba una de ellas, eso hasta que mamá se molestó conmigo porque no seguí sus órdenes, y preferí marcharme de la casa, antes de someterme.
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Y hoy estaba de nuevo en ella, mientras mi hermana Eugenia y la señora Ofelia laboraban en el hospital. Papá tenía su descanso y me había invitado para verme, y porque deseaba hablar conmigo. La última vez que nos vimos había sido el año anterior para navidad, cuando el, yendo en contra de lo que quería su esposa, su otra hija, y sus suegros y cuñados, vino a mi apartamento con mi hermana Ally, a pasar las navidades. No fue mucho. Preparé una cena sencilla, su favorita, nos dimos los regalos y el resto de la noche compartimos en el patio viendo la noche y tomando cerveza. Ya era principios de junio. Casi seis meses después.
Al tocar la puerta, me abrió una de las señoras de limpieza de mamá. Carmenza. Me conocía desde que era bebé. Sonrió radiante soltando su trapera y abrazándome contra ella. Se lo correspondí.
— ¡Niña Damaris! Qué alegría verla de nuevo por aquí—
—Hola Carmencita. Vine a ver a papá, aprovechando que las dos cacatúas no están en casa—me hizo pasar— ¿Qué tal todo por aquí? ¿All está?—afirmó, volviendo a tomar la trapera en mano, siguiéndome por el recibidor, mientras yo miraba al segundo piso.
—Sí, señorita Damaris. Su hermana se encuentra en el cuarto. Castigada, según dijo la señora Ofelia. Aunque ya usted sabe que dejarla encerrada no es castigo cuando ama estar en soledad, leyendo novelas—sonreí.
Si la bruja quería que mi hermana sintiera dolor por el castigo que le pusiera, tendría que ponerle uno, donde interactuara más con el mundo que la rodeaba.
—Para el ratoncito de biblioteca el castigo de no salir de casa, es antes un premio. ¿Papá tambien está? Dijo que quería verme—siguió limpiando los suelos.
—Sí, señorita. Está en su oficina, revisando unos trabajos—comencé a subir en su búsqueda.
Primero hablaría con él, y luego vería que tal estaba Ally. Si no es que Ofelia y Eugenia tenían turno corto y llegaban antes.
—Iré a verlo entonces, Carmenza—
— ¿Quiere que le prepare algo, señorita?—me detuve de subir.
—Algo de tomar estaría súper—
— ¿Un vaso de chocolatada, frío?—sonreí.
—Y con crema batida encima—me devolvió la sonrisa, recordando que esa era mi bebida preferida cuando llegaba después del colegio, luego de mucho jugar con mis amigas.
—Claro que sí. ¿Algo de comer? Hay panetón recién hecho—mi estómago gruñó un poco.
—No estaría mal, Carmencita—una voz grave respondió del segundo piso, cuando ella se iba a retirar.