Me cubrí la boca, conteniendo un grito.
¡Dios mío! ¿El padre de Aless, había abusado de su propia hija?
—Por eso no hablo de él. No merece nada mío. Ni siquiera que lo llame papá. Me di cuenta de lo que pasaba, porque yo siendo el mayor de los dos, la veía casi todos los días muy callada y triste. Y cuando ese hombre no estaba trabajando, mi hermana lo rehuía y le daba el terror más grande, quedarse sola con el—
Y era de entender. Maldito animal.
—Mi madre nunca nos creyó. Para ella valían más las palabras de ese gusano, que las mías o las de Emily. Un día llegué del colegio, y el...—apretó los dientes—la tenía desnuda en la sala y estaba abusando de ella. Mi madre estaba en el supermercado—
—Mi Dios—susurré.
—Yo tenía dieciséis. Pero le di la paliza de su vida, y lo denuncié. Hicieron las investigaciones pertinentes y vieron que era cierto. Desde entonces está en prisión—
— ¿Cómo salió adelante tu hermana luego de eso?—
Lo que sentía ahora por él, no era rabia sino compasión.
—Yo le ayudé un poco, pero ella hizo todo el trabajo. Era una guerrera. Y en el motocross encontró su refugio para olvidar todo lo vivido—
—Lo siento por ella. Siento que al final las cosas terminaran así—negó.
—No lo sientas. Fue hace siete años—se secó los ojos, mirando a la nada.
—Entonces...—empecé, y tomé aire—no me contarás el otro secreto—negó.
—No hasta que volvamos a Medellín. No porque no quiera contártelo, sino porque es necesario que lo veas tú misma—
—Bien. Entonces es todo. Supongo. Se acabaron los cinco minutos—me miró—y te creo—negó.
—Yo no necesito que me creas o no me creas. Solo quiero que me perdones—me tomó las manos—te lastimé, y esto no habría pasado, si te contara las cosas. Si desde el comienzo te hubiese dicho la verdad—me hizo verlo a los ojos—dime que me perdonas, Alejandra. Por favor—se me escapó una lagrima, y el la secó con el pulgar.
Entonces no me había sido infiel. Solo fue un condenado malentendido. Sarita era hija de Emily, y al ella morir, Aless la adoptó como propia, para cuidarla. El alivio inundó mi cuerpo.
—Sí—susurré, y me tembló la voz, cuando no pude contener más el llanto—si te perdono—
Comencé a llorar, cuando me estrechó entre sus brazos. Por lo mucho que lo había extrañado. Porque al fin las cosas se aclararan. Lo abracé con fuerza, sintiéndome a salvo y que estaba en mi hogar, con solo aspirar su colonia y escuchar los latidos de su corazón. Al final me tomó de las mejillas, secándome las lágrimas a besos y apoderándose después de mi boca. Le eché los brazos al cuello, sin deseos de escapar de él. Y cuando su lengua entró en contacto con la mía, haciendo que el beso aumentara de temperatura e intensidad, gemí, metiendo mis dedos entre sus cabellos.
Fui yo la que cortó el beso, minutos después.
—No—susurré—es mejor que dejemos las cosas así. Hasta que no terminemos de aclararlo todo en Medellín—me dio otro beso—Aless...—protesté.
—De acuerdo. Será a tu manera—me apartó los cabellos del rostro— ¿nos vemos mañana?—sonreí a regañadientes.
—Bien—
Lo acompañé hasta la puerta y cuando la abrió, vimos el aguacero torrencial que estaba cayendo.
—Buenoooo...—dije y nos miramos—hay una habitación disponible, por si quieres quedarte. Cuando aquí llueve, va para largo todo—
ESTÁS LEYENDO
MARIDO POR ENCARGO
RomansaDamaris y su novio Pablo acaban de romper su noviazgo de tres años, y ella no puede estar más feliz al sentirse libre del baboso de su ex. Está dispuesta a tirarlo todo por la borda y comenzar de cero. Así que toma sus maletas y se va a vivir un tie...
