27 - El equipamiento de un nuevo Pilar

348 38 9
                                        

—¡FUMIKO-SAMA! ¡CRAW! ¡FUMIKO-SAMA!—. Ruidosamente, el cuervo kasugai de ella entró a la cocina, volando sobre su cabeza y repitiendo su nombre con mucha alegría.

—¡Kenpachi! ¡Hola!—. Exclamó la cazadora, levantando su brazo para invitar a su cuervo a posarse ahí.

—¡FUMIKO-SAMA! ¡SE LE SOLICITA SU PRESENCIA EN LA FINCA DE LAS MARIPOSAS! ¡CRAW!—. Anunció con fuerza mientras Fumiko le acariciaba suavemente la cabeza con sus dedos.

—¿Finca de las mariposas?—. Repitió ella sorprendida. —¿Shinobu está ahí?

—¡CRAW! ¡CLARO! ¡ELLA ME LO PIDIÓ! ¡CRAW!

Afortunadamente para Fumiko, no le habían pedido ir a ningún lado durante los últimos 4 días, por lo que supuso que le estaban permitiendo descansar un poco. Aunque también sospechó que no iban a mandarla a ningún lado hasta que no obtuviera su espada nuevamente.

—Bueno Kenpachi, hoy me entregan mi katana nichirin —. Le comenzó a explicar la chica al mismo tiempo que le rascaba dulcemente el cuello al ave. —Si no es mucha molestia, ¿podrías avisarle a Shinobu que iré con ella después de recibirla?

—¡LO QUE SEA POR FUMIKO-SAMA! ¡CRAW!

Y sin perder ni un segundo más, el cuervo revoloteó otra vez en el techo antes de salir por donde había entrado.

—¿Fumiko-chan? ¿Lista?—. Desde la puerta, Senjuro se asomó justo después que el ave había desaparecido.

—¡Por supuesto!

Tanto la cazadora como el menor de los Rengoku, se dirigieron hacia la entrada principal a esperar al herrero que traería la nueva arma de Fumiko. Y no pasaron más de cinco minutos antes que a lo lejos divisaran la figura de un hombre enmascarado.

—¡Buenos días!—. Saludaron Fumiko y Senjuro, inclinándose casi al mismo tiempo.

—¡Oh, Fumiko-sama! ¡Mis más sinceras disculpas!—. Exclamó el hombre una vez que ya estaba lo suficientemente cerca. —Pero por otro lado, mis más grandes felicitaciones.

Tanto el menor como ella intercambiaron miradas preocupadas.

—Mu- Muchas gracias—. Balbuceó apenada, volviéndose a inclinar. —Sea bienvenido.

—La espada que le tengo preparada es en verdad toda una obra maestra, Fumiko-sama. Le prometo que no estará decepcionada—. Mientras iban caminando al cuarto de visitas, el herrero iba explicando al mismo tiempo que se quitaba la delgada caja de su hombro para poder abrazarla con fuerza.

—Ya lo creo—. Le respondió dulcemente, dándole el permiso para que el herrero fuera el primero en tomar asiento.

Justo después que ella se había sentado junto a Senjuro, de pronto el sonido de la puerta deslizándose, los distrajo.

—¡Oh! ¡Mi señor!—. Girándose a gran velocidad para hincarse, el herrero pegó su frente enmascarada al suelo para saludar al antiguo pilar. —¡Mis más sinceras disculpas!

—Gracias—. Respondió secamente antes de tomar asiento a un lado de Fumiko.

En pocas palabras, ahora ella se encontraba al medio de ambos Rengoku.

En cuanto el herrero regresaba a su postura original cruzándose de piernas, Fumiko se giró discretamente para ver preocupada al patriarca.

—Está dormido, tranquila—. Le aclaró en voz baja, captando de inmediato el porqué de su angustia.

Tal vez sonaría muy tonto, pero desde que a Fumiko se le había ocurrido razonar con Kyojuro, todo se había vuelto un poco más fácil de manejar. Excepto el hecho que durmiera en la habitación de su padre, la de su hermano o incluso en la de él.

El calor de tu sonrisaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora