28 - Crecer cada día

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—¡Ya llegué!—. Se anunció la cazadora mientras se sobaba un poco el cuello.

Pero a diferencia del recibimiento que estaba esperando, solamente Senjuro llegó para darle su usual abrazo.

—Buenas noches, Fumiko-chan.

—¿Y Kyojuro?—. Preguntó ella, mirando sobre el hombro del muchacho e incluso a su alrededor con cara ansiosa.

Senjuro comenzó a balbucear una risa con la pregunta.

—¿Qué?—. Preguntó la cazadora sonriendo mientras ladeaba la cabeza.

—Ahora quién es la que no se quiere separar de él, ¿eh?—. Se burló suavemente, viendo como la chica se levantaba frente a él, suspirando derrotada y aún con su sonrisa. —Mi padre se lo llevó a pasear.

Al principio, Fumiko lo vió disgustada, hasta que recapacitó en que era buena idea sacar a Kyojuro de la casa de vez en cuando. Además que así podían pasar tiempo de calidad.

—Ven, vamos a mi cuarto—. Le pidió ella en cuanto comenzaba a caminar. —¿Y cómo les fue en mi ausencia?

Ahora fue el turno de Senjuro para suspirar derrotado. —Pues al principio fue difícil. Mi hermano no se quedaba quieto. Se paseaba por toda la casa, creo que no dejaba de buscarte. Y después que le recordé que te habías ido a hacer tus deberes como Pilar, de pronto se pegó a mí.

Fumiko comenzó a reír ligeramente mientras deslizaba la puerta de su habitación y así poder entrar. —¿Y qué tal?

Una vez más, el muchacho suspiró agotado, al mismo tiempo que se quedaba cerca del marco y veía a la cazadora dirigirse a su ropero.

—No sé cómo logras siquiera moverte—. Le confesó.

—Y aún así, quiero más de sus abrazos—. Fumiko se levantó con su ropa elegida, mostrando una cara iluminada por la alegría.

El menor de los Rengoku también comenzó a reír. Por su esencia, ella pudo detectar que él estaba fascinado. Supuso que le ponía feliz escuchar cómo ella quería a su hermano.

Y de pronto, una fuerte necesidad de decirle lo mucho que él significaba para ella, se hizo presente en su pecho.

—Senjuro—. Le llamó dulcemente. —¿Recuerdas la primera vez que llegué aquí?

Gradualmente él dejó de reír cuando escuchó la pregunta, volviéndose atento.

—Voy a hacerte una confesión aprovechando que estamos solo tú y yo—. Ella dejó de lado su ropa para poder caminar cerca del muchacho. —¿Sabías que para mí, eres la parte más esencial de esta familia?

Mientras Fumiko se arrodillaba, el rostro atento del muchacho se tornó a uno impactado. Ella algunas veces hablaba con él de ese modo tan serio, pero en ese momento, sus palabras comenzaron a mover un par de fibras en él.

—Tengo que agradecerte una cosa que no me había atrevido a decirte hasta ahora—. Comenzó, tomando suavemente las manos del menor. —Tal vez Kyojuro fue el que me trajo aquí, pero quien me salvó de mi misma, fuiste tú.

Fumiko apretó un poco su agarre en un intento de no temblar tanto.

—Muchas veces te he visto decepcionado contigo mismo porque crees que no eres especial o importante y no sabes lo mucho que me duele oír eso porque, aunque no te des cuenta, eres una persona increíble y valiosa.

Senjuro tragó saliva duramente en cuanto sentía su corazón latir con fuerza.

—Eres generoso, tierno, amable, cariñoso, responsable... Bueno, podría seguir la lista pero jamás lograrías escuchar el final—. Ella rió un poco para aligerar las ganas de llorar.

El calor de tu sonrisaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora