20 - La virtud de la paciencia

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—Han pasado a lo mucho tres días, dudo mucho que despierte muy pronto—. La voz de Aoi, una de las niñas responsables en la finca de las mariposas, resonó en la habitación.

Fumiko ya comenzaba a hacerse consciente de su entorno, saliendo poco a poco del sueño. De inmediato, todo su cuerpo le comenzó a punzar, especialmente las partes donde la habían golpeado directamente. Como había empezado a removerse en su lugar, llamó la atención de las personas que se encontraban ahí con ella.

—Vaya, sí está despertando—. Susurró sorprendida Aoi.

—¡FUMIKO-SAN!—. Exclamaron sumamente aliviados y contentos casi al mismo tiempo Tanjiro y Zenitsu en las camas contiguas.

—¡Prometida del de ojos saltones!—. Exclamó Inosuke, levantándose de su cama y poniéndose de pie de forma victoriosa.

—No te muevas tanto, tus heridas son muy recientes—. Regañó Aoi.

A pesar de la advertencia, Fumiko hizo lo posible para sentarse sobre la cama, apretando los dientes y aguantando lo más que podía, sintiéndose más motivada al tener a los jóvenes cazadores a su lado. Pasó su mano que no estaba vendada sobre sus ojos para despertar aún más y poder prestarle atención a su alrededor. Se sintió impactada al fijarse en la persona que estaba cerca de su cama.

Era la esposa del líder del Cuerpo de Cazadores de Demonios.

—Amane-sama—. Con la voz rasposa, susurró bajo su aliento y rápidamente quiso hacer una reverencia respetuosa.

—Por favor no te esfuerces demasiado—. Pidió suavemente la mujer. —Señorita Aoi, quisiera hablar a solas con ellos, ¿podría darnos un poco de privacidad?

Ante el pedido, la chica se apresuró en salir, después de haber hecho una reverencia nerviosa.

—Lamento tanto no estar en condiciones presentables—. Aclarando un poco su garganta, Fumiko por lo menos bajó la cabeza ligeramente.

—Estoy enterada de su batalla, no hay necesidad de disculparse—. Tranquilizó la mujer mientras se acercaba un poco más a la cazadora. —Estoy agradecida que hayas despertado y te encuentres recuperándote. Me tranquiliza saber que todos lograron salir con vida—. Fumiko volvió a asentir nerviosa con la cabeza en un agradecimiento silencioso, acompañada de los demás cazadores. —Sin embargo, mi presencia aquí es de índole informativa. Vengo en nombre de Kagaya Ubuyashiki.

Fumiko apretó las sábanas de su cama mientras sentía como su corazón se estrujaba en su pecho, deduciendo un poco de que se trataría el tema.

—Quiero que me cuenten qué fue lo que le sucedió al Pilar de la Llama, Rengoku Kyojuro.

Fumiko bajó la mirada, comenzando a temblar por el frío que ahora estaba experimentando. Toda la atención de los presentes recayó sobre ella, ya que ninguno de los jóvenes había sido capaz de responder esa pregunta con exactitud.

—Si-sinceramente, no tengo idea...—. Comenzó a balbucear nerviosa. —T-tal parece que la sangre de la tercera luna creciente se mezcló con sus heridas... No fue algo que él quisiera. Yo... yo no pude hacer nada... ¡No quería matarlo!—. Confesó conteniendo las lágrimas lo más que pudo.

El pacífico rostro de Amane Ubuyashiki no se perturbó ante la revelación, al contrario, se quedó callada, captando cada palabra de forma objetiva.

—¿Qué fue lo que pasó después que me desmayé?—. Preguntó Fumiko al aire, mirando sus manos, con todo el terror recorriendo su estómago.

Hubo un silencio de pronto, como si los chicos se hubieran incomodado para responder.

—Él está... vivo—. Comentó Tanjiro a su lado.

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