11 - Volver

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1 año y medio. En 1 año y 6 meses Nakamura Fumiko logró convertirse en cazadora de demonios.

Mientras que en 6 meses, Kanroji Mitsuri logró hacer lo mismo.

—¡Estoy tan emocionada de ver a Senjuro-kun! ¡Extraño ver su adorable cara!—. Gritó a todo pulmón Mitsuri mientras daba pequeños saltitos. — ¡Tampoco puedo esperar a comer su deliciosa comida!

Fumiko balbuceó una risa de ternura mientras veía sus pies al caminar. —Yo también.

Sin duda, su corazón latía con fuerza al pensar en las caras de los hermanos Rengoku.

Ya quería envolver al pequeño Senjuro entre sus brazos y devolverle su espada con gusto porque, muy pronto, ella tendría la suya.

Pero sobre todo, estaba ansiosa de imaginarse la bella sonrisa que Kyojuro iba a regalarle cuando se presentara ante él.

La única cuestión que la tenía un poco inquieta era las condiciones en las que estaban regresando. No tenía idea de cómo reaccionarían al verlas de ese modo.

Tanto Mitsuri como ella tenían un par de vendajes insignificantes en sus cuerpos. Fumiko especialmente en su tronco y la peli-rosa en sus brazos.

Justo después que ambas lograron ser valientes y unieron fuerzas, tal como Fumiko se lo había imaginado, juntas se habían vuelto imparables, pero en definitiva no invencibles.

Tal vez no habían podido salir intactas de aquella pesada semana, pero estar con vida se sentía como el mejor logro de todos y rogaba con todas sus fuerzas que los hermanos pensaran lo mismo que ella.

—Hay que ponernos de acuerdo Fumiko-chan—. Fue sugiriendo la tierna chica de repente. —¿A quién vas a abrazar primero? ¿A Senjuro-kun o-

Mitsuri se detuvo en seco al fijarse en algo frente a ella. O más bien, en alguien.

Fumiko mantenía su mirada en el suelo y sin embargo, de inmediato pudo identificar el motivo por el que su amiga se había inhibido.

Lentamente, ella fue levantando la cabeza, tornando su gesto molesto al prepararse para verlo a la cara.

—Re- Rengoku-sama—. Susurró Mitsuri, inclinándose de inmediato.

Fumiko por su lado, le sostuvo la mirada al hombre, sin mover ni un músculo, ni siquiera para saludarlo.

Él parecía estar regresando de una misión, casualmente al mismo tiempo que Fumiko y Mitsuri iban regresando de la Selección Final.

No dijo nada, pero en su esencia había un rastro de sorpresa e incredulidad que rápidamente se transformó en desdén. Chasqueó la lengua irritado antes de caminar a su casa, ignorando por completo a las presentes.

Ambas chicas se quedaron congeladas en su lugar. La peli-rosa por la confusión y Fumiko por... obvias razones.

Sin embargo, casi después que Shinjuro desapareciera de sus vistas, el menor de los Rengoku llegó corriendo con ellas, derramando lágrimas angustiadas.

—¡FUMIKO-CHAN! ¡KANROJI-SAN!—. Gritó desesperado mientras abría sus brazos.

Su alegría de antes le regresó de golpe. Sin dudarlo ni un segundo, Fumiko se agachó para atrapar a su pequeño salvador, con la esencia de envidia de Mitsuri a su lado.

—Senjuro—. Lo envolvió justo como lo había planeado, enterrando su cara en su cuello. —He vuelto.

—¡Yo también quiero abrazos!—. Exigió Mitsuri mientras apretaba los puños, inflaba las mejillas y resoplaba con fuerza.

El calor de tu sonrisaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora