10 - El valor de una sonrisa

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—Fumiko-chan—. Llamó temblorosa. —¿Pu- Puedo tomar tu- tu mano? Por- por favor.

—¡Por supuesto!—. Tratando de sonar confiada, sonrió lo más tranquilizadoramente que pudo y suavemente le extendió su mano a su amiga.

Ella estaba terriblemente fría.

—No me voy a separar de ti en ningún momento. Lo prometo—. Suavemente, ella le dio un pequeño apretón para reconfortarla.

—Fu- Fumiko-chan es tan valiente—. Susurró con admiración, pareciendo hablar lo que pensaba en voz alta.

Era una ventaja que su amiga no pudiera sentir esencias, de otro modo, se habría dado cuenta de lo aterrada que ella estaba en realidad, pero su instinto protector la ayudaba a mantener esa fachada.

Desde hacía un par de minutos atrás, había iniciado la Selección Final y ahora, tanto Fumiko como Mitsuri, lentamente iban adentrándose al bosque, alejándose de los árboles con flores de glicinia.

En pocas palabras, iban acercándose cada vez más al peligro.

Ninguna podía expresar lo agradecidas que estaban por estar juntas. No importaba el miedo que ellas estuvieran experimentando en ese momento, ver una cara conocida y de confianza, era suficiente para poder seguir adelante.

Estuvieron caminando por horas, atentas a cada esquina de los troncos a su alrededor. No dejaban pasar en alto ningún detalle, desde cualquier signo de trampa o cualquier movimiento abrupto en su entorno.

Fumiko por su lado, no había podido despegar su mano del mango de la espada nichirin que Senjuro le había prestado. Era como su pequeño amuleto, capaz de recordarle su único objetivo: Salir con vida de ahí.

Mitsuri por su lado, iba pegada a la espalda de su amiga, sosteniendo su mano y con su pulgar cubriendo parcialmente sus labios.

Ambas tenían la terrible angustia de encontrarse en peligro en todo momento, y sin embargo, había pasado mucho tiempo y no parecía haber ninguna clase de-

Fumiko sintió un terrible escalofrío recorrerle la nuca.

—Fu- Fumiko-chan—. Susurró la peli-rosa en un hilo de voz. —Mi... Mira...

No había sido necesario que se lo hubiera dicho, ella ya lo había detectado.

Ambas se quedaron quietas en su lugar, buscando no llamar la atención en absoluto.

Fumiko fruncía el ceño y apretaba con fuerza los dientes. Mitsuri tenía la boca y los ojos abiertos con miedo puro.

—Hambre... —. Podía entenderse vagamente de la delgada criatura frente a ellas. —Hu... manos...

De pronto comenzó a salivar, chasqueando la boca como si pudiera saborear lo que estaba imaginando.

Fumiko apretó el mango de su espada, dispuesta a desenvainar si la situación lo ameritaba.

—¡HUMANOS!—. Gritó con fuerza y a diferencia de lo que ambas chicas temían, el demonio se encaminó a gran velocidad hacia el lado opuesto donde ellas estaban.

—¡UN- UN DEMONIO!—. Escucharon el grito de al menos dos muchachos.

—Mitsuri-chan, hay que ayudarlos—. Le susurró antes de comenzar a jalarla para que la siguiera.

Sus pies se habían movido solos, desesperada por llegar con ellos antes que el demonio.

—¡Vete! ¡Yo me encargo!—. Uno de los muchachos le exigió a su compañero, sosteniendo su espada con temor.

Sin dudarlo mucho, el otro chico echó a correr despavorido.

Primero soltando la mano de Mitsuri, Fumiko desenvainó su espada y se congeló de pronto, viendo cómo el chico se defendía con todo lo que podía, pareciendo ser algo inútil.

El calor de tu sonrisaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora