36 - La dama de ojos carmesí

313 41 12
                                        

—¡Está delicioso!—. Exclamó Senjuro con la cara brillando de alegría y las mejillas ligeramente manchadas de chocolate.

Fumiko se rió de ternura al ver lo contento que estaba mientras ella también saboreaba su propio bocado del suave bizcocho.

Ahora estaba aprisionada bajo los brazos del demonio, quien portaba la máscara que ella le había dado hace rato y tenía su mentón apoyado en su coronilla.

Ella no había dejado de sonreír desde que toda la familia Rengoku había entrado a la misma habitación donde previamente ella y Mitsuri habían comido. Por su parte, la peli-rosa se alarmó tanto al ver al antiguo Pilar que se excusó, diciendo que iría a las aguas termales y huyendo cobardemente de ahí.

—Aún no puedo creer que estén aquí—. Ella apoyó su mentón sobre su mano, aún prestando atención a la cara sonriente del menor.

—Yo tampoco—. Acompañó el patriarca en voz baja. Él mantenía los ojos cerrados con "resignación" mientras comía el almuerzo que le habían preparado.

Ella lo miró con incluso más ternura. Él se esforzaba por parecer que estaba siendo forzado a estar ahí, pero su esencia decía que él también estaba contento. Tal vez era porque la comida estaba deliciosa o porque simplemente el sake que había ordenado lo estaba relajando.

Fumiko balbuceó una risa mientras sobre ponía sus manos en las de su prometido. —¿Por qué decidieron venir? Kyojuro me dijo que les había dejado una nota.

Mientras Shinjuro gruñía molesto y susurraba un par de maldiciones en voz baja, su hijo menor apretó los labios para no reírse.

—Sí, lo hizo. Pero mi padre no dudó en perseguirlo—. Explicó Senjuro, limpiándose sus mejillas con una servilleta.

—Se supone que YO debo cuidarlo—. Mientras él se señalaba a sí mismo, la chica asintió en comprensión.

—Entonces... Me imagino que se quedarán conmigo estos tres días—. Tanteó ella, pensando que esa sería la razón por la que el patriarca había decidido traer al menor con él.

—Sí—. Respondió el antiguo Pilar fastidiado.

Una vez más, Fumiko le sonrió brillantemente. Estaba agradecida de haber podido cumplir su pequeño capricho de tener a los tres Rengoku con ella en un viaje. Simplemente la tenían increíblemente feliz.

—Ojalá disfruten mucho estar aquí. Yo ya estoy fascinada con lo bello que es este lugar.

Senjuro fue el primero en asentir efusivamente. —Mi padre me dijo que aquí hay aguas termales.

—¡Lo sé!—. Como si fuera una niña pequeña, ella lanzó un pequeño chillido emocionada. —Tal vez vaya con Mitsuri después de entrenar.

—Yo quiero ir con mi hermano—. Anunció Senjuro mientras le daba otra cucharada de su pastel.

—Bastardo irresponsable—. Fumiko consiguió oír al patriarca murmurar debajo de su aliento, captando su atención de inmediato.

—Rengoku-sama, ¿sigue molesto?

El hombre negó con la cabeza a lo que Fumiko bajó el mentón hacia su pecho, mirándolo de forma incrédula.

Claaaaaro—. Exclamó con un tono sarcástico.

El antiguo Pilar gruñó con más fastidio.

—No es contigo, así que no presiones.

—¡Ay, vamos! ¿Que nunca hizo algo estúpido por amor?

—¿Tú sí?—. Shinjuro tenía los ojos cerrados mientras disfrutaba su comida, pero la pregunta lo obligó a abrir un ojo.

Ella extendió los brazos a sus lados, queriendo presumir al demonio que dormía sobre su cabeza.

El calor de tu sonrisaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora