16 - Dulces sueños

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—¡Deberíamos tener más misiones juntos! ¡Es gratificante tenerte a mi lado!—. Exclamó Kyojuro una vez que ya estaba recostado en su futón con los brazos detrás de su cabeza.

Fumiko rió bajo su aliento, arrodillada en su propio lugar en cuanto se cepillaba el cabello.

—Mientras no sea una distracción para ti, creo que sí deberíamos.

Al igual que la noche previa, ambos habían vuelto al pequeño hotel en el que habían dormido, siendo básicamente su única opción como alojamiento para recuperar fuerzas.

—¡No eres una distracción! ¡Todo lo contrario! ¡Fuiste de gran ayuda!—. Felicitó el cazador, girando su cabeza para verla.

Ella rió apenada y después sentir que su cabello ya estaba acomodado, bajó los brazos para poder poner sus puños cerrados sobre sus muslos.

—Gracias—. Le susurró. —Me alegra escucharlo de ti, gran Pilar—. Ella ladeó la cabeza mientras le sonreía con ternura, sintiendo cómo en su esencia, él también se avergonzaba.

—¡Me parece gracioso que me digas de ese modo!—. Le confesó, sin poder ocultar cómo sus mejillas se sonrojaban ligeramente.

—¿De qué hablas?—. Finalmente relajándose, ella analizó que se encontraba a una distancia considerablemente alejada del Pilar, decidiendo ponerse de pie mientras continuaba. —Todo el mundo te admira, no debería extrañarte que yo también lo haga.

Con la esencia aún apenada de Kyojuro sobre ella, él miraba con atención como ella jalaba su futón para acercarlo con el de él, para mayor gusto de su parte.

Cuando Fumiko estuvo satisfecha de la distancia en la que se encontraba, finalmente decidió acostarse de tal modo que pudiera mirar a su compañero. Casi de inmediato, el cazador comprendió que ella se estaba preparando para decirle algo importante por el modo en que ella se mordía los labios insegura. Por ello, también se giró para quedar frente a frente.

—¿Estás bien?—. Preguntó él primero, intentando darle confianza para hablar.

Fumiko lo miró a los ojos, demostrando su confusión de qué decir. Lentamente, ella exhaló antes de tragar saliva y después cerró los ojos.

—Lo he pensado y sigo llegando a la misma conclusión—. Cuando volvió a abrirlos, ella estiró una mano, buscando alcanzar la de él y Kyojuro no dudó en acudir a su pedido. —Tú eres un Pilar, uno de los más fuertes por cierto. Así que el miedo que tengo es estúpido.

—No, Fumiko-chan. No lo es—. Aprovechando que la tenía cerca, el cazador entrelazó sus dedos con los de ella, mirándola completamente a los ojos. —Seré un Pilar y tú mi talentosa sucesora, pero al final, ambos somos humanos—. Por un instante miró sus manos unidas antes de regresar su atención al rostro de ella. —Tener miedos e inseguridades nos permite protegernos y mantenernos con vida por más tiempo. Lo único que sé es que tu amor por mi es demasiado, tanto que temes perderme y lo entiendo.

Sintiéndose ligeramente abrumada y con muchas ganas de llorar, ella agachó la cabeza para llevarse los nudillos de Kyojuro a su frente. El cazador interpretó su gesto como una disculpa que él no sentía ser necesaria.

—No quiero que nos casemos para saber que tú quieres estar conmigo—. Continuó, buscando hacer que ella levantara su cara nuevamente. —Esperaré con ansias el momento en el que estés lista, pero por ahora, estoy feliz que estés aquí conmigo. Aquí y ahora.

Con los ojos brillosos, Fumiko se obligó a mirarlo, queriendo demostrarle lo agradecida que se sentía.

—Te quiero mucho, Kyo—. Le susurró y el Pilar murmuró una risa en respuesta.

El calor de tu sonrisaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora