21 - Debilidad

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Aunque ella le había dicho al patriarca que cuando consolara a Senjuro ella se iría, Fumiko se la pasó el resto del día en la residencia Rengoku, acompañando justamente al chico en su tarde.

Para su fortuna, no se topó con el hombre en todo el día. Sin embargo, fue consciente que él en algún momento iba a tener que volver a su casa, solo rogaba porque no la viera ahí y la acusara de mentirosa. Había sido suficientemente doloroso tener que soportar sus insultos cuando ella había llegado.

Y casi en ese instante, ella pudo escuchar la puerta principal chillando, anunciando la llegada de Shinjuro.

En ese momento, el menor de los Rengoku y ella se encontraban en la engawa que estaba fuera de su habitación, pero ya que la puerta estaba cerrada, cuando el antiguo Pilar pasara, no sería capaz de verlos.

—Fumiko-chan, dame un momento—. Pidió Senjuro mientras se ponía de pie. —Quiero revisar que esté bien.

La cazadora asintió. No podía negarle toda la vida que se acercará a su propio padre después de todo.

Se quedó sola, con la única compañía de la campana de viento que decoraba su habitación sonando de vez en cuando.

Por un instante, se enfocó en ese ruido, buscando un consuelo en su tintineo arrullante. Sin embargo, no le sirvió de nada cuando recordó que Kyojuro alguna vez le confesó que ese era su ruido favorito de todo el mundo.

Exhaló con fuerza mientras se restregaba los ojos con el talón de sus palmas. Jamás sería capaz de escapar de su propia cabeza.

Aunque para su desconcierto, de pronto pudo escuchar un par de gritos, pero ya que ninguno era de Senjuro, no le dio tanta importancia.

Y casi en un par de minutos, el muchacho volvió. Para su alivio, en su esencia detectaba más tranquilidad, como si se hubiera quitado un peso de encima.

—¿Cómo te fue?—. Le preguntó ella cuando él se sentó a su lado.

—Me gritó un poco, pero logré decirle las últimas palabras de mi hermano para él—. Confesó, suspirando aliviado.

Fumiko sonrió ligeramente mientras veía sus manos: —Qué bueno.

Senjuro por un momento miró a la cazadora de manera insegura, pero de inmediato decidió mirar al horizonte. Tal vez no sería buena idea hacerle la pregunta que tenía en mente.

—¿Sucede algo, querido Senjuro?—. Y sin embargo, para su sorpresa, la chica ahora le estaba prestando atención con el ceño fruncido en preocupación.

—Eh... No...—. Mintió, forzando una sonrisa para ocultarlo. —Todo bien.

Pero ella no cambió su rostro, al contrario, solo lo volvió más profundo.

—Puedes decirme lo que sea, no te sientas apenado—. Le animó ella, suavemente poniéndole una mano sobre su hombro.

El menor tragó saliva y analizó los ojos de ella.

—Fumiko-chan—. Comenzó, bajando un poco la mirada a su propio regazo.

Nuevamente quiso negarse, pero su curiosidad terminó ganándole y a pesar que no quisiera, se obligó a mirarla a los ojos.

—No quiero sonar invasivo pero... ¿Qué fue lo último que mi hermano te dijo a ti?

Por un momento, ella se quedó pasmada, apenas logrando respirar. En un parpadeo, ella apretó los labios ligeramente, sin poder evitar que varias lágrimas se le formaran de inmediato. Tragó saliva duramente.

"Él sigue vivo... No llores. Lo vas a salvar. Él sigue vivo", se repitió una y otra vez para evitar llorar.

No obstante, al recordar el sentimiento que había experimentado antes que Kyojuro se volviera un demonio, era demasiado fuerte.

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