29 - Dormir contigo

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—¿Cómo demonios logran vivir con toda esta responsabilidad?—. Se quejó la cazadora en voz alta.

Descartando el hecho que Fumiko ya tenía una idea de lo que sería ser un Pilar por haber escuchado a Kyojuro durante al menos 3 años, en realidad, llevar a la práctica su rol como alto rango era demandante y sobre todo, desgastante.

Comenzó a recordar aquella vez que, un día volviendo a casa y que recién Mitsuri se había convertido en un Pilar, se preguntó qué tan difíciles eran sus misiones. Ahora se golpeaba la cabeza mentalmente por siquiera haber preguntado. La respuesta era que sí, eran muchísimo más difíciles que antes.

4 meses habían pasado desde que Fumiko se había vuelto un Pilar y la única parte divertida de serlo era poder entrenar con los demás cazadores de alto rango, porque eso implicaba que podría extender su repertorio en la Técnica del Perfume.

—¡Ya llegué!—. Anunció cansada, regresando de una misión de una semana.

—¡Fumiko-chan!—. Extremadamente alegre, Senjuro llegó corriendo a darle su usual abrazo.

—Bienvenida, Nakamura-san—. Saludó el patriarca antes que el demonio lo hiciera a un lado para poder pasar.

—Hola Kyo—. Exclamó antes de soltar a Senjuro y levantarse para poder recibir su nuevo abrazo de bienvenida.

Desde que ella ahora era la encargada de salir de casa constantemente, las cosas en la residencia Rengoku habían cambiado significativamente.

Ahora que Kyojuro no salía casi para nada de su hogar, convivía mucho con su hermano menor, y por las noches, salía a pasear con su padre. Era increíble, pero a pesar de estar amordazado, su energía le compensaban la falta de su fuerte voz, siempre haciendo las cosas con extrema pasión.

—¿Cómo te fue?—. Retomó Senjuro en cuanto acompañaba a su familia al comedor.

—Sin contar lo drenada que me siento, bastante bien—. Platicó ella. —Tiene todo mi respeto Rengoku-sama, apenas puedo respirar con todo lo que me encargan.

El nombrado balbuceó una risa mientras se cruzaba de brazos. —Te irás acostumbrando, ya verás.

Justamente Fumiko había llegado a la hora del almuerzo, así que Senjuro estaba pasando todos los platos con comida caliente.

—¡FUMIKO-SAMA!—. Sin previo aviso, Kenpachi entró a la habitación donde toda la familia Rengoku se encontraba, revoloteando encima de sus cabezas. —¡FUMI-

Y antes que pudiera seguir haciendo más escándalo, el cuervo divisó a Kyojuro, casi al mismo tiempo que el demonio se posicionaba para atrapar al ave.

—¡¡UN DEMONIO!! ¡CRAW! ¡¡QUÉ ALGUIEN ME SALVE!!

—¡No, Kyo, espera!—. Le regañó Fumiko, haciendo que el nombrado se quedara quieto en su lugar. —¡Kenpachi! ¡Tranquilo! ¡Todo está bien!

Al ver lo obediente que se había comportado el demonio, el cuervo kasugai de ella decidió posarse en la cabeza de su dueña.

—¿KYO?—. Repitió el cuervo confundido, fijándose atentamente en los rasgos del demonio. —¡¿RENGOKU-SAN?!

Agitando las alas, el cuervo comenzó a alarmarse más cuando reconoció a quien se suponía debía estar muerto. Por todo el escándalo que estaba haciendo el ave, sin quererlo, estaba jalando el cabello de Fumiko.

—Au, au, au, au—. Se quejó en voz baja mientras cerraba un ojo.

—¡Nakamura! ¡Controla a tu cuervo!—. Ordenó irritado el antiguo Pilar.

El calor de tu sonrisaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora