Capitulo 21: Misery

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-Despierta, hija o llegarás tarde a tu prueba.

*********

- ¿Mamá? -Murmuré.

<<Solo fue un sueño>> me dije, con la cabeza dándome mil vueltas. Mis ojos comienzan a abrirse y al cabo de unos segundos todo lo sucedido me vuelve a la memoria y la voz de mi madre se pierde en el recuerdo. Sentía aún esas náuseas horribles, mis manos y piernas estaban atadas a una de las sillas de madera que pertenecían al comedor de la posada. No tenía caso que gritara, pues mi boca había sido cubierta por esa cinta plateada; aun así, intenté hacerlo, con la esperanza de que alguien me escuchara.

La poca iluminación del lugar provenía de la pequeña ventana del ático, la cual se encontraba a mi espalda pero que, si me esforzaba un poco, podía verla de reojo, notando como ya había sido reparada.

Mi cuerpo estaba cubierto con una gruesa y afelpada cobija. Si cerraba los ojos, la cabeza me traía a la memoria todo lo que tuve que pasar hasta el momento en que esa estúpida mocosa me había drogado. No sabía cuánto tiempo había permanecido inconsciente y estaba tan confundida que el rato que llevaba despierta no lo podía medir en minutos u horas.

El sonido de la escalera deslizándose, el ruido de una llave abriendo el cerrojo y el rechinar de la puertecilla levantándose, hacen captar mi atención. Temía por quien fuese a subir y el que se tratara de Zebb no me hacía sentir más tranquila. En sus manos cargaba una charola plateada con un plato repleto de comida y alguna bebida que desconocía en un vaso de cerámica.

- ¿Por qué me haces esto? Déjame ir, te juro que no diré nada de lo que vi-le dije, tan pronto retiró la cinta canela de mis labios. - Te lo prometo, por favor. Solo suéltame. -Le insistí suplicante y con lágrimas en los ojos

- ¡Guarda silencio, gilipollas! -Exclama entre murmuras, volviendo a cubrirme. -Os desataré la boca, pero debéis prometer que no vais a gritar. ¿Trato?

<<Es un trato, maldita>> medité, mientras asentaba con la frente y el aroma de la comida me hacía arder el estómago.

-Cometisteis un error al entrar a esa habitación- me dice mientras busca alimentarme-Ahora no os podéis pirar, no puedo arriesgarme a que le contéis a vuestros amigos lo que viste.

- ¿Dónde están? ¿Dónde están los demás? -Le cuestioné mientras me oponía a que me alimentara.

-Ellos están bien, tía. - contesta luego de dejar el plato en el suelo por mi negación a comer

-Por favor...-Grité. -Por favor suéltame.

-Tenéis mi palabra de que, cuando todo esto termine, te dejaré ir.

- ¿Cuándo termine qué? ¿De qué mierda estás hablando? -Las lágrimas seguían brotando y ella las limpiaba, sin embargo, se negaba a decir palabra alguna. - ¿Por qué haces esto? ¡Te juro que no diré nada de lo que vi! -Espeté entre chillidos.

- ¡Callaos! - Ordena luego de tirarme una bofetada- Si no paráis con eso, mi padre subirá y no podré hacer nada.

Con un amargo trago de saliva y contra toda posibilidad, logro calmar mi respiración y con ello el comportamiento
-¿Qué te hice?- Le insistí.

-Nada, joder, esto no tiene nada que ver con vos.

- ¿Temes que acuda a la policía? ¿Es eso? Maldición, es que ni siquiera sabemos cómo se entra a éste puto pueblo.

- ¿La policía? Llámalos. -Responde, sacando de su bolso un teléfono extraño. Anda y os aseguro que no vendrá nadie.

<<Esta tipa no está jugando>> me dije, tan pronto Zebb soltó mi mano derecha, entregándome el aparato y retirándose lo suficiente de mí, dándome la espalda. << ¿Por qué no le temes a la policía?>>. Miré el móvil sabiendo que igual no parecía tener la clásica manera de marcar números y un 911 no sabía si realmente serviría de algo, no con la confianza que reflejaba esa chica.
-Bien, Zebb, si no tienes problema con eso, suéltame. No le diré nada a mis amigos, inventaré algo y nos iremos.

Virtanen: Sangre de SerpienteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora