Capitulo 52: Siempre

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ERICK

–Lo juro –nos dijo Inessa, sin hablar y con palabras que solo nosotros dos pudimos escuchar; después, untó la sangre de su palma en el emblema estigmatizado de su templo y con esa misma se dejó ayudar por Johana para levantarse.

–¡Vamos al templo! –mandé tajante, apuntándoles con el rifle que Ryder fue forzado a soltar –. Colóquese esto, detective –agregué, arrojándole unas esposas.

Rebecca lo apresó, Zebb solo se aseguró de que estuviese en verdad incapacitado de hacer alguna clase de proeza para detenernos.

–Los dos son unos malagradecidos hijos de perra –exclamó Rebecca, tras escupir a los pies de la finlandesa y luego a los míos.

–¡Andando! –exclamé.

No quería dispararle a ninguno, ni a Ryder, ni tampoco a Rebecca; aun así, debía convencerlos de que lo haría y también a mí de ser necesario. Él que Héctor estuviese moribundo en las ruinas facilitaba las cosas, pues así no tenía que enfrentarme a él y su complejo de héroe.

Es una pena –dijo Inessa, poniéndose a un lado de nuestra anfitriona –, creí que, si un día te volvía a ver, yo misma te mataría, traidora.

¿Entendéis que os pillara como su padre lo hizo conmigo y vuestros amigos? Justo ahora debe estar ideando como evadir su promesa –musitó Zebb, haciendo uso del castellano, asegurándose con ello de que la chiquilla no entendería.

–Eso espero –le contesté.

Volteé a ver a Johana, aun algo sorprendido del poder que tenía, pues una cosa era leer de dichas hazañas en textos bíblicos y otra muy distinta era vivirlo en carne propia –. Lamento lo de tus padres, Zebb –concluí, devolviéndole la mirada.

De alguna forma Johana y yo habíamos tenido que ver con la muerte de su familia y, aun cuando no fuese así, yo seguía sintiéndome culpable.

–De poder regresar en el tiempo, desearía nunca haberos encontrado. No sabía lo que les harían hasta hace unos minutos. Lo siento mucho en verdad.

–Sí, yo también desearía que jamás hubieras encontrado nuestra pagina de internet.

–¿Cristina volverá? –inquirió, bajando su melancólica voz.

–Eso espero.

Cuando entramos a las ruinas, Inessa sacó una de las dagas ocultas bajo su ropa y movió su brazo haciendo un arco alzado en el aire. Fue hasta que bajó la mano, cuando pude entender lo que había hecho: desviar un cuchillo lanzado contra nosotros.

Miray Románov, la menor de las hijas de Damián, se levantó con un ágil salto de la destartalada mesa que alguna vez sirvió para realizar ceremonias cristianas.

¿Los proteges ahora? –le gritó en inglés, señalándonos con otra de sus armas.

He hecho un juramento –contestó ella, mostrándole la palma y la sangre en su antebrazo –. Contigo aquí, las dos completaremos el ritual.

–Nuestro padre llegará pronto y él se encargará de todo.

–No lo estás entendiendo –espeté, haciendo a un lado a Inessa –, si Románov está en camino, puede que no llegue a tiempo para ayudarlo –añadí, señalando a Héctor con el rifle mientras le quitaba el seguro para apuntarle a ella.

Anda, quiero que lo intentes – dijo, estando lista para lanzar otro de sus cuchillos.

Si mi amigo muere, ustedes habrán fallado. – Apunté el arma entre mi cuello y el mentón –. Si no me ayudas, me dará gusto ver acabada a tu familia y al resto de la Orden.

Virtanen: Sangre de SerpienteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora