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—Te ves sexy — me halaga Dacota mientras yo hago expresiones raras enfrente del espejo.

Llevo la camisa que me dio, el color es chillante para mí, llevo unos vaqueros negros, mis botas negras, no me veo tan mal en ella, pero a lo que me refiero es que no me agrada mucho el color, quita mi lado intimidante.

—Yo siempre me veo sexy nena — le guiño un ojo quitando mi mirada del espejo.

—Sexy y malote— besa mis labios teniendo que agacharme a su altura para que pueda lograrlo.

—Tú también te vez jodidamente ardiente—la repaso con la mirada de pies a cabeza, dándole un azote en su nalga.

Su vestido le llega como a tres dedos arriba de su rodilla, algo corto a mi parecer, pero no quiero joder el momento así que no digo nada, lo que me alivia un poco es que estamos combinados, hasta Noah quien duerme en nuestra cama lleva una camisa igual a la mía.

—¿Esta lindo allá afuera? — pregunta como por, bueno hasta ya perdí la cuenta de cuantas veces me ha preguntado.

Mi hermana no ha dejado que salga de la habitación, y el ventanal está con cortinas oscuras y yo tengo la tarea de no dejarla husmear por ahí, mientras están arreglando nuestro patio. Esta fue una condición que puse si Shilby quería llevar acabo esta fiesta, en nuestra casa o nada, y bueno aquí estamos.

— Sabes que no te diré nada amor, solo espera un poco más — beso su frente, pero frunzo mi ceño al ver su mano izquierda. — ¿Dónde están tus anillos? — tomo su mano, viendo su dedo vacío.

— Ah, cierto — dice zafándose de mi agarre para ir al cuarto del baño. —Es que cuando me duché me los quité por un momento.

— Dacota sabes que no me gusta que te los quites —digo serio.

—Lo siento, solo fue un descuido.

— Pues no quiero que vuelva a suceder, odio verte sin ellos — gruño pasando a su lado para ir a la cama donde está Noah.

—André, lo siento ¿sí? — dice parándose enfrente de mí. —No quiero que estemos enojados en este día por favor, es la fiesta de nuestros bebés — suspiro porque tiene razón.

— Solo no quiero que vuelva a suceder — beso su vientre.

—Hecho — se pone a horcajadas en mis piernas.

Sus labios buscan los míos, la traigo más a mi poniendo mis manos en sus caderas meto mi lengua en su boca buscando la suya, donde la encuentro. Chupo sus labios dejándolos rojos e hinchados por nuestro fogoso beso. Veo sus manos que van a los tirantes de su vestido y los baja hasta dejar esa parte enrollada por debajo de sus pechos.

Beso su cuello y veo que las marcas que deje hace unos días atrás están desapareciendo así que no pierdo el tiempo y vuelvo hacer unas nuevas, una vez hecho mi trabajo, bajo mis besos hasta llegar en medio de sus pechos, sus pezones están duros pidiendo mi atención, estoy a punto de llevarme uno a la boca, pero un quejido me detiene.

—Mierda — maldigo al ver como se remueve Noah, pero no se despierta.

—Ven — se para de mis piernas y hace que también me levante de la cama.

Camina hasta el sillón que está enfrente del ventanal, haciendo que me vuelva a sentar y ella encima de mí.

—Ahora sigue — me exige casi poniendo sus pechos en mi cara.

—Estas mandona el día de hoy — sonrío divertido.

Beso todo el tramo de sus dos pechos, escuchando sus leves gemidos los estrujo en mis manos viendo como ese líquido blanco resbala en mis palmas, acerco uno a mi boca soplando su pezón haciendo que se pare más, sonrío ante eso. Me lo meto a la boca chupándolo escuchando el gemido de satisfacción de Dacota. Chupo tanto como si fuera Noah amamantándose me encanta que sus pechos sean así de grandes, que, aunque fuera pequeños también me encantarían, hago lo mismo con el otro y sé que lo está disfrutando sus gemidos y uñas enterándose en mi cuello me lo confirman.

Siento su cuerpo estremecerse al apretar sus nalgas en mis manos mientras sigo chupando y mordiendo sus pechos, me sobresaltó al escuchar su estruendoso gemido salir de sus labios haciendo que aleja mis manos de su trasero y mi boca de sus pechos.

—André... — gimotea.

—¿Acabas de correrte? — preguntó sorprendido, llevando mi mano a sus bragas.

—Lo siento — se disculpa avergonzada intentando pararse, pero no la dejo.

—¿Porque te disculpas? Sabes que esto solo me hace sentirme más orgulloso — beso sus mejillas enrojecidas.

—¿Por qué? —pregunta viéndome a los ojos.

—Porque puedo hacer que mi esposa tenga un orgasmo con solo chupar sus pechos— sonrío pícaro viendo cómo se sonroja más.

—Puedo pasar — giramos hacia la puerta al escuchar la voz de mi hermana.

Dacota se acomoda su vestido dirigiéndose al clóset donde se encierra, esta avergonzada.

— Pasa — contesto viendo cómo entra completamente a la habitación.

— Esta todo listo —dice con una enorme sonrisa, ¿no le dolerá sonreír así?

—¿Y Dacota?— pregunta viendo toda la habitación.

—Está cambiándose.

—Aún no estaba lista — se indigna.

—Tuvo un pequeño accidente — sonrío encogiéndome de hombros.

Vemos como sale del clóset, aún con sus mejillas sonrojadas. Se acerca a mi aferrándose a mi brazo.

—Bueno Dacota estas lista, te tengo una sorpresa — dice emocionada dando pequeños aplausos.

— ¿Ah sí?...¿qué será?— Dacota volteando a verme con una sonrisa, mierda.


































































































Tenía planeado subir mañana el final y terminar todo de una vez, pero se me complicaron unas cosas así que no podré :') lo haré hasta el viernes primero Dios, lo siento :v

Esposa Del MafiosoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora