Capítulo XVIII

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Madison
 
Los días pasaron sin muchos inconvenientes, bastante tranquilos a decir verdad, lo que es demasiado raro ya que este año ha sido un poco más agitado que los demás. Y como a mí no me gusta dejar las cosas como están y ya, voy a alterar un poco mi vida.
Lo hablé con mis amigos y están de acuerdo con que corte todo lazo con el hombre que aportó espermatozoides en mi creación.
 
Ahora mismo estoy en mi auto yendo con el abogado de la familia, Francesco Spark. Resulta que esto no es tan fácil como esperaba, son temas legales que debe dictaminar un juez. Existe algo llamado patria potestad, básicamente son las responsabilidades y derechos que tienen los padres sobre sus hijos, y no puedes renunciar o eliminarla así como así.
Según Francesco no tendremos muchos inconvenientes para poder lograrlo, pero en el mundo de la abogacía las cosas siempre se pueden complicar.
 
Bajo de mi auto colocándome mis gafas de sol, todos aquí se visten muy formal y yo no pensaba en quedarme atrás. Traigo una falda y un blazer color beige que hacen juego —amo los blazers, no me juzguen—, con una camiseta blanca básica buscando seguir con la sencillez, y unos zapatos de tacón blancos bastante cómodos.
 
—Buenos días, tengo cita con Francesco
Spark. —Le hablo al joven recepcionista que se encuentra en el recibidor del gran edificio, el buffet de abogados Spark's Company.
 
—¿Madison Fox? —Asiento y teclea algo en su computadora—. El señor Spark la espera en su oficina, señorita, es la puerta más grande del último piso.
 
—Gracias, conozco el camino.
 
Me dirijo a los ascensores dorados con un grupo de personas que también quieren subir.
 
—¿A qué piso va, señorita? —me pregunta un hombre de unos veinte años para marcar el número.
 
—Al decimoquinto por favor. Gracias.
 
Algo parece llamarle la atención en mi cara, porque me observa como si tuviera las respuestas del universo en la frente. ¿Me lavé la cara esta mañana? Tal vez me salió un enorme y repulsivo grano que está a punto de explotar.
 
Gracias al cielo no era nada de eso, solo preguntó si era de los pasantes por el piso al que me dirijo.
Resulta ser Bruno Spark, su nieto, lo que me dejó demasiado sorprendida ya que no sabía que Claudio —hijo de Francesco— tuviera hijos. Al parecer su madre no quiso que viviera rodeado de cámaras y esas cosas, por eso el gran misterio. Se mudaron a España cuando él tenía apenas dos años de edad, y ahí vivió hasta ahora.
 
El ascensor se abre en el décimo piso y entra una mujer que murmura un buenos días viendo algo en su celular.
 
—Me mudé aquí hace poco, estoy estudiando ingeniería. Aunque mi abuelo casi me deshereda cuando se enteró, pero valdrá la pena algún día.
 
Reímos juntos ganándonos una muy mala mirada por parte de la mujer. Casi que tengo que contenerme en sacarle la lengua, aquí son todos demasiado serios y no me puedo comportar como una niña de ocho años.
 
Las puertas vuelven a abrirse, solo que nadie entra esta vez. —Aquí me bajo, fue un placer conocerte, Madison.
 
—Igual.
 
Deja un beso en cada una de mis mejillas antes de salir, creo que es una costumbre en España hacer eso.
 
Llego al piso y lo primero que visualizo es la gran puerta de madera blanca. Camino hasta ella saludando a Marina, su secretaria desde hace ya quince años.
 
—El señor Spark está terminando una reunión, señorita Fox, pero puede esperarlo en su oficina. Le informaré de su llegada apenas se libere.
 
—Gracias, Marina. —le sonrío antes de entrar al despacho.
 
De niña este era mi lugar favorito, podía jugar por horas en el sofá negro, o dibujar en el escritorio y simular ser una importante empresaria como mi madre. Pero sin duda mi actividad favorita era ver el precioso atardecer frente al ventanal, pocas cosas me hacían sentir tan bien a esa edad.
 
La vista es muy hermosa, el sentimiento de grandeza y poder te invade al ver la ciudad desde las alturas. Desde aquí todo se ve pequeño y lejano, y estás tan cerca del cielo que sientes que puedes acariciar las nubes con la punta de los dedos.
 
—Te encantaba estar ahí de niña. —La voz de Francesco interrumpe mis pensamientos—. Recuerdo que rogabas por quedarte aquí todo el día mientras tus padres trabajaban, pareciera que fue ayer. ¿Cómo está mi sobrina favorita?
 
—Soy la única que tienes. —Correspondo su cálido abrazo, siempre fue como un tío de corazón para mí—. Me encontré con tu nieto en el ascensor, no sabía que tenías uno.
 
Por el intercomunicador de su escritorio llama a Marina. Mientras me invita a sentarme a charlar un rato antes de ponernos a trabajar. Ventajas de ser el jefe del edificio completo, tiene a un ejército entero de los mejores abogados del mundo trabajando aquí, ya podrán notar su éxito en la vida.
Me dejo caer en el cómodo sofá, testigo de los juegos más creativos de mi infancia producidos por mi imaginación.
 
Se escuchan tres suaves golpes a la puerta y luego a Marina entrando. —¿Necesitan algo, señor Spark?
 
Mi tío decide rememorar los viejos tiempo pidiéndole dos tazas del mejor chocolate caliente que pueda existir, osea el que ella prepara. No puedo no negar con la cabeza sonriendo al escucharlo. Hasta decidió cancelar una cita con no sé qué inversores rusos. 
 
Apenas Marina sale por la puerta, arqueo una ceja juguetona. —Eso no es muy responsable de tu parte ¿Qué clase de ejemplo quieres darle a una adolescente tan impresionable como yo?
 
—Eres todo menos impresionable, Madi. Hace mucho tienes tu camino bien definido. Pero cuéntale a este viejo qué es de tu vida, al parecer la menor de las Fox está entrando en el mundo de los negocios —canturrea con disimulo.
 
Ceo saber hacia dónde va esta conversación. Estoy casi cien por ciento seguro de que mi madre lo primero que hizo al enterarse de la noticia fue venir aquí corriendo a contárselo. Ello dos nunca fueron muy discretos con querer que estudie algo relacionado a la empresa
 
—Todavía no estoy segura qué querré estudiar, mis dos opciones son administración de empresas y abogacía. —Abre la boca para decir algo, pero lo interrumpo antes—. Si llego a elegir la segunda vendré aquí a que me aconsejes sobre todo, relájate.
 
Excusa su necesidad de ayudarme con pasarle cada uno de sus conocimientos de ese mundo a alguien, puesto que su nieto estudiará ingeniería. Hasta se indignó que Bruno tenga un bufete completo a su disposición y decidiera seguir los pasos de su abuelo materno.
 
Aunque estoy segura de que encontrará a alguien que maneje bien este lugar. En nombre de Francesco Spark resuena por las bocas de quienes aspiran a ser como él algún día, tendrá alumnos de sobra a quienes moldear a su gusto.
 
Marisa entra haciendo malabares con una bandeja con nuestros chocolates y... ¡también trajo pastel! en una mano y en la otra lleva como mil carpetas, no sé como hizo para abrir la puerta, pero me levanto para ayudarla con las carpetas. —Gracias, señorita Fox.
 
—No es problema. —Ojeo un poco el contenido de estas mientras vuelvo a sentarme en mi lugar —. ¿Te estás expandiendo, tío Chesco? —Utilizo el nombre con el que lo llamaba de niña, eso le saca una enorme sonrisa. Escucho un sonido nasal de asentimiento como respuesta.
 
La secretaria me guiña un ojo antes de salir. Hace bastante tiempo que no venía y ella me vio crecer. Solía dejarle dibujos de nosotras en su escritorio, incluso pude ver uno de los tantos pegado con cinta adhesiva a su agenda cuando llegué.
 
—Tengo unos socios en Rusia que están dispuestos a ser parte por el treinta por ciento de los ingresos de esa cede —señala la carpeta verde—, esos son todos los datos.
 
Me limito a observarlos medio confundida. No sé cómo decirle que es lo más idiota que podría hacer sin usar esa palabra.
 
—¿Hay algo que quieras decirme Madison? —pregunta al ver mi cara de queso agrio mientras toma un sorbo de la bebida que pidió—. Nunca te has guardado nada, no quieras empezar ahora.
 
—Pues... —veo los papeles que contiene otra de las carpetas, esta habla sobre los datos personales de los supuestos socios— ¿Anton y Arno Metzger? Esos ni siquiera son nombres rusos y aquí dice que provienen de allí. Creo que es una muy buena idea expandirse, pero no veo factible que pueda ser con ellos, no parece un terreno muy seguro.
 
—Eso mismo pensé yo. Tienes el toque, linda. Ahora —termina su chocolate de un sorbo—, vamos a lo que nos compete.
 
«Hora de ponerse serias»
 
—Eliminar una patria potestad no es tan fácil, pero es algo posible considerando que se cumplen todos los requisitos para que un juez la apruebe. El problema aquí es que se tendía que haber solicitado hace diez años. Sumando que Nathaniel no se volvió a acercar a ustedes...
 
Escuchar nuevamente su nombre me eriza la piel, ya no soy capaz de prestar atención a lo que Francesco me diga. Solo pienso en él, en el monstruo de mi vida y protagonista de mis pesadillas.
 
~
—¿Estás seguro de esto, Nathaniel? Es tu hija, hermano, no puedes...
 
—La decisión está tomada, la devolverá en una semana, va a estar bien. Nada que un par de drogas no ayuden a olvidar.
 
No entiendo nada, tío Chad y mi papi están hablando fuera del auto. Papi me dijo que iríamos a comprar un perrito, pero no creo que aquí halla alguno, solo hay pasto y vacas... ¡Hasta algunos caballos! Tal vez es una sorpresa y me llevará a montar como lo hacíamos antes.
 
—¿Papi? —Bajo del auto con mi muñeca de trapo, mi abuela la hizo para mí—. ¿Podemos ir con los caballitos? —Tiro de su brazo, pero se suelta bruscamente.
 
—No molestes, Madison.
 
—Ven, Madi, yo te llevo a verlos ¿Quieres? —Tío Chad me extiende su mano para caminar juntos. Parece triste, pero no entiendo por qué—. Escucha, linda. —Me levanta por debajo de mis brazos para sentarme en el cercado que divide el campo de la larga carretera—. Algunas cosas un poco raras pasarán, pero solo serán por un tiempo muy corto.
 
—¿Qué pasará? —Un caballito negro se me acerca—. Hola, amiguito.
 
—Irás de viaje con un amigo mío, luego volverás con mamá y papá ¿Entiendes? —Asiento distraída, mientras me den dulces voy a estar bien—. Te quiero mucho, linda ¿Lo sabes, verdad? —Vuelvo a asentir.
 
Lo miro para que él también salude a los caballos. —¿Por qué lloras, tío? —Intento limpiar sus lágrimas con mis manos, pero son demasiadas—. Nana dice que los que lloran frente a otros son más fuertes que los que lo hacen alejados de los demás.
 
—Tu nana es una mujer muy inteligente...
 
—¡Nathaniel! —Un señor se baja de un auto, se parece al que estuvo en casa hace unas semanas—. ¿La tienes?
 
—¡Chad, déjate de estupideces y tráela!
 
—Vamos, linda. —Me baja y toma mi mano para caminar. Pero me freno, ese hombre me da miedo—. Ey, Madi, todo va a estar bien, él es el amigo del que te hablé.
 
—No me gusta —sacudo mi cabeza—, me quiero quedar aquí.
 
—Se me acaba el tiempo, Nathaniel...
 
—¡Chad!
 
—¡Esperen un segundo! La niña está asustada, imagino que no querrán que haga un escándalo en el camino y seamos atrapados todos.
 
—Cinco minutos o no hay trato. —El señor se sube a su auto de nuevo.
 
—No quiero, tío, no me gusta él.
 
—Lo sé, lo sé. Pero solo serán unos días. —Niego con la cabeza aferrada a mi muñeca—. ¿Sabes qué hago yo cuando tengo miedo? —lo miro con mis oídos bien abiertos para poder escucharlo bien, me lo enseñó mi mami—, pienso en cosas bonitas, como helado, chocolate, caramelos... ¿Qué más es bonito Madi? —Caminamos hasta mi papi.
 
—¡Los caballitos!
 
—Muy bien. —Su cara cambia cuando llegamos con él—. Promete que van a cuidarla.
 
—Lo prometo, ahora llévate el auto y dile a Cristina que hubo un inconveniente en uno de los hoteles, cualquier cosa estoy en Polonia.
 
—¿A dónde vamos? —Nadie parece notarme.
 
—Al auto, ahora. —Me toma del brazo con fuerza.
 
—Papi, me lastimas...
~
 
—¿Madi?
 
~
—Papi...
~
 
—Madison, oye —alguien sacude mi hombro con suavidad—, cariño, ¿estás bien? —Seca algo mojado de mi mejilla. ¿Acaso estoy llorando?—. Si esto es demasiado para ti creo que lo mejor es dejar todo como está...
 
«¡No!»
 
—Estoy bien, Francesco solo... —por alguna estúpida razón mis lágrimas parecen ser infinitas— ¿Qué me decías?
 
—Madi...
 
—No.
 
—No estás en condiciones de...
 
Lo interrumpo endureciendo la voz. —No. Es algo que quiero y voy a hacer, no me permitiré derrumbarme por esto y si tú no estás interesado en ayudarme no me hagas perder mi tiempo, iré con alguien que si esté dispuesto a hacerlo.
 
Sé que estoy siendo una perra malagradecida, pero suelo ponerme a la defensiva cada que estoy débil. Considero que mi nana es una persona muy sabia, pero se equivoca en una cosa; los más valientes no son los que se quiebran en público, sino los que se mantienen fuertes a pesar de que el mundo se les venga encima, los que no permiten que vean sus debilidades.
 
Son contadas las personas que conocieron a la Madison doblegada: mis padres, mis amigos y mi nana. La vida me enseñó a ser así, aunque preferiría mil veces más nunca haberlo sabido.
 
—Lo siento, Francesco solo... Estoy un poco alterada, es difícil para mi todo esto... Sigue afectándome mucho.
 
De niña solía, hacer lo mismo cuando me enfadaba con Chesco. Solo que antes no lo amenazaba con buscar otro abogado, sino que con no compartir mis deliciosos caramelos que él me compraba con él.
 
Tomo una fuerte inspiración buscando calmar los nervios que se instalaron en mi garganta antes de seguir.
 
—Necesito eliminar este enorme peso de mi vida, necesito ganar al padre que merezco, el que de verdad me ama.
 
Luego de un par de horas por fin terminamos. Francesco tiene que enviar a la Corte de Familia la solicitud para eliminar la patria potestad de Nathaniel, y si todo sale bien, le presentaré los papeles de adopción a mi padre, a William.
 
—Muchas gracias, tío Chesco, no te das una idea de cuánto significa esto para mí.
 
—No es problema, Madi. —Me acompaña hasta la puerta de la oficina—. Pero promete que vendrás a visitarme más seguido, niña, no nos veamos hace años.
 
Paso mis brazos por su cuello dándole un fuerte abrazo prometiendo que no lo dejaré abandonado, abrazo que no tarda mucho en corresponder. Hasta le digo que la próxima traeré brownies de mi nana.
 
—Nos vemos luego, Marina —me inclino sobre su escritorio—, ese chocolate estaba delicioso.
 
—Me alegra que le haya gustado, señorita Fox, una taza siempre la estará esperando aquí. —Guiña un ojo cómplice—. Fue muy lindo verte, cariño.
 
Me dirijo al ascensor acompañada por el taconeo de mis zapatos sobre el suelo de mármol —¡Lo siento!
 
—No es proble... Oh, Madison. —Bruno frena el ascensor con la mano para que no se cierre—. Segunda vez en el día que nos topamos en un ascensor. —Algo lo confunde de la nada—. ¿Estuviste con mi abuelo todo este tiempo? —Asiento algo extrañada por su pregunta—. Pero la última vez que nos vimos fue hace como tres horas ¿Eres caza fortunas, Madison?
 
Río negando con la cabeza. Cuando logro calmarme le explico que teníamos que resolver un par de asuntos. Además crecí aquí y hace tiempo que no venía, había mucho de qué hablar.
 
—¿Así que tú eres la amiga chismosa de mi abuelo? Ahora ya sé por qué él sabe todo de todos aquí y en el mundo entero, son un par de metiches.
 
—Nos declaramos completamente
culpables —me encojo de hombros con las comisuras de mis labios elevadas—, tendrías que intentarlo algún día, es realmente divertido.
 
—No prometo nada. —Sacude su cabeza en señal de negación—. Tengo que irme, Madi, debo contarle un par de cosas a mi abuelo que tal vez no le agraden mucho. Fue un placer volver a encontrarnos en el ascensor.
 
—Igual —entro a la caja metálica—, intenta no arruinar su genio, lo dejé de muy buen humor. No querrás que las metiches del edificio comiencen a hablar de ti —susurro lo último en broma. Las paredes hablan en este lugar Bruno Spark.
 
Las puertas se cierran dándome una fabulosa salida.

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