Viviana
Termino de hacer el círculo con el líquido alrededor de la casa, para seguir con la misma línea en el interior. Mojo todo, muebles, fotografías, paredes, y lo que se me cruce por el camino; hasta el maldito perro recibe una pequeña dosis. La porquería con patas casi arruina mi plan la última vez con sus ladridos, merece un digno castigo. ¿Qué mejor que...?
—¿Quién diablos eres? —pregunta alarmada la mucama saliendo de la cocina— ¡Señora Rossi! ¡Hay algu...!
Me le lanzo encima antes de que termine la oración, no aprendí defensa personal durante tres años para nada. Le hago saber que si no se calla la mataré con una seña de dedos; por alguna razón sabe que no le miento, y qué suerte que lo hizo, porque llegué demasiado lejos como para detenerme ahora.
Busco una de las sogas que traje conmigo en la mochila negra y la ato a una silla que encontré por allí. Hice lo mismo con la anciana estúpida que, en vez de llamar a la policía como lo haría una persona normal, salió a averiguar por qué su compañera gritaba. ¿Es que les gusta hacerme el trabajo más fácil o qué? Creo que mientas la arrastraba por el suelo se le rompió uno de sus frágiles huesos, mi teoría se basa en el extraño crujido y su estallido en llanto tomándose del brazo.
Upsi.
«Cosas que pasan, ¿cierto?»
Exactamente, no tenía forma alguna de saber que le falta bastante calcio a ese húmero de dinosaurio.
Busco a alguna víctima que haya quedado por aquí y no me enterara antes. De todas formas, analicé con presión los horarios de las persona que entran y salen de esta mugrosa casa de asesinos; Madison perra Fox está fuera todo el día y no vuelve hasta la tarde luego de su clase de baile, Cristina zorra Miller trabaja en la oficina y luego viene aquí a eso de las seis de la tarde a seguir con sus labores, del otro imbécil solo sé que va y viene un sin fin de veces. Al mediodía es la mejor hora para atacar, ya que no hay moros en la costa, solo este par de inútiles que, bueno, ya vieron cómo terminaron.
Estoy a punto de subir las escaleras, cuando la maldita cosa peluda me muerde el tobillo izquierdo. Gimo del dolor antes de darle una patada en la cabeza que lo deja inconsciente en el suelo.
—Siempre creí que los animales se ven más bonitos cuando pasan por un buena sesión de taxidermia —observo a las rehenes—, ¿no lo creen? —Ruedo los ojos cuando las oigo gritar y llorar bajo las mordazas—. Patéticas.
Me encantaría poder seguir con mi camino, pero primero deberé encargarme del animal muerto; cada detalle del plan tiene que salir a la perfección o todo se arruinará.
Tampoco es que me hago mucho problema por el imprevisto, solo lo tomo de una de las patas delanteras y lo jalo hasta la primera puerta que se me cruza, el baño de servicio.
Ahora sí, subo las escaleras en silencio por si llega a haber alguien arriba. No descarto nada, nunca; porque si lo haces terminas como mi padre, muerto.
Conseguí los planos de la casa en el mercado negro, ¿por qué estaban ahí? Ni idea, pero me sirvieron para llevar a cabo varias maldades, y se acerca la última.
Entro a la habitación de la hija de la zorra, el aroma a flores y a perfume caro me dan nauseas; por suerte me quedó un poco del líquido que esparcí por el primer piso y los alrededores. Lo dejo a un lado, si lo utilizo ahora corro el riesgo de intoxicarme yo sola.
Dejo la mochila de antes sobre la cama y me encamino al baño. Nunca llegué a entrar aquí, pero al verlo me entran las repentinas ganas de destruirlo todo. Mientras mi madre se mataba con horas extras el el trabajo para llegar a fin de mes, estos hijos de perra le compraban cada lujo caprichoso que deseara la niña.
Explíquenme por qué una persona necesitaría una ducha y una tina diferentes, o dos lavamanos, o tres calienta toallas ¡Tres! Lo único que le falta es un mono que le haga piruetas.
«Para eso tenía el perro»
Oh, pues se quedó sin piruetas.
Río sola por mis ocurrencias.
Tomo un baño rápido y lavo mi cabello. La vez que nos abrazamos en el estacionamiento pude oler cada producto que tenía; shampoo de frutas, jabón corporal y crema hidratante con aroma a vainilla, y un perfume que no reconocí pero seguro es extremadamente caro. Todo lo que suele usar lo utilizo en mí, hasta me adueño de su bata negra que, vaya, es demasiado suave... tal vez me la lleve a mi casa al final del día. Descarto la idea casi al instante, mamá no puede saber de mi aventura con los Miller Fox, todo esto es por y para vengar a su marido, pero ella decidió que lo mejor es dejar las cosas como estaban.
Verán, cuando era niña tuve el honor y el orgullo de decir que mi papá se llevaba el trofeo al mejor del mundo, no éramos una familia con las mayores riquezas, pero estábamos llenos de amor.
Siempre me sonreía con la más cálida de sus sonrisas cuando entraba a la habitación, y pasaba horas armando barcos de papel conmigo que luego los llevábamos al lago y veíamos cómo se perdían con la corriente del agua. Solía decirme que cuando fuera mayor, sería la mejor capitana de cruceros que el océano haya visto alguna vez; que mi sueño se volvería realidad si tenía la fe suficiente.
Pero no importa la esperanza que acumulé con los años, las personas con dinero tienen la capacidad de pisotear todo a su paso, sin importar que arruinen la inocencia de una niña que amaba a su papá.
Una vez escuché a mi madre hablar con mi abuela —la mamá de mi papá— sobre el no tan misterioso accidente que sufrió su esposo.
Resulta que la escuela primaria era mucho más costosa que el jardín de infantes, por lo que estaban dejando cada moneda trabajada en mis estudios.
Luego apareció Cristina en nuestras vidas como, según ella, un rayo de esperanza en medio de la tormenta. Al parecer que esa perra infeliz no podía conformarse con la polla del padre de su hija, que tenía que irse camas de otros hombres, y aquí es donde aparece William Miller.
Esa dupla de escorias humanas se amaban lo suficiente como para deshacerse del padre de Madison sin importar qué. De alguna forma cruzaron caminos con papá, y le ofrecieron pagar mi escolaridad y universidad por completo si mataba a Nathaniel Dallas, con la condición de que no debía dejar rastros, que pareciera un simple accidente con drogas.
El problema fue cuando el trato no se cumplió. Mi padre estuvo meses siguiéndole el rastro al blanco en cuestión al rededor de todo el mundo; ese tiempo casi no estaba en casa, y cuando aparecía estaba muy ocupado como para jugar con su hijita.
La última vez que lo vi con vida fue subiendo a un avión con un boleto que había comprado con los pocos ahorros que nos quedaban, en camino a un país europeo. No supimos nada de él durante tal vez un mes, cuando la policía nos llamó diciendo que estaba preso en Los Ángeles por intento de homicidio.
Por supuesto que los amantes no podían dejar que la rata los delatara, por lo que le pagaron a algún prisionero muerto de hambre para que eliminaran la evidencia. Dejaron a una niña sin su padre, a una esposa sin su esposo, y a una madre sin su hijo, ¿Y todo por qué? Porque tienen el poder suficiente como para manejar a las personas como si de títeres se tratara.
Pero eso cambiará a partir de hoy. Ellos se llevaron a la persona que más amaba en mi vida, pues yo les arrebataré de las manos a su hermosa y perfecta hija, Madison Miller Fox.
El atormentarla con poemas extraídos de internet y objetos con significados terroríficos fue solo la punta del iceberg, ahora se viene lo bueno.
Me siento como de la realeza cuando tomo asiento sobre el sofá de un cuerpo que se encuentra frente al espejo del tocador. Sería genial poder darle un cambio de trescientos sesenta grados al plan y obligarlos a entregarme la casa sin quejarse, podría acostumbrarme a la vida de lujo junto a mi mami. Lástima que no se puede todo en esta cruel vida.
Tengo a mi disposición un sin fin de cremas, polvos, protectores, lociones, y otras cosas más que ni sé cómo se usan, ni las he visto alguna vez. ¿Quién es capaz de colocarse tantas cosas raras en el rostro sin cansarse? Exacto, los millonarios que tienen tiempo de sobra.
No uso ni la mitad de los cosméticos que hay sobre la placa de vidrio de la mesa; tampoco es que lo necesite demasiado, heredé un cutis fantástico. Al parecer no todos corren con la misma suerte.
Imito el maquillaje sencillo de la dueña de tales riquezas a la perfección. Por suerte Madison no es de las chicas que se producen a diario, con un poco de base, corrector, máscara de pestañas, y un lápiz aumentador de labios estoy lista.
—Casi lo olvidaba. —Me levanto y saco de la mochila los lentes de contacto celestes—. Preciosos.
Me quemé las neuronas tratando de averiguar entre un millón de fotografías el color exacto de sus ojos. Lo mismo pasó con el cabello, casi que me quedo pelada luego de tantos intentos fallidos; solo cuando la vi de cerca en persona es cuando lo pude igualar. Por suerte soy una maldita genio, porque papá no educó idiotas inservibles.
Los coloco con cuidado de no quedarme ciega en el intento y paso al armario que... joder.
— Maldición, Fox —Maldigo el día que no pensé que la niña nunca repitió una misma prenda, al menos no en estos meses analizándola.
Tardo más de lo esperado en encontrar el atuendo perfecto para la ocasión. Nuestros cuerpos son algo parecidos; mis caderas son algo anchas a comparación de las suyas, y sus pechos y trasero son muchos más voluptuosos. Pero nada que un sostén y bragas aumentadoras no puedan solucionar.
El vestido negro se ciñe a mi cuerpo a la perfección, y la chaqueta de cuero negro es de una calidad espectacular. No sé si será porque tenga la etiqueta de un diseñador famoso en el interior, que sientes que tienes una cuenta bancaria de diez números con solo ponértela.
Parezco una puta diosa así de arreglada; creo que luego de asesinar a la perra, podré quedarme con su imagen. De todas formas no es como que vaya a necesitarla en el infierno, allí se usan cuernos y pieles quemadas.
Bajo las escaleras con cuidado de no irme de cara al suelo gracias a los incómodos tacones cuando ya estoy completamente lista. Casi olvido en humedecer las pertenencias de la dueña, con mucho pesar tuve que arruinar esas preciosas prendas en el armario.
Los rehenes siguen en donde las dejé, solo que la joven logró sacarse la mordaza de la boca.
—Por... por favor. —Se la nota confundida al verme—. ¿Señorita Madison?
¿Es broma que hace que los empleados de aquí la llamen por señorita? Esta estúpida se volvió loca de remate.
—No, pero que me confundas con ella me da a saber que hice bien mi trabajo. —Camino hacia ellas luego de dejar la mochila en la mesa del recibidor. La anciana está cubierta en lágrimas, y algo desvanecida a de a momentos—. No te mueras aún, que todavía falta el show.
La mucama se mueve tratando de liberarse. —Por favor, la señora Rossi no está bien. Deja que la revise —suplica a nada de llorar—, te lo pido con la mano en el pecho.
No soy idiota, en el segundo que la suelte de las sogas hará todo lo posible por derribarme, lo que me quitaría tiempo y energías en algo que no llegará a nada.
Ignoro los demás ruegos y quejidos de las lloronas que abandono en la sala de estar para preparar lo que me hará falta cuando lleguen los protagonistas de la función.
Será divertido verles las caras de impresión al enterarse de que alguien que creyeron del pasado vuelve a tirarle de los pies. Papá solía decirme que no hay necesidad de entrometerse en lo que decidirá el destino con las personas que merecen el karma; yo creo que luego de una década esperando a que le llegue lo que merecen los asesinos se mi padre, tengo la posibilidad de darle un pequeño empujoncito al destino que se está tardando mucho. Lo único que recibieron durante ese tiempo fue crecer y crecer; pero como dicen, mientras más alto llegas, peor es el golpe al caer.
Escucho la cerradura de la puerta principal abriéndose. Volteo de espaldas a esta esperando mi fantástica entrada.
—Te dije que era mala idea intentar subirte a un juego de niños. —Las risas de la parejita inundan la casa—. ¿Te imaginas que ese mocoso de verdad te hubiera alcanzado a golpear?
—Estaría en graves problemas, porque su puño de elfo llegaba a mi rodilla. La doctora Rawson me asesinaría con una pelota de yoga... ¿Qué diablos...?
Volteo con una sonrisa maligna instalada en el rostro. —Bienvenidos a casa. —Los dejo literalmente sin palabras—. Cierren la boca, que pueden entrarles moscas.
—¡Señorita Madison! —La idiota amarrada vuelve a sacarse la mordaza—. ¡Corran por ayuda! ¡Está loca! —Se pone pálida cuando la veo amenazante.
Camino en busca de lo que dejé preparado; ¿Qué puedo usar primero? Hay sogas, navajas, electroshock... Nah, lo mejor será esperar a que lleguen los responsables de todo esto.
«Podemos comenzar antes»
¿Qué me propones?
«Mamá decía que jugar con la comida es de mala educación, pero es que es tan divertido...»
Pequeña malvada, tú si sabes cómo hacerme feliz.
Observo a Alexander con coquetería. —¿Qué dices? ¿Me veo bien? —Doy una vuelta mostrándole la transformación completa—. Lo más complicado fue hacer que los pies me cupieran en estos zapatos miniatura.
—¿Viviana? —pregunta incrédulo—. ¿Qué es lo que ocurre aquí? ¿Por qué te vestiste así? ¿Y por qué ataste a Clarisse y a Lorenza?
Su novia trata de ir en rescate de la anciana moribunda al verla en su situación, lástima que estoy preparada para todo y me guardé un arma cargada bajo el vestido por si tenía que actuar rápidamente.
Se detiene en seco cuando apunto en su dirección quitándole el seguro. Sería demasiado satisfactorio apretar el gatillo y terminar con todo una vez. No, sus padres tienen que sufrir lo mismo que yo al perder al ser más bondadoso que haya pisado esta asquerosa tierra.
—Que suerte que nos entendemos. —Dirijo la mira a su abuela—. Alexander, toma las esposas de la mesa y espósate a las escaleras, más te vale que estén bien apretadas; y tú, perra, arrodíllate en el suelo con las manos arriba. Como no lo hagan, se muere el dinosaurio.
Ambos cumplen la acción por miedo a que esté hablando en serio. Lo que no saben es que yo no tengo interés de causarle daño a nadie más que a la perra Miller Fox; pero no desearlo no significa que no lo haré si es necesario, así que lo mejor es hacer caso.
Miro el reloj, las tres de la tarde pasadas. Gracias a mis dotes en el arte del photoshop los tendré en casa en muy poco tiempo, porque de seguro dejarán todo el trabajo de lado por sacar a su pequeña hija del peligro. Ilusos, si tan solo supieran lo que les espera al llegar.
—Muy bien —las ansias me ganan—, mientras esperamos a los invitados faltantes —amarro las manos de Madison detrás de su espalda con una soga fina—, ¿hay alguien que quiera preguntar algo? —Ajusto bien el nudo por si intenta escapar.
—¿Además de lo obvio? —murmura irónica la perra.
En un momento de ira inaudita, tomo la picana eléctrica y se la clavo entre los homóplatos, al principio del tatuaje que tiene; se retuerce presa del dolor hacia adelante cuando la muevo un poco hacia abajo.
Su novio me suplica que me detenga, que la lastimaré; en estos momentos se estará maldiciendo por apretar las esposas tal como se lo ordené. Me considero una persona negociadora, así que la libero de su tortura electrificada y la dejo del lado contrario al que está Alexander.
Sonrío simulando ser amistosa. —Tratemos de evitar los comentarios irónicos, o comenzaré a cortar lenguas ¿entendido? —Río cuando asiente recuperando el aliento, esa cosa debe de ser bastante potente si la dejó así.
—Viviana —me llama el chico de ojos preciosos—, ¿puedes explicarme por qué haces todo esto?
Me olvido de la perra y camino hasta donde está capturado, las esposas que trae las compré en un sexshop. Luego podríamos darle otro uso que no sea tan tétrico como este, de todas formas tendremos mucho tiempo solos.
—Todavía no, solo puedo decirte que si estoy vestida así, es por ti. —Junta las cejas confundido—. Al principio del plan solo serías un instrumento que me informe sobre lo que pasaba dentro de su círculo de amigos. —Señalo a la chica tirada en el suelo—. Luego te enamoraste de esta idiota, aún cuando yo llegué primero. Creía que si cambiaba un poco mi estilo podría atraerte a mí; pero no hubo forma, quedaste embobado ante esta falsa de padres asesinos —Lo tomo de la mandíbula como siempre quise hacerlo—. ¿Esto es lo que te gusta? Pues me arreglaré así a partir de ahora para que me observes con el mismo anhelo que a ella. ¡No es justo que su familia se quede con todo lo bueno y le quite a la mía lo que más amamos! —grito espantándolo—. ¿Primero a mi padre, y luego a ti? No, no si yo puedo evitarlo.
Actúo con el enojo recorriéndome las venas. Por eso mi terapeuta dice que no debo sobre pensar las cosas, porque tengo problemas de ira muy fáciles de accionar si no los controlo antes de tiempo. Lo que ella no comprende es que esos mismos problemas me ayudaron a idear la medicina perfecta que se mereces las personas malas.
Busco en el jardín un cubo que lleno de agua con la manguera. Esto se pondrá mucho más divertido que solo electrificarle el cuerpo.
Vuelvo a donde dejé a mis rehenes; las idiotas del personas estaban tratando de liberarse de las sogas, la perra seguía adolorida en el suelo, y Alexander le preguntaba a su Bambi si estaba bien. Solo con escuchar cómo la apoda me entran las ganas de clavarle la picana en los ojos.
—¿Por qué haces esto? — pregunta Madison—, ¿qué diablos te hice?
Dejo lo que traía en la mano y me coloco de cuclillas justo frente a ella. —No hace falta actuar, sé que le mentiste a todo el mundo con lo del secuestro que justificaría la separación de tu madre con Nathaniel, sé que sabes lo que realmente pasó — tiro de su cabello para que me observe—, sé que sabes que tus papitos multimillonarios no son más que dos asesinos. —Caigo al suelo de pompas por la patada que me proporciona desde el abdomen.
—De mis padres no vas a estar diciendo mentiras baratas. —Logra sentarse—. Eres una demente, y como me entere de que te envió Rebecah, te regalaré un boleto directo al loquero del infierno.
Le devuelvo el golpe que me dio, solo que yo le doy con el pie en el centro del cuello, logrando que se sienta asfixiada y media embobada durante al menos unos segundos; justo lo que siento yo cada día sin mi papá.
—¡Viviana! —Que solo él me llame por mi nombre completo es algo que siempre me gustó—. Por favor, detente. No entiendo todavía por qué actúas de esta forma, pero podemos resolverlo.
—¡¿Acaso puedes revivir a mi padre?! —estallo sin poder controlarme—, ¡dímelo! Porque de idiota lo estuve extrañando más de la mitad de mi vida.
Dos personas entran apuradas por la puerta principal, perfecto, ya estaba perdiendo la paciencia.
Estuve analizándolos a la distancia por muchísimo tiempo, pero tenerlos a pocos metros me dan ganas de asesinarlos; tendré que hacerle caso a la psicóloga y mantener los humos con hielo, o arruinaré yo sola el plan que con tanto esfuerzo ideé.
Son descarados en poseer carteras y relojes que equivalen a lo que una familia de ocho normal usaría durante un mes, y lo peor es que no se molestan en ocultarlo, al contrario, lo muestran con orgullo. Los detesto.
—Los amantes por fin llegaron —me coloco detrás de su hija con el arma en mano—, justo a tiempo para el show. Por favor, los invito a colocarse las esposas junto al otro espectador; y se los advierto, no querrán intentar nada que termine por clavarle una bala en el cráneo de esta linda niña.
La zorra está a punto de caer desfallecida aquí mismo por el pánico que siente al ver lo que presencian sus ojos. Trata de correr a donde estamos, pero su segundo marido la detiene un segundo antes de que jale del maldito gatillo y todo termine.
Por suerte hicieron caso a mi orden y, en menos de un minuto, ya estamos listos para iniciar.
—¿Quién eres? —pregunta el amante, puesto que la otra no puede ni siquiera hablar—, ¿por qué haces esto?
Tomo a su niña de las greñas. —Tal vez no me reconozcas, pero de seguro conoces el nombre de Augusto Collins. —Cambia la cara de inmediato—. Soy su hija, y vine aquí a cobrar mi venganza.
Hundo la cabeza de Madison en el balde al tiempo que vuelvo a usar la picana eléctrica en su espalda; esta vez tengo que bajarle la potencia varios niveles o la convertiré en perra carbonizada antes de lograr que paguen como se debe.
ESTÁS LEYENDO
The Real You
No Ficción¡HISTORIA TERMINADA! Madison Fox: bailarina, multimillonaria, y heredera de un imperio hotelero. Los que no la conocen la catalogan como la hija de mami y papi que le compran todos sus logros; quienes realmente logran pasar esa muralla ven a una muj...
