Capítulo XIX

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Alexander
 
Veo a la chica del trasero de infarto irse, puede que discutamos como gatos cuando nos vemos, pero no puedo negar la belleza que porta en todo momento.
 
Aunque ese pensamiento desaparece apenas abre la boca, agota mi paciencia y me saca de mis casillas en menos de nada. Tal vez en esta ocasión haya sido culpa mía la pelea, pero no puedo evitarlo, cuando mi madre me llamó diciendo que Allie estaba en el hospital me puse como loco, tengo ese instinto protector con mis hermanas que estalla con cualquiera.
 
—Aquí tiene. —Le entrego la hoja firmada al enfermero que estaba frente a nosotros viendo todo.
 
Le recomiendo que la próxima se consiga un paquete palomitas antes de alejarme con una sonrisa a buscar a mi hermanita y mi madre.
Asomo la cabeza por la puerta de la habitación en la que la ingresaron preguntando cómo se encuentra mi lisiada favorita.
 
Levanta su pie vendado mostrándolo a modo de respuesta. Se queja del mes que permanecerá sin bailar vociferando que lo más probable es que Natalie se conseguirá a otra alumna estrella puesto que la actual —osea ella— tiene el pie roto. También comienza a decir que tendremos que regresar a New York puesto que la expulsarán y toda la mudanza habrá sido en vano y... No lo sé, dejó de interesarme con la parte donde decía que lo sentía muchísimo.
 
La interrumpo cuando ya fue demasiada charla. —Oye, oye, oye —la tomo sus hombros logrando que se calle—, nadie va a ser expulsado y no volveremos a New York. Harás el debido reposo y luego volverás a dar volteretas y saltos como siempre ¿Entendido? —asiente—. Gracias. Ahora dime dónde está mamá. ¿Se fue con el doctor modelo que te atendió?
 
No deseo un padrastro tan joven todavía, y por suerte eso no pasará aún porque nuestra madre solo recibió una llamada de su marido y salió para hablar con él.
Vamos al auto a esperarla mientras le envía un mensaje diciéndole dónde estamos.
 
—Ahora, lisiada, a caminar. —Paso su brazo por mis hombros para que se apoye en mí al caminar—. No vayas a caerte porque te dejo ahí tirada, no pienso pasar vergüenzas.
 
—Qué divertido que estás hoy. ¿Desayunaste payaso a la plancha?
 
Le explico que en realidad fue al horno. Así logra conservar mejor su sabor, y si le agregas un poco de mostaza y miel le da un toque dulce que te hace babear a mares.
 
Me corta a la mitad diciendo que no me soporta, y como respuesta beso su mejilla antes de quitarle el seguro a mi auto. Mamá ya nos está esperando apoyada en la puerta del copiloto.
 
—Tu padre dijo que te compre helado y que a la noche te preparará sushi, Allison.
 
Abro la puerta de atrás refunfuñando lo bien que tratan a la lisiada y saco mi mochila para ponerla en el baúl. Tengo que ayudar a loca número dos a subir con cuidado así que no se vaya de cara al suelo aunque solo tenga un pie vendado y no un yeso en la pierna entera.
 
«Cuando te quemaste con la cacerola caliente nos hizo pizza por semanas»
 
Es verdad, papá es el mejor cuando hacerte sentir bien se trata.
 
Enciendo el auto y salgo del estacionamiento escuchando a Allie contándole a mamá lo bien que la trataron allí, y que Madison y el doctor parecían conocerse, porque apenas escuchó el nombre de quien la acompañaba, Carson se ofreció a ser quien la atienda.
 
—Cristina me dijo que su padre también es médico, se cruzaron hace unos cuantos años en el mismo hospital —agrega mamá viendo por su ventanilla —Tal vez fue quien atendió a Madi luego del accidente.
 
Me da muchísima curiosidad saber qué le ocurrió, y voy a admitirlo, la misma noche de la cena en casa me puse a investigar sobre lo que le ocurrió. No había demasiado, solo que ella estuvo grave en el hospital y que su padre —el biológico— tuvo problemas con la policía, pero nada de sobre una muerte. El resto es confidencial puesto que la familia decidió que así lo sea, entonces es un misterio hasta para la prensa que todo lo sabe.
 
«Tal vez se golpeó la cabeza y por eso quedó así»
 
Esa fue buena, conciencia.
 
«Gracias»
 
Dejamos el asunto de lado y seguimos hablando de temas sin sentido hasta llegar a casa. Tardamos aproximadamente media hora, que hubiera sido menos tiempo si no hubiésemos pasado por la heladería que más llena de gente estaba.
 
—No puedo creer que te encapricharas con ese helado, hay al menos un trillón de heladerías en la ciudad y tú quieres esa. Eres extraordinaria, Allison. —Dejo las llaves en la mesada de la cocina frustrado.
 
—Es que es mi favorito —responde con una sonrisa inocente en el rostro—. Además, estoy lastimada, se supone que debes tratarme bonito.
 
—Bonito es el golpe que te diste. ¿Cómo diablos pasó?
 
Me explica que con su compañero quisieron dar una vuelta de trescientos sesenta grados y pues... Les salió mal. Miro a mi madre con la boca abierta incrédulo, esta solo se limita a encoger los hombros negando con la cabeza. ¿Es legal enseñarle eso a los niños?
 
—Iré a darme un baño, sería muy agradable encontrarme con una de las exquisitas sopas que hace mi hermano mayor cuando vuelva... —Sube las escaleras con ayuda de mi madre para no caer.
 
Ni de chiste.
 
«Vamos, consiéntela un poco»
 
Busco una bolsa de las compras y la llaves del auto enumerando lo que tengo que comprar en el supermercado. Es increíble lo manipuladoras que son estas mujeres.
 
«Adoras ser manipulado por ellas, no te hagas la víctima»
 
Voy y vuelvo bastante rápido, además de la carne picada compré un queso Sbrinz y un par de especias. Si hay algo que Allison ama es mi sopa de queso con carne, sí lo sé, suena raro, pero es un invento que me sale buenísimo.
 
Vierto en una olla el queso y la crema para derretirlo y luego licuarlo, mientras tanto en una sartén salteo la carne picada con las especias y un par de trocitos de pan lacteado.
 
Mamá me descubre cumpliendo los pedidos de loca número dos y no puede evitar la sonrisa burlona que se le instala en el rostro al entrar a la cocina.
 
—Solo porque está toda rota —me excuso antes de que diga algo y tomo dos tazones de la alacena cuando ya terminé la preparación—. Puedes ir a trabajar tranquila, de todas formas no tengo muchos planes que digamos. Aprovecharé para adelantar un par de ensayos. ¿La lisiada ya salió del baño?
 
—Sí, está en su habitación recostada. Procura que no salga de ahí porque es capaz de volver a la Academia así como está. —Toma su cartera y llaves del sofá—. Ya me voy, cariño, nos vemos en la noche. —Besa mejilla mientras pongo la comida en una bandeja junto a un vaso de agua—. ¡Avísame por cualquier cosa!
 
Escucho la puerta principal cerrarse.
 
Subo las escaleras procurando no tirar todo al suelo porque queda solo un plato más y es para mí, no pienso compartirlo con nadie.
Toco la puerta de la habitación de Allie y se escucha un pase del otro lado.
 
Sonríe al verme entrar con comida. —¿Sabías que tengo al mejor hermano del universo? Porque lo tengo. —Se sienta en la cama recibiendo su tazón y el vaso de agua—. ¿Mamá te dijo que me cuidaras verdad? Porque no tienes que hacerlo, puedes irte con tus amigos, o hacer ejercicio...
 
Le informo de antemano que yo no me voy a ir y ella no se vas a escapar. En la Academia ya están enterados de su lesión y del tiempo de reposo, así que no podrá llegar muy lejos si intenta cualquier cosa que no sea quedarse aquí acostada en cama. Mis palabras logran que gruña por lo bajo lo mucho que me detesta, y que conste que no le quito la comida solo porque esa sopa se pone fea si no la comes en el momento.
 
Suena el timbre de la casa, pero lo ignoro porque vi el saco de Gerardo colgado en el vestidor cuando entré a buscar la bolsa del mercado, luego le preguntaré quién era.
 
Me levanto del colchón luego de dejar un beso en su frente. —Bueno lisiada, estaré en mi habitación haciendo cosas de la escuela, si necesitas algo grita. —Estoy a punto de salir de su habitación, pero recuerdo algo que me obliga a frenarme—. Los de seguridad saben que no puedes salir de la casa, será en vano intentarlo. —La señalo con el dedo—. Buen provecho, enana.
 
Camino hasta el primer piso de nuevo para ir a buscar mi comida. Escucho que alguien habla en la puerta y sigo de lago a la cocina.
El tazón de sopa que me corresponde a mí lo dejé en el horno y que así no se enfriara, por lo que lo saco con un trapo puesto que sigue algo caliente. Apenas lo dejo en la mesada el lugar se inunda por el olor de esta delicia, es un aroma a queso, mezclado con nuez moscada y un toque de ajo.
 
«Delicioso»
 
Gerardo entra con un bolso en la mano, el de mi hermana. Al verme pregunta cómo se encuentra la señorita Allison antes de cualquier cosa. Se queda más tranquilo que no fue nada grave, solo una lesión en el tobillo que sanará con tiempo.  
 
—Una chica muy agradable lo trajo de la Academia —levanta lo que traía—, al parecer la señorita lo dejó ahí. Me mandó a decir que la consientan con mucho helado.
 
—Mi padre se encargará de eso, tranquilo. —Tomo mi comida y una cuchara—. Estaré en mi habitación, Gerardo, recuerda que la lisiada no puede abandonar su punto, mucho menos salir de la casa.
 
Asiente con una sonrisa y subo las escaleras.
 
Estoy toda la tarde con tareas, ensayos, trabajos y exámenes. No sé cómo diablos haré para llagar a la universidad sin tener canas verdes.
 
Las pre-solicitudes de becas ya llegaron, eso significa que los que tienen familias que pueden pagar la escolaridad deben ir viendo a dónde quieren ir. Aunque algunos envían las solicitudes de admisión a cualquier institución solo para saber si tienen el potencial que se requiere si quieren estudiar allí.
 
Yo por mi parte tengo entre las cejas entrar a la Universidad del Sur de Florida, desde que tengo memoria prácticamente. Allí se encuentran los Bulls, uno de los mejores equipos de futbol americano del país.
Hace unos cuantos años el entrenador me fue a ver jugar a la final de un campeonato —que ganamos—, me dijo que si seguía así podría tener un lugar en su equipo. Luego dejé de entrenar y... Todo se fue al diablo.
Hace bastante que no hablo con él, solo espero que las victorias de los últimos juegos me vuelvan a posicionar en su radar.
 
Mi teléfono suena por una notificación que me saca de mis pensamientos.

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