Capítulo 49

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El silencio dominaba la noche, lo único que podía escucharse era el suave repiqueteo de los pasos de aquellos guardias que vigilaban el palacio. 

La luz de la luna bañaba el enorme jardín, las hojas de los árboles se columpiaban suavemente con el viento, no había nadie en aquel lugar, la persona más cercana deberían ser los guardias custodiando las murallas que separaban el palacio del resto del reino, pero aquellos hombres estaban varios metros lejos. 

Ji-eun miraba a su alrededor, pero no había nada que pudiera hacer, trataba de luchar con los hombres que la llevaban a rastras pero era imposible, la mordaza en su boca le impedía gritar. Pero sabía que eso no le serviría de nada. 

Su cuerpo débil temblaba, sus ojos veían todo borroso debido al hambre que llevaba días sintiendo, su mente embotada apenas le permitía conectar un par de ideas, pero lo único que quería era escapar. En este punto sería inútil, pero debía intentarlo, necesitaba encontrar a su hija, no podía dejar a su pequeña Taeyeon a merced del rey TaeHyung. 

Pero estaba tan cansada, el hambre y sed tenían su cuerpo al borde de la muerte, había pasado las últimas dos semanas en aquella choza, nadie se acercaba ahí, sólo habían ido dos veces para arrojarle agua y era por eso que aún no estaba muerta. Pero no estaba lejos de estarlo, lo sabía, en cuanto los guardias habían llegado por ella tuvo claro que eran sus últimos momentos en este mundo. 

La llevaron a una construcción en alguna parte de aquel inmenso jardín, la estructura de granito blanco reflejaba el brillo de la luna. Al entrar estaba ilumina por algunas antorchas, gracias a la tenue luz rojiza pudo apreciar las estatuas que decoraban el lugar, había columnas altas, el techo era de cristal por donde brillaba la luz en tonos morados, la piedra que comenzaba al terminar el cristal tenía un grabado en alguna lengua antigua. 

Su mente confusa sólo se enfocó en aquellas letras grabadas en la piedra. 

—La sangre es el precio, el sufrimiento es un castigo y su dolor es mi placer. 

Ji-eun giró el rostro rápidamente, su cuerpo comenzó a temblar. A unos metros de ella estaba un hombre que no había visto antes. 

Su rostro era débilmente iluminado por las llamas de la antorcha, tenía el cabello oscuro como las plumas de un cuervo, su piel era pálida como el marfil, sus labios color cereza sonrieron haciéndolo lucir aún más hermoso, pero eso no pudo evitar que el terror invadiera a Ji-eun. No cuando se encontró con la ojos de aquell hombre, porque fue en ese instante que supo de quien se trataba. 

Ojos del color del oro, unos hermosos orbes que la miraban con tanto desprecio que incluso su respiración se cortó. 

Jamás había estado en presencia del rey SeokJin, conocer a TaeHyung había sido abrumador pero estar frente al rey de Giftenkker era, ni siquiera encontraba la palabra para decirlo, se sentía irreal. El hombre era hermoso, pero no era su belleza lo que lo hacía resaltar, era lo imponente que se sentía su presencia, el poder que parecía salir de sus poros y la maldad que se escondía detrás de esos orbes dorados que aparentaban debilidad e inocencia. 

Cuando ella había conocido al rey YoonGi se sintió asustada, intimidad por la presencia del rey. Ella escucho las historias, la crueldad del rey era legendaria, pero cuando lo había visto supo que el rey no haría nada sin tener al menos una razón, aquellos ojos verdes eran duros, pero parecía un hombre paciente, alguien que no mataría a alguien sin una buena razón. La presencia el rey del norte era intimidante, te obligaba a quedarte quieto y aguardar por sus órdenes. 

El rey SeokJin no era así. La necesidad de caer de rodillas y suplicar por la misericordia del rey era lo único en su mente. Ella había vivido en las calles y conocía los peligros que se escondían en la oscuridad, y ella podía sentirlo. No había peor mal que aquel que sabe esconderse. 

Rey de Coral  *KookV* Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora