Capitulo 6

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¡Navidad, nieve, villancicos y muchos regalos bajo el árbol esperando ser abiertos!.

Fue durante el tiempo dónde todavía eran papá y Zoé... aunque en realidad no fueron papá e hija todo el tiempo, Charly tenía muchos amoríos con distintas chicas y no es que tuviera algo de malo o que hicieran algo indecente en su presencia, pero su padre se concentraba en querer encontrarle a la madre perfecta, que, se olvidaba primero de ser un buen padre.

Como cada año la pequeña Zoé había recibido un gran número de regalos aunque solo habían dos personas quien se los daba. Sus favoritos siempre eran los de su mamá, un paquete que cruzaba el océano desde Francia hasta Nueva York solo para ella, ese año en particular le pareció extraño que su mamá le hubiera mandado un regalo desde tan lejos, pues, tenía poco de llegar a la ciudad y vivía a algunos minutos de camino, lastima que no podían vivir juntas. ¿Pero, por qué el regalo de parte de ella llego por correo cómo cada año, envuelto en plástico de burbujas y con muchos sellos postales?. No le tomó importancia pues estaba emocionada y Charly creyó que tal vez lo había apartado de haya antes de llegar a América o lo compro por internet.

Zoé lo abrió los regalos de su mamá eran los mejores, le mandaba ropa muy bonita, coloridos zapatos con brillos iguales a los de las princesas, siempre con bolsas y sombreros a juego o juguetes increíbles, el año anterior le había dado una casa de muñecas con el tamaño perfecto para caber en el buró junto a su cama y que sustituyó su lámpara de noche, pues también podían prenderse las luces del interior, era preciosa.

Los obsequios de ese año no estaba siendo la excepción, le había dado un precioso abrigo afelpado de color rosa con guantes y botas a juego, un par de pendientes de oro y un juego de arte con pinturas y pinceles, bromeó con convertirse en Picasso o Da Vinci y que quería crear la más hermosa obra de arte, mejor que la Monna Lisa y quitarle su lugar en el Louvre.

Todo iba de maravilla, hasta que llegó la novia de su papá, de ese entonces, con la que compartirían la cena de navidad ese año, una desagradable chica llamada Olivé.

Zoé no tenía ganas de ver a esa chica por lo que pasó el resto de la mañana abriendo sus regalos en la habitación, fue cuando encontró otro obsequio con los mismos sellos postales que venían en los paquetes de su mamá, por lo que supuso que era otro regalo de último minuto, abrió el paquete, dentro de la caja de la empresa de paquetería, encontró envuelto en papel protector un regalo, en todo sentido de la palabra, envuelto en papel de color rosa, con un gran moño de listón en la tapa y una tarjeta colgando, eso era nuevo, pues sus obsequios venían en cajas sin decorar, no eran muy festivos pero la intención era lo que contaba. Este era bonito y al leer la tarjeta no supo que sentir, tenía un sencillo mensaje de feliz navidad y estaba firmando por alguien llamada Chloé.

Chloé... su papá le había hablado muy poco de ella, fue difícil asimilar que tenía una hermana en otro lugar del mundo, no sabía más de ella que su nombre y que tenían la misma madre, jamás había despertado en ella la curiosidad de querer conocerla y a decir verdad no sabía cómo sentirse al respecto sobre ella, le era indiferente, por lo que dejó el regalo sin abrir hasta estar segura de que quería descubrir de Chloé y como posiblemente se sentiría.

Pasó navidad, año nuevo y muchos, muchos días más. Cuando la frustración le ganaba por no parecer simpatizar con su madre empezó a desquitar su frustración moliendo a patadas el regalo que había echado en un rincón en su clóset, pues todo parecía indicar que si su mamá no la quería era por culpa de esa Chloé, con la que constantemente su madre la confundía, la llamaba "clóset" muy similar a Chloé, como si la lengua de su madre se negara a decir su nombre. Había días en que Audrey le decía "por qué no puedes ser como tú hermana" clavando una furiosa mirada en la pequeña que no sabía que había hecho mal.

Un día simplemente se arto de estar en la sombra de Chloé, que tomo el destrozado regalo y lo arrojó al depósito de basura abriéndose sin querer, el paquete que ya estaba demasiado frágil, la carga se terminó por salir y como tenía mala puntería pues el contenido terminó regado por todo el piso al rededor del contenedor, Zoé no quería tener problemas y se apresuró a recojer las serpentinas y confetis de colores -era un regalo muy festivo-, para luego encontrarse con el osito de peluche más lindo que jamás haya visto, de felpa rosa,ojos de cuentas de color azul cielo, tenía un tutú y zapatitos con listones como los de una bailarina de ballet, tenía una coronita de flores y olía a perfume, realmente encantador y no contuvo su deseó de tomarlo, se sintió feliz pues nadie además de su mamá o su papá le daban regalos tan bonitos y especiales, "¿Tal vez esa Chloé no era tan mala?", pensó, pero la emoción le duró poco, cuando al abrazarlo con fuerza la grabadora de voz se activó...

—"¡Te odió niña boba!" —dijo.

Lo que provocó el llanto automático de Zoé que arrojo con todo su desprecio el peluche a la basura, a partir de ese día fueron muchas veces que Zoé tiró y saco del bote de la basura el pequeño peluche, incapaz de tenerlo cercas, ni de alejarse de él. Cuando pasaba por un día particularmente malo volvía a reproducir el horrible mensaje de Chloé, si ella la odiaba pues entonces el odió era mutuo.

Su relación con su madre mejoró con el tiempo gracias a su empeño por parecerse más a ella en su forma de actuar, moverse, hablar caminar, como un pequeño clon de Audrey la cual por fin había aprendido su nombre, lo único que detestaba era ser grosera con las personas, Audrey lo era, por lo que para no perder la simpatía que había ganado procuraba tener una ofensa en los labios que despotricaba contra la primera persona que creía que a su madre no le agradaría, era difícil tener el mismo juicio de Audrey, pues a ella le agradaban todas las personas y quería tener muchos amigos, lo que era difícil pues no todos soportaban que fuera tan altanera y presumida, creía que no le importaba siempre y cuando tuviera la aprobación de su mamá a la que quería tener para siempre.

Fue devastador para Zoé el día que supo que su madre se iría de nuevo a París después de lo mucho que le costó retenerla, pues tontamente creía haber hecho lo suficiente para hacer que se olvidará de Chloé, desconociendo que Audrey iba y venía por el mundo sin miramientos de a quien dejaba, pues era una mujer independiente con la idea de que lo único que importaba era ella.

Charly la consoló diciéndole que sería por poco tiempo, un viaje de negocios como solía hacer a veces, pero para lo único que regresó Audrey fue para cerrar negocios en Nueva York y anunciar la nueva cede de su revista, rompiendo el corazón de Zoé que rogó de rodillas que la llevará con ella pero Charly no se lo permitió, el hombre estaba arto de ver a su única hija mendigar por el amor de su madre, si Zoé estaba deseosa de una figura maternal se la daría y fue cuando anunció su futuro matrimonio con Chandra a la que tenía tiempo frecuentando y con la que deseaba formar una familia.

Zoé se sintió desolada, abandonada y más sóla que nunca, Chandra no le era desagradable pero no podía verla más que cómo una doctora y ella sabía que no la veía como hija, era su paciente, pues era muy distinta la mirada que le daba a ella comparada con su forma de mirar a Kenia, sus ojos brillaban y su rostro se relajaba dibujando una sutil sonrisa cuando la pequeña cruzaba la puerta, era una reacción automática e instintiva, pero, cuando los ojos marrones de Chandra se concentraban en ella eran fríos y calculadores, incluso si postura delataba que lo que hacía era estudiarla; era sentirse todo el tiempo bajo el microscopio.

La presión empezó a aumentar cuando Chandra empezó a ver sus calificaciones, las cuáles en palabras de la mujer eran decepcionantes y luego estaba Kenia entrando y saliendo de su cuarto rompiendo sus cosas, robando su ropa... era infeliz. Cuándo cruzo el umbral rumbo al internado, creyó que jamás dejaría de serlo  hasta que Sofíe le dió su amistad.

Era infantil su conducta pero culpaba a Chloé de su infelicidad, si ella no existiera su mamá estaría a su lado con su papá formando una familia feliz que siempre había deseado, era su pensamiento y nada la haría cambiar de opinión.

ZoéDonde viven las historias. Descúbrelo ahora