Capítulo 3: Luz de estrella

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El rey León volvió a encerrar a la princesa, pero esta vez en lo más profundo del castillo real, mientras estudiaban el porqué de su brillo. Astria no se sentía diferente, siempre había estado sola, así que no era que necesitaba de compañía, había sido bonito compartir con más personas que le dirigían su palabra además de las sirvientas o los guardias, pero solo había sido un momento pasajero.

Al tiempo, descubrieron que Astria no brillaba más y que su piel se iba poniendo cada vez más oscura a medida que la alejaban del contacto con el exterior. Su apetito comenzó a disminuir y con eso su peso comenzó a bajar. Se sentía más cansada e incluso, ya no tenía ganas de leer libros que le traían. Tenía todo al igual que antes, comidas buenas, un buen lugar para descansar, libros que leer, cuadros que pintar, pero ella solo comenzó a anhelar una cosa, dormir.

—Haz que se case con la hija de uno de los ministros y los demás reinos te dejarán tranquilo —dijo el príncipe heredero ya aburrido de tener que recibir flores y regalos para su media hermana.

—Puedes hacer reuniones con los pretendientes, así todos podrán tener un tiempo con ella y se tranquilizarán —dijo su otro hijo.

—No es como si fuera su hija después de todo, pero sigue siendo una mujer y una mujer muy bella, ¿no sería bueno esperar alguna propuesta más beneficiosa? —preguntó la reina agarrándose el vientre ya casi con siete meses de embarazo.

—Mi señor, todo se calmará cuando llegue la luna nueva, creemos que es algo hormonal. La difunta reina era muy delicada de salud, quizás es por eso que su hija salió así. —Los consejeros del rey intentaban a toda costa buscarle una explicación.

—Eso no me sirve —dijo el rey echándose más en su silla— ¿Dónde está el hechicero que mande a buscar o encontraron algún sabio que me explique por qué todos perdieron la cabeza con ella? Maldita bastarda, el primer día que sale a la luz y deja solo caos.

—La joven no tiene la culpa, despósala con algún rey y que él se encargue de los demás. De todas formas, ya tiene la mayoría de edad —dijo la reina.

—No, es verdad lo que dice Catherine. No puedes dejar que se vaya. Si ella vale más de lo que uno se imagina es mejor que esté aquí papá. No sé la des a cualquiera.

—Señor, el rey de Átkozott no ha dejado de mandar cartas, tal vez ellos sepan qué brujería es. Se dice que sus ancestros tenían magia en su sangre.

—Podrías recibirlo y que te explique lo que ocurre —dijo el príncipe Cristian.

—Ese bastardo envió cartas, pero no es por ella. Tengo otros asuntos que tratar con él. Aun así si mostrara interés en la princesa al igual que los demás debería aprovechar de pedirle acceso a su reino o secretos de él, eso podría ser beneficioso para todos nosotros.

Astria, por otro lado, no se sentía desilusionada por su familia, vivir más cerca de su padre y de su familia era algo que no había imaginado nunca. Estaba entusiasmada del día que la dejarán salir y volviera a verlos a todos, sería como un hermoso reencuentro. Para ella era normal la forma en la que vivía, sola y que de vez en cuando tenía una que otra visita, pero no esperaba que su padre no fuera a verla ni un solo día.

—Astria —dijo la voz de una mujer por detrás de su puerta.

—Alice. —Astria al escucharla se puso de pie con rapidez y caminó a la puerta para abrirla. La recibió con la mejor sonrisa que podía tener. Alice la abrazó y juntas se sentaron en la mesita de centro con una taza de té de manzanilla y dulces.

—¿Estás durmiendo bien? Te ves un poco cansada.

—Sí, de hecho, he dormido más de la cuenta, pero debo estar un poco enferma. Nada de que te puedas preocupar.

Desde los ojos de una Estrella. (Edición Físico)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora