James esperó a que el agua de la ducha sonara en el piso de arriba. Después esperó treinta segundos más, por precaución. Cuando estuvo seguro de que Naomi no podía escuchar, se levantó del sillón y miró a todos con la expresión que reservaba para las conversaciones que nadie quiere tener.
—Sala. Ahora. Todos.
No fue una invitación. Fue una orden con forma de frase.
Se reunieron en menos de un minuto. Ingrid, Jacob, Magnus, Raven, Evelyn, Astrid, Baltazar, Leuthier, Martín, Sam, Andrómeda. Nadie se sentó. El aire de la sala cambió como si alguien hubiera bajado la temperatura diez grados.
James se quedó de pie frente a todos. No se apoyó en nada. No cruzó los brazos. Habló con la voz plana y precisa de un cirujano que va a dar un pronóstico que nadie quiere oír.
—Angel está estable. Pero no puedo garantizar que vaya a despertar.
Nadie respiró. Nadie se movió. El tono de James no lo permitía. Había más colgando del final de esa frase como un cuchillo sobre un hilo.
—Y si despierta, hay una posibilidad real, y no pequeña, de que haya perdido sus capacidades vampíricas. Parcial o totalmente.
El silencio que siguió no fue incómodo. Fue el tipo de silencio que pesa, que se siente en el pecho, que obliga a tragar antes de poder pensar.
—Explícate —dijo Ingrid. La voz le salió firme, pero los nudillos se le habían puesto blancos.
—Su cuerpo sufrió un colapso energético completo —continuó James, midiendo cada palabra—. Piénsenlo como un procesador que se sobrecalentó. Cuando eso pasa, hay tres resultados posibles: el procesador muere, el procesador arranca pero con fallos permanentes, o el procesador se apaga y no responde por un tiempo indefinido hasta que se enfría lo suficiente para volver a funcionar. Angel no murió. Eso ya lo sabemos. Pero lo que no sabemos es en cuál de los otros dos escenarios estamos.
—¿Qué significa "fallos permanentes"? —preguntó Jacob con la voz baja.
—Significa que la velocidad, la fuerza, el aura, la capacidad regenerativa, la resistencia, todo lo que lo hace lo que es, podría no estar cuando abra los ojos. Podría volver en semanas. En meses. En años. O podría no volver nunca.
—Seguiría siendo vampiro —dijo Leuthier. No era una pregunta. Era una confirmación que necesitaba escuchar en voz alta.
—Seguiría siendo vampiro —confirmó James—. Pero un vampiro sin velocidad, sin fuerza y sin capacidad de pelea es un vampiro que no puede defenderse. Y en el mundo en el que vivimos, eso es una sentencia.
Nadie habló. Evelyn se llevó la mano a la boca. Magnus miró al suelo con la mandíbula apretada. Raven se pasó las manos por la cara. Ingrid no se movió, pero los puños le temblaban a los costados del cuerpo con una fuerza que habría doblado el acero.
Baltazar dio un paso adelante. No pidió la palabra. La tomó. Y cuando habló, la voz le salió con el peso de alguien que ha vivido siglos y ha enterrado a más gente de la que puede contar.
—Entonces nos preparamos —dijo—. Si Angel no puede pelear, peleamos nosotros. Si no puede defenderse, lo defendemos. Pero nadie en esta sala tiene el derecho de quedarse quieto esperando que despierte y resuelva todo. Cada uno de ustedes va a entrenar como si la vida de Angel dependiera de eso. Porque probablemente depende de eso.
La sala se quedó inmóvil. Las palabras de Baltazar no admitían réplica. No porque fueran autoritarias, sino porque eran ciertas.
James asintió una vez. Después añadió lo último, y lo dijo mirando a cada uno por separado, asegurándose de que la instrucción llegara sin fisuras.
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Vampire Rebellion
VampireEn el pasado, se cazaban a las Brujas y las quemaban vivas, y se sigue teniendo la sospecha de que merodean por nuestros alrededores, pero... ¿nunca te haz preguntado si hay un Vampiro a tu alrededor? Ven sumérgete en este mundo fantasioso, oscuro...
