La camioneta negra bajaba por la colina con esa suavidad silenciosa de los motores que no necesitan hacer ruido para impresionar. Las luces de Londres se extendían abajo como un mapa encendido, y Angel miraba por la ventana con la pierna moviéndose sola, traicionándolo.
—Bien, ¿me podrían decir a dónde vamos? Me estoy poniendo extremadamente nervioso —dijo sin apartar los ojos de la ciudad.
—Tranquilo, vampiro. Solo vamos a pasarla bien —respondió Martin desde el volante con esa voz suya que no subía de tono aunque el mundo se estuviera cayendo.
—Saca el vino que está a tu izquierda y ve relajándote —añadió Sam, señalando hacia el pequeño bar integrado en la consola lateral.
Angel abrió el compartimento. Tres copas, una botella. Sirvió sin preguntar, repartió y se quedó con la suya.
—¿Quieren? —ofreció levantando las copas hacia Sam y Andrómeda.
—Claro que sí. Para ir entrando en calor —dijo Andrómeda con una sonrisa torcida que no anunciaba nada bueno.
—¿Cómo que entrar en calor? —Angel lo miró de reojo con el ceño levemente fruncido.
—Muy tenso andas hoy, hombre. Tranquilo —intervino Sam tomando su copa.
Bebieron despacio, dejando que la ciudad fuera pasando afuera. La camioneta tomó una avenida más amplia, metiéndose hacia el centro, donde los edificios crecían y las fachadas de los locales se volvían más costosas cuanto más avanzaban. Angel reconoció la zona sin poder ubicar exactamente por qué. Pasaron por una calle residencial justo antes de llegar al centro, y desde la ventana de una de esas casas, Elizabeth miraba hacia afuera con el teléfono en la mano.
La ventana del segundo piso la enmarcaba perfectamente. Sobre la colina a lo lejos se distinguía una propiedad grande, y bajando por ella, una camioneta negra que pasó a toda velocidad frente a su casa sin detenerse.
—Creo que acabo de ver la camioneta de Angel pasar frente a mi casa —dijo en voz alta.
—¿En serio? —respondió Aaron desde la llamada grupal.
—Sí. Negra, a toda velocidad.
—Yo también veo su casa desde aquí —dijo Naomi, asomada a su propia ventana—. Y sí, vi un auto bajando por la colina —añadió, cerrando la cortina despacio.
—Hablando de Angel —dijo Lilith, cambiando el tono—, ¿cómo te fue con él, Elizabeth?
—Muy bien. La verdad me la pasé genial. Se portó muy amable.
—¿No te tocó?, ¿no se propasó contigo? —preguntó Lilith sin rodeos.
—Obvio no. ¿Pues qué piensas de él?
—Que no lo conocemos del todo. No te confíes, no me da buena espina.
—Deberías dejar de juzgar sin conocer —dijo Naomi.
—Opino lo mismo —añadió Judith.
Hubo una pausa breve, de esas que indican que alguien está pensando en algo que todavía no sabe cómo decir.
—¿Le vieron el color de los ojos? —preguntó Vincent.
—¡Sí, pensé que era la única! —saltó Lilith de inmediato.
—¿De qué hablan? —preguntó Jaden.
—Del color de sus ojos —respondió Vincent.
—Yo no los noté —dijo Carl.
—¿Por qué, qué tienen de raro? —insistió Jaden.
—Los tiene de color rojo —dijo Lilith con la precisión de quien lleva un rato queriendo decirlo.
ESTÁS LEYENDO
Vampire Rebellion
VampireEn el pasado, se cazaban a las Brujas y las quemaban vivas, y se sigue teniendo la sospecha de que merodean por nuestros alrededores, pero... ¿nunca te haz preguntado si hay un Vampiro a tu alrededor? Ven sumérgete en este mundo fantasioso, oscuro...
