—¡Bien, comienza la primera ronda! —anunció Fenix desde las bocinas del cuarto de gaming—. Todos contra todos. El primero en llegar a treinta bajas gana. Que gane el mejor.
Naomi se acomodó frente a su monitor con la postura de alguien que no ha venido a divertirse sino a ganar. La sonrisa se le borró en el instante en que el mapa cargó.
—Vale, chat, vamos a concentrarnos —dijo con la seriedad de una cirujana a punto de operar—. Las alertas ya están desactivadas, así que no me donen porque no los voy a leer.
Los once personajes aparecieron dispersos por el mapa. Naomi se movió desde el primer segundo con una fluidez que no correspondía a alguien jugando un título de generación anterior a la suya. Lanzó las dos granadas de inicio hacia el punto de reaparición más cercano, acertando ambas contra un jugador que apenas tuvo tiempo de reaccionar. No lo mató, pero lo dejó con la vida en rojo.
El mapa era pequeño. Los enfrentamientos empezaron casi de inmediato. Ráfagas de rifles cruzándose en pasillos estrechos, granadas rebotando en paredes, personajes deslizándose entre coberturas con una velocidad que no parecía normal. Naomi pasó por un corredor largo donde encontró un rifle de francotirador en el piso superior. Lo recogió sin dudarlo.
Llegó al centro del mapa donde todos peleaban. Se escuchaba una tormenta de disparos y explosiones, pero nadie caía: la habilidad de todos era tan alta que se mantenían vivos por pura movilidad, regenerando vida entre ráfagas, esquivando granadas por milímetros. Hasta que Naomi saltó desde una plataforma elevada con el francotirador en la mano, giró trescientos sesenta grados en el aire y le acertó a Magnus en la cabeza.
El marcador cambió: 1-0. Naomi al frente.
—Veo que es una declaración de guerra —dijo Magnus mirando la cámara de muerte con una media sonrisa que duró exactamente lo que tardó en desaparecer—. Juegas muy bien, Naomi. No sabía que tenías ese nivel. Bueno... ¿empezamos ya? —la sonrisa se convirtió en una mirada que no admitía segundos lugares.
El juego se volvió agresivo. Todos se movieron con la seriedad de quienes acaban de entender que la chica nueva no vino a pasear. Julian mató a Astrid en un combate directo que por poco los mata a los dos.
—¡Tu puta madre, Julian! —gritó Astrid.
—No me odies, yo te quiero mucho, amiga —respondió Julian entre risas.
Magnus encadenó cuatro bajas consecutivas con una combinación de granadas y disparos que modificó el marcador de golpe, mandando a Naomi al tercer lugar. Ella lo vio y sacó una sonrisa retadora.
—Vaya, juegan muy bien —murmuró para sí misma.
Naomi presionó. Sacó el francotirador con cuatro balas en el cargador y cazó a Fernanda, Jessica, Ingrid y Evelyn en secuencia, sin fallar un solo tiro, todos a la cabeza, todos sin apuntar con la mira. Cuatro balas, cuatro bajas. De vuelta al primer lugar.
¿Cómo es posible que jueguen así de bien y no hayan participado en competencias profesionales? Serían capaces de ganar, sinceramente —pensó Naomi mientras se desplazaba por el mapa con la adrenalina trepándole por las muñecas.
Lo que no sabía era que la razón por la que no competían profesionalmente era la misma razón por la que no sudaban, no comían y no les latía el corazón.
El marcador se apretó. Todos estaban entre veintiséis y veintiocho bajas. El mapa se convirtió en un campo minado donde cada esquina era una emboscada y cada segundo sin disparar era un segundo regalado. Naomi necesitaba dos bajas más para ganar. Magnus también.
En algún punto del caos, Magnus encontró a Naomi de frente. El duelo fue inmediato: intercambiaron disparos con una velocidad que convertía la pantalla en un espectáculo visual, moviéndose en zigzag, saltando, agachándose, vaciando cargadores que no encontraban su objetivo. Magnus le acertó primero. La racha de Naomi se rompió.
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Vampire Rebellion
VampireEn el pasado, se cazaban a las Brujas y las quemaban vivas, y se sigue teniendo la sospecha de que merodean por nuestros alrededores, pero... ¿nunca te haz preguntado si hay un Vampiro a tu alrededor? Ven sumérgete en este mundo fantasioso, oscuro...
