Nadie retomó el debate sobre la película de terror. No después de eso.
El apretón de mano de Angel había cambiado algo en el cuarto que ninguno podía nombrar pero que todos habían sentido. Como si la temperatura hubiera subido medio grado, como si el aire pesara un poco menos, como si alguien que llevaba días ausente hubiera tocado la puerta desde el otro lado sin abrirla.
Naomi no soltó la mano. Nadie le pidió que lo hiciera.
Pasaron varios minutos en un silencio que no necesitaba romperse. Ingrid miraba la cama con los brazos cruzados, procesando. Raven tenía los ojos fijos en los dedos de Angel como si estuviera tomando nota mental de algo importante. Los demás se habían quedado en sus posiciones, inmóviles, con la clase de respeto silencioso que solo sale cuando se presencia algo que no te pertenece.
Fue Julian el que habló primero. Porque siempre era Julian.
—Bueno —dijo, incorporándose del suelo y sacudiéndose la cobija de las piernas—. Si ya vamos a estar despiertos toda la noche, al menos pongamos algo.
—Quedamos en terror —dijo Magnus.
—Yo dije terror desde el principio —añadió Julian.
—Tú dices todo desde el principio y después te tapas los ojos —cortó Jessica sin levantar la vista.
—Fenix —dijo Ingrid—, muestra el catálogo de terror. Que cada quien proponga y votamos.
La pantalla del proyector se encendió contra la pared. Fenix desplegó el menú con la eficiencia de quien ha moderado disputas peores. Las miniaturas de las películas aparecieron en filas, cada una con su título, su sinopsis y su clasificación de terror del uno al cinco.
Lo que siguió fue un desastre organizado. Magnus quería algo japonés. Fernanda quería algo psicológico. Julian quería algo que no lo hiciera llorar, lo cual descartaba prácticamente todo. Jacob propuso tres opciones que Ingrid vetó por "predecibles." Raven sugirió un documental sobre crímenes reales y Evelyn le dijo que eso no contaba como película. Astrid no opinó pero cada vez que alguien proponía algo demasiado sangriento hacía una mueca que funcionaba como voto en contra.
El control remoto cambió de manos siete veces. La séptima vez aterrizó en las de Naomi, que lo atrapó por reflejo cuando Jacob se lo lanzó a Magnus y Magnus lo esquivó.
Todas las miradas se giraron hacia ella.
—Decide tú —dijo Ingrid con una sonrisa que no aceptaba réplica.
—No, no, yo no... —Naomi miró el control como si le hubieran puesto una granada en las manos.
—Decide —repitió Astrid, con un semblante tan serio que no parecía la misma persona que hacía muecas hacía un minuto.
—Vale...
Naomi empezó a navegar por el menú con la torpeza de alguien que sabe que quince personas la están mirando y que cualquier elección será juzgada. Pasó títulos, leyó sinopsis a medias, descartó opciones sin mirarlas. Hasta que se detuvo en una.
Caso Corea del Norte.
El título le sonó. No sabía de dónde, pero algo en la tipografía, en el diseño del póster, en la etiqueta de "basada en hechos reales" le activó una conexión con algo que ya había visto. Algo que le había dado miedo y que después se había obligado a olvidar.
El Caso Rusbell. La película que vio con Angel en su casa, acostados en el sillón, cuando él todavía era solo el chico nuevo que le gustaba y no el chico en coma cuya mano no podía soltar. La película sobre vampiros en Rusia que le había dejado un nudo en el estómago durante días.
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Vampire Rebellion
VampireEn el pasado, se cazaban a las Brujas y las quemaban vivas, y se sigue teniendo la sospecha de que merodean por nuestros alrededores, pero... ¿nunca te haz preguntado si hay un Vampiro a tu alrededor? Ven sumérgete en este mundo fantasioso, oscuro...
