Naomi subió al cuarto antes que todos. Quería un momento a solas con él antes de que la habitación se llenara de gente, cobijas y ruido.
Cerró la puerta despacio. El cuarto estaba en penumbra, con la luz gris del atardecer londinense filtrándose por las ventanas como si el cielo no se decidiera entre apagarse o seguir intentando. Angel seguía igual. La misma posición, la misma quietud, la misma respiración lenta que no terminaba de convencerla de que estaba vivo.
Se sentó en el borde de la cama. Esta vez no en la silla, no en la colchoneta. En la cama, junto a él, con las piernas cruzadas y la espalda recta, como si estar ahí fuera un derecho que acababa de ganarse.
—Hola —le dijo en voz baja, como si fuera la primera vez que lo saludaba en todo el día—. Tus amigos llegaron. Fernanda, Julian, Harry y Jessica. Vinieron desde Estados Unidos a verte. ¿Puedes creerlo? Tienes gente que cruza océanos por ti y tú aquí acostado como si nada.
Sonrió. Le acomodó el pelo que le caía sobre la frente, apartándolo con los dedos con la misma delicadeza con la que lo hacía cada vez que subía.
—Julian me cae bien. Es chistoso. Fernanda me abrazó como si me conociera de toda la vida. Y Jessica tiene una sonrisa muy bonita. Harry casi no habla, pero se nota que es buena persona. Todos te quieren mucho, Angel. Demasiado para lo amargado que dicen que eres.
Le tomó la mano. Fría. Siempre fría. Se la apretó con las dos suyas como si pudiera calentarla a fuerza de insistencia.
—Me encantaría estar hablando contigo —dijo, y la voz le bajó un tono, al lugar donde las palabras salen más despacio porque pesan más—. Verte sonreír. Ver tus ojitos mirarme como me miraban ese día que corrimos en la pista de atletismo, cuando parecías otra persona. Alguien que no tenía miedo de nada.
Se quedó callada un momento. El silencio del cuarto era absoluto. Solo su respiración y la de él, desfasadas, como dos relojes que no logran sincronizarse.
—Fenix —dijo hacia los altavoces—, ¿puedes poner una canción?
—Por supuesto, señorita. ¿Cuál?
—"Can't Help Falling in Love." La de Elvis Presley.
—Excelente elección.
Los primeros acordes llenaron el cuarto como algo tibio que se derrama despacio. La guitarra suave, los violines entrando en puntillas, la voz de Elvis abriendo con esa frase que todo el mundo conoce pero que nunca suena igual dos veces.
Naomi se acostó junto a Angel. Despacio, con cuidado, como si el colchón fuera frágil y no ella. Se acomodó de costado, con la cabeza a la altura de su hombro y la mano todavía entrelazada con la de él. La piel de Angel estaba helada contra la suya, pero no le importó. Le pasó los dedos por el pelo, por la línea de la mandíbula, por el borde de la oreja, con la lentitud de alguien que está memorizando un mapa que no quiere olvidar.
Y cantó.
No con la voz del escenario. No con la voz que usaba para hablar con los demás. Con otra, más baja, más íntima, la que solo sale cuando no hay nadie mirando y el único público es alguien que no puede juzgarte porque tiene los ojos cerrados.
Wise men say... only fools rush in...
La voz le tembló en la primera línea. No de nervios. De algo que no tenía nombre pero que le llenaba el pecho como agua subiendo.
But I can't help... falling in love... with you...
Le acarició la mejilla mientras cantaba. Las pecas de sus dedos contra la palidez de él. El calor de ella contra el frío de él. Dos temperaturas que no deberían funcionar juntas pero que de alguna forma, en ese cuarto, en ese momento, encajaban.
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Vampire Rebellion
VampireEn el pasado, se cazaban a las Brujas y las quemaban vivas, y se sigue teniendo la sospecha de que merodean por nuestros alrededores, pero... ¿nunca te haz preguntado si hay un Vampiro a tu alrededor? Ven sumérgete en este mundo fantasioso, oscuro...
