18. ¿Quién demonios eres?

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Juan Pablo Isaza 

La vida tiene una extraña manera de suceder.

La cadena de acontecimientos que nos pone a los 4 en un auto en el momento en el que el mundo se desmorona es tan absurda que una parte de mí piensa en culpar al destino, aunque no soy de creer en esas cosas.

Pero supongo que, para que todo tenga sentido, habría que empezar por la primera ficha de este extraño efecto dominó que hace que todo termine pasando de la manera más impensada.

Estoy apoyado en la barandilla de la terraza de los Vargas mirando las luces de la ciudad distraídamente mientras bebo mi tercera cerveza de la noche. He sido cauteloso con el alcohol, a diferencia de casi todos aquí, porque no es una buena noche para perder el control.

A pesar de todo, he estado mezclándome con la gente y divirtiéndome, sobre todo con mis hermanas, pero Ángela acaba de irse a dormir a la habitación de invitados de los Vargas, y Susana está meneándose en la pista junto con Jess y Pastelito.

Ya que bailar es un terreno que no frecuento, me he entretenido mirándolas porque no es normal que puedan hacer coreografías tan coordinadas sin haberlo ensayado ni un minuto.

Estoy pensando en eso cuando alguien me pone una mano en el hombro.

- Oye, Isaza

Me vuelvo y veo a Daniel junto a mí.

- ¿Qué pasa?

- Uhmm...No sé cómo decirte esto sin sonar como un imbécil – Se queja

- ¿Qué pasa?

- Tengo que trabajar mañana y Jess no. No quiero dejarla sola, pero no hay manera de convencerla de irse de aquí, y ya es muy tarde para mí, y habíamos acordado que nos iríamos temprano, pero ahora ella quiere quedarse – Me explica, y luego se sonroja furiosamente – Quiero decir, sé que no la estoy dejando sola. Ustedes son sus amigos. Pero ya que vine con ella, es mi responsabilidad que vuelva sana y salva a su casa y...

- Respire – Demando, interrumpiéndolo

Él deja de hablar y luego exhala una respiración profunda.

- Soy un pretendiente horrible – Farfulla - ¿Sabes qué? Olvídalo. Esperaré a que quiera irse

Me da risa la palabra pretendiente.

Me da un poco de risa él, porque lidiar con Jess en su modo terco es difícil, y en cierto modo es tierno que él parezca tan preocupado por su sentido de la caballerosidad y los modales.

Maldito hombre. Hazte odiar.

- No se preocupe, Daniel. Nosotros la cuidamos, y se la devolveremos sana y salva – Aseguro

- Ella.... – Hace una pausa, y se balancea sobre sus pies – Creo que está un poco tomada – Admite – Es la primera vez que vamos a una fiesta, así que no estoy seguro de si esto es lo normal

- ¿Tomada? – Repito, como si no lo hubiera oído bien, porque Jess no es de beber mucho

- Si – Responde él con timidez, como si fuera su culpa que Jess haya decidid beber

- No se preocupe – Repito – Marto trata con ella mejor que nadie en el mundo. Si está muy tomada, puede dormir aquí. Va a estar bien

Por un instante, los nos quedamos mirándola.

Está haciendo un baile super sensual con Cherry, y aparto la mirada primero, porque no me gusta lo que siento cuando la veo moverse así.

Daniel la mira atontado por un momento más largo, y una llama de celos se enciende en mi pecho cuando pienso en que algún día la va a ver moverse así solo para él y....

- Agua -Donde viven las historias. Descúbrelo ahora