Camille Kent.
Digo que sí, porque no sé qué más decir.
Digo que sí porque se siente mal que todos luchen por mí menos yo.
Digo que sí, pero no quiero hacerlo.
Orianna, Daniel y Jessica empiezan a discutir en términos legales que mayormente entiendo, pero en este momento parecen rebotar de un lado a otro de mi cerebro sin ningún sentido.
Isaza va llenando los vasos de whiskey de todos, y ellos beben, discuten y rayan el ventanal.
Me preguntan si estoy de acuerdo con cosas que no estoy escuchando, y digo que sí, porque no les quiero hacer más daño. Porque si digo que no, siento que les estoy tirando su amor y su esfuerzo a la cara.
Pero cada vez que digo sí, los convierto en carne de cañón.
Son una capa de cuerpos que protege el mío, y la idea de que les hagan daño para llegar hasta mí hace que quiera desaparecer, porque sé que soy un problema para todos tanto si digo sí como si digo no.
Pero digo sí, porque no veo otra solución en este momento.
En medio de la discusión, me levanto sigilosamente y voy a la cama de Villa.
Todo el mundo está tan absorto en lo importante que no parecen notar cuando me levanto, y siento que es una representación bastante acertada frente a lo que es mi vida ahora mismo; con gente más inteligente y poderosa que yo tomando las decisiones, mientras miro cómo se elige mi destino sin tener derecho a opinar, porque cada decisión es un arma cargada con el potencial de hacerle daño a todo aquel que ha tenido la mala idea de quererme.
Me dejo caer sobre la cama de Villa y me enrosco sobre mí misma.
Su almohada se siente suave contra mi mejilla, y huele a él de una manera que se mete debajo de mi piel, como si mis poros quisieran más de ese olorcito que se siente como la felicidad.
Me abrazo con algo más de fuerza cuando me doy cuenta de que he empezado a temblar, aunque no sé por qué, porque no tengo frío.
Cuando parpadeo, viene a mi mente un recuerdo del cuerpo de Nicole como la encontré, recostada bocarriba en su cama en un charco de su propio vómito, con los ojos vacíos mirando al techo y una botella de vino junto a un tarro de pastillas a los que ya no les quedaba nada dentro.
Recuerdo pararme en el cementerio sin saber cómo despedirme.
Recuerdo pensar que alguien tenía que pagar.
Recuerdo mirar a Hart esa última noche en el Bandolero, y tomar la decisión de matarlo.
Los temblores me sacuden con más fuerza, y cierro los párpados tan tensamente como puedo, tratando de que los recuerdos no me azoten. Mi respiración se vuelve superficial, y por un segundo me siento igual que cuando estaba atrapada en ese conteiner, con los sonidos del carguero persiguiéndome como fantasmas y esas paredes de metal ahogándome bajo capas de mi propio miedo, el horror de saber lo que había hecho y la culpa de que nunca volvería a ser yo misma.
Sigo oyendo las voces de los chicos en la sala, y se mezclan con la voz de los fantasmas en mi cabeza. Todo se siente opresivo.
Todo.
Quiero hacerme pequeña y desaparecer.
Y entonces, siento la presión dulce de un brazo masculino cuando rodea mi cintura.
El cuerpo de Villa se amolda a la parte de atrás del mío. Su pecho parece encajar con mi espalda, y cuando sus piernas acunan mis caderas, todas las voces se apagan, y el mundo vuelve a centrarse.
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- Agua -
FanficTodo se cura con agua salada: sudor, lágrimas o agua de mar. Ella se convirtió en su agua salada. Y luego se fue. ...El amor es caprichoso.
