46. ¿Estás dentro?

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Noviembre, 2021.

Prisión de Rikers, Nueva York.

Camille Kent.

Guada se acurruca contra mi costado, y me acerco un poco más a ella para abrazarla.

El invierno entró con ganas y la brisa que viene del río azota las paredes de la prisión haciendo que nuestra celda, que da al exterior, se vuelva un congelador.

Guada tiene 38 grados de fiebre desde ayer, pero la despacharon de la enfermería porque solo es una gripa y ya se le pasará. Le dieron dos acetaminofén, porque no había nada más.

Hemos estado partiéndolos al medio para hacerlos durar, pero obviamente estamos fracasando porque ella está tiritando.

- Te voy a contagiar, vete – Me regaña ella, aunque su cuerpo busca naturalmente el calor del mío

- Cancelé mi cita en el spa esta tarde, así que me quedaré aquí – Bromeo, porque ella sabe tan bien como yo que "vete" significa simplemente que me suba a mi litera sobre la de ella, y no es una gran protección para lo que sea que contrajo.

La puerta de nuestra celda está abierta, algo que se nos permite hacer hasta la hora de la cena, así que oigo pasos de alguien cuando entra y levanto la cabeza.

Karla se sienta en la esquina de la litera de Guada y nos hace mala cara.

- Bueno, muévanse. No quepo – Demanda

Me pego a la pared y arrastro a Guada conmigo, para que Karla se recueste al borde de la cama.

- Te conseguí una sopa instantánea – Anuncia Karla – No tenemos forma de calentarla, pero....si

Guada se levanta erguida de un salto, y luego palidece, porque obviamente el movimiento puso su mundo de cabeza.

- Devuélvela – Le exige a Karla

- Ay, déjame en paz – Devuelve esta última

- No, ve y devuelve la sopa, Karla – Demanda Guada de nuevo – Lo que sea que intercambiaste, o el favor que quedaste debiendo para conseguirla, simplemente no. Devuélvela, no me la tomaré

- Pues entonces que se quede ahí – Señala Karla obstinadamente, y se acurruca en la almohada de Guada.

Suspiro, porque esta discusión no se va a acabar.

Mi primera semana me enfermé horriblemente, porque el agua en la prisión no está bien tratada. Hay un rumor que dice que lavan la comida con agua directamente del río. No tengo idea de si eso es cierto, pero si sé que el agua de mala calidad destruye a los nuevos los primeros días. Perdí tanto peso por el vómito y la diarrea que incluso mis compañeras de celda, que lo han visto todo, se asustaron un poco.

Karla, que conoce todo el contrabando aquí adentro, me consiguió 4 antibióticos que finalmente detuvieron lo peor de la infección.

Luego me enteré de que para conseguirlos estuvo pasando coca por la lavandería para el pabellón de hombres que hay junto al nuestro.

Si la hubieran descubierto, habría estado en aislamiento quince días si la encontraba una guarda buena, o le hubieran dado una golpiza y luego la habrían aislado si la encontraba una de las malas.

Así que entiendo por qué Guada no quiere aceptar la bendita sopa.

El negocio de Karla se sustenta en las redes. Ella conecta a alguien con otro alguien y cobra, a veces en cosas, a veces en favores, pero ella no se involucra más allá de hacer las conexiones.

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